José Luis Fariñas — Artista visual y poeta judío-cubano/Cuban Jewish Artist and Poet — “La Cábala “The Kabbalah”

El artista plástico cubano-judío  José Luis Fariñas tiene renombre internacional com dibujante y acuarelista. obra es muy compleja, muy detallada y a menudo hermética. Su trabajo muestra la influencia de Dürer, Bosch and Rembrandt. Figuras del Viejo Testamento y temas cabalísticos aparecen con frecuencia en su arte.

The Cuban-Jewish artist José Luis is an internationally-known drawer and aquarellist. His work is complex, highly detailed and often hermetic. His work is influenced by Dürer, Bosch and Rembrandt. Figures from the Old Testament and Kabbalist themes appear frequently in his art.

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Los cabalistas escribían en prosa sus comentarios sobre los misterios del cosmos; como artista plástico, Fariñas dibuja y pinta con óleos y acuarelas para expresar sus interpretaciones cabalísticas.

The Kabbalists wrote their commentaries on the mysteries of the cosmos in prose. José Luis Fariñas draws and paints with watercolors and oils to express his Kabbalistic interpretations.

ADAM CADMON

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Adán Cadmon es el hombre antes del hombre antes del hombre (cuatro pasos); es mítico, tiene una forma casi antropomórfica. Aquí, Adam Cadmon mismo está en desarrollo; es como si fuera una crisálida. Se supone que evolucionará a la figura que desde los orificios de su “cuerpo” salen las emanaciones.

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Adam Cadmon is the man before the man before the man before the man (four stages): He is mythical: his form is almost anthropomorphic. In this work, Adam Cadmon himself is in the process of development. It is if he were in a chrysalis. It is likely that he will evolve into the figure from whom the orifices of his” body” will give forth the emanations.

EL PATRIARCA POR LA LUZ DE LAS SEFIROT/THE PATRIARCH BY THE LIGHT OF THE SEFIROT

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¿Es Abraham, Moisés u otro patriarca? Pero no importa el nombre sino la esencia. Expresa una síntesis de los patriarcas como símbolo del espíritu del pueblo hebreo en sus éxodos; pero no es el patriarca que se espera: va como mal vestido, parece deshecho. Y en una obra dedicada a las sefirot, el artista no pretende mostrarlas, ni siquiera su luz emitida: solo efluvios metamorfoseados, la caída, la rotura, la simbiosis en miniaturas imperceptibles.

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Is he Abraham, Moises or another Jewish patriarch? But the name is not important, rather the essence. He expresses a synthesis of the patriarch as a symbol of the spirit of the Jewish people during its exoduses. But this the presentation of a Patriarch that one expects. He is poorly dressed; he is damaged. And in a work dedicated to the sefirot, they are not evident, not even their light, only the fall of the vessels, their rupture and symbiosis.

EL MILAGRO DE LAS PARADOJAS (Y LAS CONTRADICCIONES/THE MIRACLE OF THE PARADOXES (AND THE CONTRADICTIONS)

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En la Cábala, cada cosa o persona lleva en sí infinitas contradicciones. Aquí las paradojas se confrontan y se imbrican. No hay balance. La curva a la derecha es mucho más ancha, espesa y compleja que la izquierda. En ella, hay muchas cabezas de pájaros y aun una pierna humana. Además, Fariñas, en otras obras, se concentra en la unión de opuestos.

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In the Kabbalah, every person or thing carries within it infinite contradictions. Here paradoxes confront each other and interweave. There is no balance. The curve on the right is much wider, heavier and more complex than that on the left. In the arch on the right, there are many bird heads and even a human leg. In contrast, in other works, Fariñas concentrates on the union of opposites.

SITRA ARTRA, El MAL/SITRA ARTRA, EVIL

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La creación del mundo fue (y es) imperfecto. Al lado del bien se encuentra el Mal. Hay reaccionar, hacer Ticún. En el arte de Fariñas, la Sitra artra está presente con iconografía apocalíptica: hombres raros, y ángeles, diablos, bestias. En esta obra, hay un hombre furioso con humo saliendo de la boca. Lleva un yelmo. Apuntando hacia la dirección opuesta hay una ojiva o proyectil y un brazo humano. Abajo y a la derecha de esta obra está un huevo roto, sin signos de vida.

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The creation of the world was (and is) imperfect. It is necessary for man to react, to do Tikkun Olom, improve the world. In Fariñas’ art. The Sitra Artra, Evil, is shown through apocalyptic iconography: strange men, angels, devils and beasts. In this work, there is an irate man with smoke coming out of his mouth. He is wearing a helmet. Pointing in the opposite direction, there is an ogive or projectile and a human arm. Below on the right is a broken egg, without signs of life.

Intelectuales judío-mexicanos (2008)/ Mexican Jewish Intellectuals (2008)

Cafebrería El Péndulo-Polanco, México, D.F.

Jenny Asse Chayo, directora cultural/Cultural Director

Beto Buzali, Ivonne Saed, Regina Kalach Atri, organizadores del evento/organizers of the event

Presentación del Libro/New Book Presentation:

La literatura contemporánea judío-latinoamericana/ Contemporary Jewish Latin American Literature

Revista Hostos/Hostos Review, 4, 2007

Isaac Goldemberg, Redactor/Editor-in chief

Steve Sadow, Editor del número/Guest editor

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Panel: Steve Sadow, la escritora Angelina Muñiz-Huberman, el periodista José Gordon, la novelista Ivonne Saed

Hubo 90 asistentes en el aula de la librería.

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Panel: Steve Sadow Angelina Muñiz-Huberman, novelist, poet and essayist; José Gordon, journalist; Ivonne Saed, novelist

There were 90 people in the audience.

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El día siguiente, en la librería, hubo una discusión de sobre el tema: ¿Cómo es ser intelectual judío en México actual?

Participantes en la discusión: La escritora Liliana Blum, la filósofa Esther Charabati, el artista plástico-músico Moisés Zabludovsky, la novelista Ivonne Saed, la poeta Jenny Asse Chayo, la actriz Fanny Sarfati y Steve Sadow y otros.

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The following day, in the bookstore, a discussion was held on the topic: What is it like to be a Jewish intellectual in today’s Mexico?

Participants in the discussion: Liliana Blum, writer; Esther Charabati, philospher; Moisés Zabludovsky, artist and musician; Ivonne Saed, novelist; Jenny Asse Chayo; Fanny Sarfati, actress: Steve Sadow and others.

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Curso intensivo sobre la literatura judío-latinoamericana de Steve Sadow

En julio de 2009, di un curso de posgrado intensivo de cuatro clases en la Universidad Tres de Febrero (UNTREF), Buenos Aires, Argentina. He aquí el plan de estudios:

La literatura judío-latinoamericana

Profesor:   Stephen A. Sadow, PhD., Profesor Titular, Departamento de Lenguas Modernas, Northeastern University, Boston, MA  02115, EEUU.

Las lecturas son selecciones de:

Marjorie Agosin. “Querida Anne Frank/Dear Anne Frank (Chile),

Marcos Aguinis.  Asalto al paraíso. (Argentina), 

Isaac Goldemberg. Hotel Amérikka. (El Perú).

Jacqueline Goldberg, “Poemas” (Venezuela)

Susana Grimberg.  La mirada de Ana  (Argentina)

Ricardo Feierstein, La logia del umbral. (Argentina)

Ricardo Feierstein, Alberto Gerchunoff: Judío y argentino.  (Argentina)

Angelina Muñiz-Huberman   El sefaradí romántico. (México)

Samuel Rovinski, Cuentos judíos de mi tierra. (Costa Rica)

Primera clase

Situación histórica: La llegada de los primeros judíos a Latinoamérica y su desaparición rápida.  La colonización judía en Argentina y el Brasil. La inmigración judía al resto de Latinoamérica.

Reflexón literaria: El argentino Alberto Gerchunoff crea el mito del nuevo judío en la pampa.  La vida de Alberto Gerchunoff es un emblema por la vida de muchos argentinos y uruguayos.  César Tiempo y otros describen las tensiones de la sociedad. 

Segunda clase

Situación histórica: Hay migraciones desde el campo hacia los pueblos y las ciudades.  Antisemitismo y pluralismo. La adaptación (o mala adaptación) de los inmigrantes tempranos y sus relaciones con los no judíos.

Reflexión literaria: En su drama Hotel América, Isaac Goldemberg usa las técnicas del expresionismo demostrar las tensiones entre judíos y católicas en un pueblo campestre y en la capital del Perú. Samuel Rovinski en Cuentos judíos de mi tierra.(Costa Rica) muestra los judíos en un país acogedor.

Tercera clase

Situación histórica: En la víspera de la Segunda Guerra Mundial, muchos judíos huyen hacia América Latina.  Tratan de integrarse en los países donde se encuentran. Luego, la Shoa tuvo efectos directos e indirectos en Latinoamérica.

El mundo después de la Segunda Guerra Mundial. Los Perón.

Reflexión  literaria: Desde México, Angelina Muñiz-Huberman presenta Europa  y  México de los 1930s.  Dos poetas—la chilena Marjorie Agosín y la argentina Susana Grimberg dedican poemarios a Anne Frank.

Cuarta clase

Situación histórica:  La Guerra Fría.  Las dictaduras militares.  Las vueltas a la democracia.  La gran mayoría de los judíos latinoamericanos nacieron en América.  Aliyá a Israel por muchos. La vida contemporánea.                              . 

Reflexión literaria: Ricardo Feierstein examina la identidad judío-argentina en el mundo contemporáneo. Marcos Aguinis explora la mentalidad del terrorista. Jacqueline Goldberg escribe poemas sobre la adaptación de los judíos venezolanos. —  Muestra del arte judío-latinoamericano.

Pablo Freinkel, Escritor y filósofo judío-argentino/Argentine-Jewish Writer and Philosopher — “MAIMÓNIDES: El Profeta como Líder del estado” “MAIMONIDES: The Prophet as the Leader of the State”

Pablo A. Freinkel (Bahía Blanca, Argentina, 1957). Licenciado en Bioquímica. Periodista y escritor. Sus artículos y notas se han dado a conocer en Buenos Aires, New York y Jerusalem; y en medios online nacionales y extranjeros. Es autor de cuatro libros: Diccionario Biográfico Bahiense, el ensayo Metafísica y Holocausto, y las novelas El día que Sigmund Freud asesinó a Moisés y Los destinos sagrados. Escribió el guion del documental Matthias Sindelar: un gol por la vida. Ha dictado conferencias sobre Spinoza, Maimónides y literatura judía argentina actual, en diferentes instituciones del país. Actualmente, ha concluido la novela La casa de Caín y se encuentra en redacción El lector de Spinoza.

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Pablo A. Freinkel (Bahía Blanca, Argentina,) who has a degree in biochemistry. He is a journalist and writer. His articles and notes have been published in Buenos Aires, New York and Jerusalem, in Argentine and international online media. Freinkel is the author of four books: Diccionario Biográfico Bahiense, Metafísica y Holocausto, and the novel El día que Sigmund Freud asesinó a Moisés and Los destinos sagrados. He wrote the script for Matthias Sindelar: un gol por la vida. He has lectured on Spinoza, Maimonides and on contemporary Argentine-Jewish literature throughout Argentina. Recently, Freinkel completed La casa de Caín and his El lector de Spinoza is in press.

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MAIMÓNIDES: El profeta como líder del Estado

Por Pablo Freinkel

En el pensamiento de Maimónides (Moisés ben Maimón, 1135-1204), el nacimiento de {la organización estatal} se debe exclusivamente a la voluntad de Dios. En su monumental Guía de perplejos (9) (GP), el sabio andaluz distingue cinco facultades en el alma; la quinta es la intelectual o racional, que es propia del hombre y le permite vivir y convivir con sus semejantes. Fuera de la sociedad, es inconcebible la existencia del individuo; el hombre perece. La vida social le proporciona inclusive su bienestar físico (GP. 3,27). Todos los principios morales conciernen a la relación y trato del hombre con sus semejantes. Si una persona estuviese a solas, sin trato con ninguna otra, todos los principios morales serían innecesarios y no le añadirían perfección alguna. El objetivo final del hombre es obtener las más altas facultades intelectivas y las nociones que lo llevan a tener ideas metafísicas ciertas acerca de Dios, que es haber alcanzado su perfección; le otorga la inmortalidad, y es por razón de ella por lo que se le llama hombre sabio, esto es, el varón de buenos principios morales (GP. 3, 54). De esta manera, la ética de Maimónides se apoya en el elemento social, que da lugar a la política, es decir, al gobierno. Aquí, el autor de Mishné Torá, sigue a Aristóteles que en su tratado sobre la Política asegura que los hombres son por su naturaleza unos más aptos para mandar que otros y coloca en la cima de esa clasificación a los sabios (entre ellos, los filósofos) (10). Moshé ben Maimón entiende que ese sitial le corresponde al profeta. El modelo a seguir es Moisés por sus cualidades superlativas al dirigir el éxodo de los israelitas de Egipto, por quien el ensayista manifiesta su admiración. (GP. 2, 33, 35 y 39) ¿Cuál es el razonamiento que realiza? El hombre llega a su perfección cuando ha alcanzado el conocimiento de Dios y sus obras por vía de indagación intelectual; una vez llegado a este nivel, empieza a consagrarse a Él, robusteciendo la Inteligencia que es lo que nos une al Ser Supremo. Se trata de la síntesis entre razón y fe, filosofía y Torá, así puede comunicarse directamente con Dios y alcanzar la categoría de iluminado. A pesar de tener la capacidad de profetizar, una persona no adviene realmente profeta ya que hay que contar con la voluntad de Dios (GP. 3, 51). Además de las facultades morales y racionales, el espíritu profético debe darse en un hombre sabio, fuerte para dominar sus instintos y rico en conocimiento (GP. 2, 32; Carta a los judíos del Yemen, 46) (11). Estas son las características con que debería contar quien gobierne la sociedad. Cabe entonces preguntarse por qué no es suficiente con la fe en el Ser Supremo para conseguir las dotes de la profecía. Maimónides propone conocer los principios filosóficos para refutarlos con presteza cuando entren en colisión con los principios religiosos. Por ejemplo, en la Introducción del Libro Dos de la Guía de Perplejos anota puntillosamente las veintiséis proposiciones del griego con las cuales está de acuerdo, excepto la que habla de la eternidad del Universo. En páginas sucesivas, explica la manera en que adopta la doctrina aristotélica y sus coincidencias con la Escritura (GP. 2, 3 y 5). Por otra parte, entre los capítulos trece y treinta de la misma parte discute las diferentes teorías acerca del principio del Universo, teniendo a Aristóteles como eje central de su crítica (12). En consecuencia, resulta evidente que la concepción ética de Maimónides y, por consiguiente, el sistema político que de ella deriva está delimitado por un fuerte idealismo que lo hace atractivo aunque potencialmente de difícil sino de imposible cumplimiento, porque exige un componente religioso y metafísico que no todos los integrantes de la comunidad a la que va dirigido están dispuestos a aceptar. Algunos renglones más arriba, expresé que el autor de los Aforismos médicos tiene una relación amplia y dinámica con Aristóteles no sólo en lo que se refiere a sus reflexiones metafísicas, sino que también se sostiene en su elección de personas con atributos morales, intelectuales y capacidades de mando extraordinarias destinadas a ejercer el gobierno de una colectividad de hombres y mujeres con intereses, conductas y costumbres heterogéneos. Sin embargo, al elegir a Moisés como el modelo de líder, acota su actuación al tiempo –ciertamente prolongado- en que los israelitas erraron por el desierto, tarea que por supuesto le demandó un esfuerzo titánico.

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MAIMONIDES: The Prophet as  Leader of State O

By Pablo Freinkel

For Maimónides (Moses ben Maimon, 1135-1204), the birth of a political organization is exclusively dependent on the will of God. In his monumental Guide of the Perplexed, the Andalusian wise man distinguishes five faculties in the soul: the fifth being the intellectual or rational faculty, that belongs to man and permits him to live with and get along with others. Outside of society, the existence of the individual is inconceivable; man would perish. Social life provides even physical well-being (GP, 3:27.)

All moral principles concern man’s relationship with and treatment of others. If a person were alone, without having to deal with any other, moral principles would be unnecessary and would not add any improvement. Man’s most important objective is to obtain the highest intellectual development and the concepts that allow him to have metaphysical ideas about God, that is, to have reached perfection; this brings him immortality. For having done this, he is called a wise man, that is, a man of high moral principles. (GP, 3:54.) In this fashion, Maimonides’ ethics is based on the concept that the social element that leads to the political, that is, the government. Here, the author of the Mishne Torah, follows Aristotle, who in his treatise Politics argues that some men are by nature more capable than others for leadership; he puts wise men, among them, philosophers at the top of this classification (10.) For Moses ben Maimon, this role is that of the prophet. The model to be followed is Moses, for his superlative qualities in leading the exodus of the Israelites from Egypt. (GP. 2, 33, 35 y 39) What is his reasoning?  Man reaches perfection when he has gained knowledge of God and his works by intellectual inquiry. Once having achieved this level, he begins to consecrate himself to God, strengthening the intelligence factor that unites him to the Eternal Being. It is a synthesis between reason, faith, philosophy and Torah, so that man can communicate directly with God and reach the level of being enlightened.  Despite having the ability to do prophesy, a person doesn’t really become a prophet on his own, since that depends on God’s will (GP. 3, 51).

In addition to the moral and rational faculties, the prophetic spirit, the prophetic spirit must be found in a wise man, who is strong enough to control his instincts and rich in knowledge (GP, 2:32, Letter to the Jews of Yemen, 46).

These are the characteristic that one who governs a society must have. Why then, it is not sufficient to have faith in the Supreme Being to obtain the gifts of prophesy? Maimonides insists that it is necessary to know philosophical principles in order to be able to refute them with alacrity, when they collide with religious principles. For example, in the Introduction to The Guide for the Perplexed, he carefully outlines the twenty-six propositions set out by Aristotle, with the exception of the one that speaks of the eternity of the Universe. He then explains the way in which he adopts Aristotelian doctrine and its coincidences with the Holy Scripture. (GP. 2, 3 y 5).

Elsewhere in that text, Maimonides discusses the different theories about the origin of the Universe, placing Aristotle in the center of his critique. Consequently, it the political system derived from this analysis is delimited by a fierce idealism that makes it attractive, though potentially difficult if not impossible to achieve, because he demands a religious and metaphysical component that not all of the members of the community to which it is directed are willing to accept.

Maimonides, the author of the Medical Aphorisms, has a broad and dynamic relationship with Aristotle’s work, not only in that which has to do with his metaphysical reflections, but also that it upholds the Greek’s contention that people with extraordinary moral and intellectual attributes and the capacity to lead are destined to govern a community of men and women with heterogeneous interests, conduct and customs. Nevertheless, by choosing Moses as his model leader, he narrows down its occurrence to the time—clearly quite prolonged—in which the Israelites wandered in the desert, a task that demanded from him a titanic effort.

Translation by Steve Sadow

The Jewish Museum of Buenos Aires/ El Museo Judío de Buenos Aires —Exhibition of the Artist’s Books/Exhibición de los Libros de Artista

Jewish Museum

FROM THE WEBSITE OF THE JEWISH MUSEUM OF BUENOS AIRES:

The Jewish Museum of Buenos Aires was inaugurated in 1967 under the initiative of Dr. Salvador Kibrick, member of the Jewish Congregation of Argentine Republic, the first Jewish institution in our country, established in 1862. It is located next to the impressive CIRA Synagogue, declared National Historic Monument in 2000.

Uniquely, this museum narrates the stories of the immigrants, our traditions and the Jewish colonies. Committed to transmit what is characteristic of the Jewish people, we present an interactive tour through a permanent collection in constant dialogue with the present aiming to create a link between the exhibition and interpretation.

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DEL SITIO WEB DEL MUSEO JUDÍO DE BUENOS AIRES:

El Museo Judío de Buenos Aires fue inaugurado en 1967 por iniciativa del Dr. Salvador Kibrick, miembro de la Congregación Israelita de la República Argentina, la primera institución judía del país fundada en 1862. Está situado al lado de la imponente Sinagoga de CIRA, declarada Monumento Histórico Nacional en el año 2000.

La singularidad de este museo es relatar la historia de nuestros inmigrantes, de las colonias judías, de nuestra milenaria tradición. Comprometidos en transmitir lo propio de nuestro pueblo y lo particular de ser judío argentino, presentamos un recorrido interactivo a través de una colección permanente en diálogo con el presente, creando un enlace entre la obra y la interpretación.

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The Artist’s Book Exhibit, Jewish Museum of Buenos Aires, July 2010.                        The Artist’s Books were created by Perla Badjer, Irene Jaievski and Steve Sadow. Each contains a poem by a Latin American Jewish poet, the poem translated into English and an artwork, done as a reaction to the poem, by a Latin American Jewish artist.

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La exhibición de los Libros de Artista en el Museo Judío de Buenos Aires, julio 2010. Los Libros de Artista fueron armados por Perla Badjer, Irene Jaievski y Steve Sadow Cada uno se compone de un poema por un poeta judío-latinoamericano, la traducción del poema al inglés y una obra de arte hecha como una reacción al poema de un artista plástico judío-latinoamericano, 

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 Artist’s Books

LATIN AMERICAN JEWISH STUDIES ASSOCIATION

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Susana Grimberg — Escritora judío-argentina/Argentine Jewish Writer “Verdades mentirosas”/”Lying Truths”

Susana Grimberg es poeta, cuentista, novelista, psicoanalista y comentarista social destacada argentina. En su poesía, los silencios pueden ser tan importantes como las palabras.

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Susana Grimberg is a renowned Argentine poet, short-story writer, psychoanalyst, and commentator on social issues. In her poetry, the silences can be as important as the words.

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Verdades mentirosas

       Por 

         Susana Grimberg

            Laura se mudó a Buenos Aires junto con sus montañas. Muchos dejan sus antiguos paisajes. Laura, no.

            Las montañas eran el marco imprescindible para sus ventanas, el recuadro exacto para sus cuadros. Ella vivía en cada una de las historias en las que se paseaba el pincel; era cada paisaje y cada paisaje era el de la infancia, el de la adolescencia, el de su imaginación.

            Buscó un piso alto desde donde pudiera verlas. Sabía que los atardeceres le devolverían montañas perfumadas, silenciosas, envolviendo a la ciudad.  

En las reuniones, ella siempre sacaba el tema. Para incomodar, para reír, para disfrutar.

“Nubes, son nubes”, señalaba el amigo realista. “Montañas”, afirmaba Laura con esa mirada curiosa, la que vuela entre la mentira y la verdad, entre magia y realidad. Después, las discusiones de siempre. Realismo mágico, verdades mentirosas, mágica realidad, mentiras verdaderas.

En el curso de los anocheceres, las palabras se le escapaban como los gatos de Erik Roseen. Como ellos, rondaban alrededor de la gente sin dejarse amaestrar. Roseen tenía razón al escribir que “es tan difícil atrapar la palabra exacta y convencerla de que ocupe su sitio en la hoja en blanco como meter un gato en una caja antes de subir al tren”. La palabra, el trazo de un pincel, la huella del lápiz o del pincel, eran, también para Laura, como los gatos.  

            Apenas una semana después, Roberto se mudó al lado de su departamento. ¿Casualidad?

             Provinciano como ella, quería revivir el silencio de la pampa, respirar el horizonte alargado, extenso. Roberto, soberbio hasta en su timidez, era un buscador de alturas. No sólo para vivir.

             Laura insistía en provocar algún encuentro. Todo terminaba en algo muy breve, casi un desencuentro.

             Ese día, decidió ella, iba a ser distinto. 

            Buenos Aires era lo más parecido al infierno. Calor agobiante, intenso, agotador. 

           A Roberto, que luchaba por no dormir una siesta proporcional a su cansancio, sólo lo salvaba el comienzo de su artículo: “Es notable cómo la lengua materna, aquella en la cual fuimos hablados, permanece a resguardo del olvido. Seres hablados antes que hablantes, ignoramos guardar sonidos, olores y sabores de nuestras horas más remotas”.

          Escribía estas frases cuando el teléfono lo arrancó de la somnolencia. Laura. La vecina. “¿Puedo pasar a verte un segundo?”. “Te espero”, contestó desde el sueño.       

          Laura guardaba el verano en los labios, en la piel húmeda, en la tentación de cada fruta, en la risa.

          Quería contarle una historia que le daba vueltas. Barrilete indeciso. “Para que la escribas”, le susurró casi al oído apenas entró al departamento.  

         A él nunca le había interesado escribir historias ajenas; las propias tampoco. Sólo inventar. De todos modos, se preparó para escucharla. Quizás esto terminaría por despejarlo. O podría hacer algo con el susurro en la oreja.

          La invitó a pasar y ella, de un salto se sentó en el sillón, sacó la caja que traía en el bolso, la puso sobre las rodillas, la abrió, sacó el libro envuelto en una tela de seda  anaranjada. 

            _ En el último viaje que hice a la casa de mis padres encontré este libro. Era de mi bisabuela. Son salmos.

            Con cuidado, Roberto examinó las incrustaciones de piedras preciosas sobre el cuero crudo. Nunca había visto nada igual.

            _ Han pasado treinta años desde que falleció pero, para mí, ella está presente. Era una mujer altiva y de sumo carácter.

            _ De mal carácter, querrás decir – dijo tan sólo para fastidiarla pues le parecía insoportable la costumbre que muchos tienen de idealizar a los personajes de la familia.

            _ No – corrigió terminante, Laura – de carácter. Misteriosa, ojos celestes siempre con lágrimas que secaba antes de que cayeran por sus mejillas.  Siempre mirando las montañas que le recordarían a las de la Selva Negra de su infancia. Si uno la miraba a los ojos, veía a sus montañas.

            El comentario fue para Roberto más interesante que el libro en sí. Los rasgos que desnudaban a las personas avivaban su deseo de escribir acerca de las mismas.            

          La siesta aplastaba la ciudad, silenciosa como pocas veces. Roberto se levantó, bajó un poco la persiana y regresó a su sillón para escucharla más fresco y relajado

            Miró la mirada de Laura acariciando las piedras.

          _ Como te estaba diciendo, pasaron treinta años desde que falleció mi bisabuela María pero ella está siempre presente para mí.

          _ ¿María?

          _ Sí. Podrías poner Myriam. Es igual.

          Después la describió como si la estuviera pintando.

          _  Podrías escribir que era tan delgada como pequeña, con los ojos siempre mojados, tristemente risueños. ¡Ya lo dije! Pero no dije que había olvidado el castellano. Sólo hablaba en idish. A muchos inmigrantes les fue sucediendo que, ya mayores, recordaran sólo la lengua materna.       

            La siesta aplastaba la ciudad. Roberto se levantó, bajó un poco más la persiana, regresó al sillón, refunfuñó en voz apenas audible que él era el escritor, la escuchó. 

            _ Porque se llamaba María, podrías pensar que era sefardí. Pero mi bisabuela era askenazi.

            _ ¿Era qué?  

            _ Ashkenazi. Pero yo, por mi padre, soy sefardí – dijo, encogiéndose de hombros. 

            _ Árabe – bromeó.  

            _ Podría ser, pero el nombre es sefardí porque proviene de sefarad que quiere decir España en hebreo.

            _ ¿Hebreo?

_ Era el idioma que hablaban los judíos que llegaron a la península allá por el siglo IV antes de la era común. Es decir, antes de Cristo y antes de tus ironías.       

Roberto se levantó para buscar dos vasos.  

            _ ¿Querés algo para tomar?

            _ Bueno… – continuó – Ella era ashkenazi.

            _ No veo cuál es la importancia – Roberto abrió una botella de Coca Cola y volcó la mitad.

            Laura saltó para que no la salpicara. 

            _ Es que ashkenazi, en ladino, quiere decir alemán – no lo ayudó a secar la mesa, desconcertada ante tanta torpeza -. El ladino fue, y es, la lengua hablada por los judíos españoles.

            _ Entonces… – él tomó la bebida como para atragantarse. El ruido la distrajo. 

            _ Entonces, a pesar de todo lo que has hecho para desviarme, voy a continuar con lo que me había propuesto porque lo que quiero contarte, tiene que ver con lo que estás escribiendo. 

          La miró. Ojos claros, piel oscura, empecinada. Quiso tocarla. Se contuvo.

          _ ¿Alemán? – preguntó fingiendo interés. 

          _ Sí – contestó mordiéndose el labio. 

            _ ¿Cómo sigue?

            _ No me acuerdo. Sólo quería hablarte de esto y de mi bis…

_ Abuela.

_ Sí. Mi bisabuela. Ella leía todo el día sin cansarse. Sólo los ojos, donde se veían las montañas – sonrió irónica – parecían fatigarse. Sentada en el patio, con un libro sobre las piernas, deslizaba las hojas entre sus dedos. Leía en voz alta. Cuando se daba una tregua, peinaba sus cabellos blancos, muy largos, los tomaba en un rodete, hablábamos.

            _ ¿Sobre qué?

            _ Amor… Yo le pedía que me enseñara a pronunciar en idish “esas” palabras. Cuando yo las repetía, ella se reía tanto de mis errores que sus ojos volvían a llorar. Yo también me reía de ella, que se reía de mí.          

          No sabía por qué tuvo el impulso de besar la boca llena de tantas historias. Laura hablaba en un idioma de gestos, piel oscura, susurro. Palabras como gatos.

          Absorto en ella, no percibió ningún ruido fuera de lo habitual, ni siquiera notó ninguna diferencia en la mirada de Laura hasta que el caño frío le presionó la nuca.

          _ Si te movés, sos boleta – alcanzó a oír.

            Sucedió muy rápido.

           Dos sombras avanzaron hacía el resto del departamento. El tercero, un adolescente que sostenía la pistola sobre la nuca de Roberto, desviaba cada tanto el arma hacia Laura.

          Cada vez que la apuntaba, Roberto la miraba. 

          Ella, miraba el libro.

          Hipnotizada.

          De pronto, un grito electrizó el aire. Laura, dulce-fuerte-suave-violenta, saltó, gritó, golpeó con el libro la cabeza del maleante.

          Siesta, silencio, desmayo, huída.

           _ Un libro, un grito, un golpe. Un título para otra historia. ¿No te parece? – canturreó ella, conteniendo la risa, después de que  se fueran los policías. Alguien los había llamado. 

          Roberto tomó a Laura de las manos, después le corrió el flequillo de la cara, la acercó hacia él. También vio montañas en sus ojos: realismo mágico, verdades mentirosas, mágica realidad, mentiras verdaderas.

          Les temblaban los cuerpos, las lágrimas, la piel. Temblaban las risas detrás del deseo.

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Lying Truths

By 

Susana Grimberg

         Laura moved to Buenos Aires together with her mountains.  Many people leave their former landscapes behind.  Laura did not.

         The mountains were the indispensable frames for her windows, the perfect surroundings for her paintings.  She lived in each one of the stories she created with her paintbrush:  each and every landscape, and each of them came from her childhood, her adolescence, her imagination.

         She searched for an apartment high up from which she might be able to see them.  She knew that the evening would bring back to her the sweet-smelling, silent mountains, engulfing the city.

         At parties, she always brought up the topic.  To annoy, to laugh, to enjoy.

         “Clouds are clouds,” pointed out her friend, a realist.  “Mountains,” Laura would affirm with that curious expression that flashes between lie and truth, between magic and reality.  Later, the same discussions as ever, the words that escaped from her like the cats of Erik Roseen.  Like them, they hung around people without letting themselves be trained.  Roseen was right when he wrote that, “it is as difficult to trap the correct word and convince it occupy its place on a blank page as it is to put a cat in a carrier before getting on a train.”  The word, the stroke of a paintbrush, the marks of the pencil or the paintbrush, were, for Laura too, like cats.

         Hardly a week later, Roberto moved next door to her apartment.  “Pure coincidence?”

         A provincial like her, he wanted to relive the silence of the Pampas, to breath the long, broad horizon.  Proud even in his shyness, Roberto was a seeker of heights.  Not only in order to live.

         Laura insisted on provoking an encounter.  Every attempt ended in something very brief, almost a falling out. 

         That day, she decided, it would be different. 

         Buenos Aires seemed an inferno.  Heat, stifling, intense, exhausting.

         For Roberto who was fighting to stave off a nap called for by his weariness, the only thing that saved him was the start of his article, “It is worth noting that the language of one’s mother, that in which we were spoken to, remains in the shelter of oblivion.  Beings are spoken to before they can speak, we don’t know how to hold onto sounds, smells and tastes from our most remote hours.”

         He was writing these lines when the telephone startled him out of his drowsiness.  Laura.  The neighbor.  “Could I come over for a moment?”  “Of Course”, he answered sleepily.

         Laura conserved the summer in her lips, in her moist lips, in the temptation of each piece of fruit, in laughter.

         She wanted to tell him a story that would excite him. An unstable kite.  “You may want to write about this,” she whispered near his ear, moments after he entered the apartment.

Writing about other people’s experiences had never interested him; neither did his own.  Only what he could invent.  But still, he prepared himself to listen to her.  Maybe it would finally wake him up. Or he could do something with the whisper in his ear.

         He invited her to come in, and she immediately sat down on the armchair, took out the box from her purse, put it on her knees, opened it, took out a book covered in orange silk.

         “During my last trip to my parent’s house, I found this book.  It belonged to my great-grandmother.  They are psalms.

         Carefully, Roberto examined the inlays of precious stones on the raw leather.  He had never seen anything like it.

         “Thirty years have passed since she died, but, for me, she is present.  She was a proud woman and of strong character.   “Bad tempered, you probably mean,” he said, only to annoy her, since he couldn’t stand the practice of idealizing members of one’s family.

         “No,” she corrected categorically, of character. Mysterious, blue eyes always with tears in them, that she would dry before they reached her cheeks. Always peering at the mountains, that would remind her of those of the Selva Negra of her childhood.  If you looked into her eyes, you saw her mountains.

         The commentary was more interesting to Roberto than the book itself. The features that exposed a person aroused his desire to write about them.

         The afternoon heat crushed the city, silent, as it rarely had been.  Roberto got up, lowered the Venetian blind a bit, and returned to his armchair, fresher and more relaxed, to listen to her.

         He watched Laura’s face as she caressed the stones.

         “As I was telling you, thirty years have passed since my great-grandmother Maria died, but she is always present for me    

         “Maria?”

         “Yes, you can call her Miriam.”  It doesn’t matter.”

         Then she described her as if she were painting.

         “You could write that she was as thin as she was small, with eyes always damp, sadly smiling. Oh, I already told you that!  What I didn’t tell you was that she had forgotten Spanish. She only spoke in Yiddish.  That happened to many immigrants, since, already quite old, they only remembered their mother tongue. 

         The afternoon heat flattened the city.  Roberto got up, lowered the Venetian blinds a bit,  returned to the armchair, mumbled in a voice that was hardly audible that he was the writer, listened to her.

         “Because she was named Maria, you might think that she was Sephardic.  But my great-grandmother was Ashkenazi.”

         “She was what?”

         “Ashkenazi.  But, I, on my father’s side, am Sephardic,” she said, shrugging her shoulders.

         “Arabic,” he joked.

         “Could be, but the name is Sephardic because it comes from Sepharad, which means Spain in Hebrew.”

         “Hebrew?”

         “It was the language spoken by the Jews who arrived at the peninsula there during the fourth century of the Common Era. That is, before Christ and before your sarcasm.

         Roberto got up to get two glasses.

         “Do you want something to drink?”

         “Okay…” she continued, “ She was Ashkenazi.”

         “I don’t see why that’s important.”  Roberto opened a bottle of Coca-Cola and spilled half of it.

         Laura jumped aside so that it wouldn’t splash her.

         “It’s that Ashkenazi in Ladino, means German.”  She didn’t help him dry the table, taken aback by such clumsiness.  “Ladino was, and is, the language spoken by the Spanish Jews.”

         “Then…” He swigged down the drink as if he drowning himself.  The noise distracted him.

         “So, despite all you have done to distract me, I’m going to continue with what I intended to do because what I want to tell you, has to do with what you are writing.”

         He looked at her.  Clear eyes, dark skin, stubborn.  He wanted to touch her.  He held back.

         “German?” He asked, feigning interest.

         “Yes,” she answered, biting her lip.

         “What’s next?”

         “I don’t remember.  I only wanted to speak to you about this and my great…”

         “Grandmother.”

         “Yes.  My great-grandmother.  She read all day long without getting tired. Only her eyes, where the mountains were could be seen,” she smiled ironically,” seemed to become fatigued.  Sitting in the patio, with a book on her legs, she slid the pages between her fingers.  She read out loud.  While she took a break, she combed her very long white hair, put into a bun. We would talk.”

         “About what?”

         “Love…  I asked her to teach me how to pronounce “those” words in Yiddish.  When I repeated them, she laughed so hard at my mistakes that she cried again. I also laughed at her, laughing at me.” 

         He didn’t know why he had the impulse to kiss this mouth so full of stories.  Laura spoke in a language of gestures, dark skin, whisper.  Words like cats. 

         Absorbed with her, he didn’t notice any sounds that were out of the ordinary, did not even notice any difference in Laura’s look until the cold muzzle pressed against the back of his neck.

         “If you move, you’re toast,” he was able to hear.

         It happened very quickly.

         Two shadows advanced toward the rest of the apartment.  The third, an adolescent who held the gun against the back of Roberto’s neck, pointed the weapon at Laura from time to time.

         Every time the teenager aimed at her, Roberto looked at her.

         She was looking at the book.

         Hypnotized.

         Suddenly, a scream electrified the air.  Laura, sweet-strong-soft-violent, jumped up, screamed, hit the thug’s head with the book. 

         Siesta, silence, fainting, flight.      

         “A book, a scream, a blow.  A title for another story, don’t you think?” she sang softly to herself, holding back her laughter, after the police left.  Someone had called them.

         Roberto took Laura by the hands, and then pushed aside the bangs from her face, brought her toward him.  He too saw mountains in her eyes: realistic magic, truthful lies, magic reality, lying truth.

         Their bodies, their tears, their skin trembled.  Their laughter trembled behind their desire.

 Translated by Steve Sadow