Ivonne Saed — Novelista judeomexicana, residente en los Estados Unidos — Mexican Novelist, resident of the United States — “Triple crónica de un nombre”/ “Triple Chronicle of a Name”

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Ivonne Saed

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          Diseñadora gráfica, escritora, traductora y fotógrafa, Ivonne Saed ha explorado ampliamente la encrucijada entre lo visual y lo textual, tanto en su trabajo creativo como en la enseñanza. Es autora de la novela Triple crónica de un nombre (2003) y de la no ficción Sobre Paul Auster: Autoría, distopía y textualidad (2009). Es coautora de Literatura: imaginación, identidad y poder, Vampiros transmundanos y tan urbanos, y ¡Madres! Cuentos (y precauciones) de maternidad. Saed ha publicado reseñas de libros, ficción corta y fotos en publicaciones periódicas como Reforma y Crónica (México) y Literal Magazine (EE. UU.). Su documental Naïve se estrenó en 2011 como parte de Object Stories, un proyecto del Museo de Arte de Portland, y produjo Vida Sefaradí: A Century of Sephardic Life en Portland. Saed ha sido docente en Universidad Marylhurst, Universidad Estatal de Oregon y en la Universidad Iberoamericana, Ciudad México, entre otras..

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             Graphic designer, writer, translator, and photographer, Ivonne Saed has extensively explored the crossroads between the visual and the textual, both in her creative work and in teaching. She is the author of the novel Triple crónica de un nombre (2003) and the non-fiction Sobre Paul Auster: Autoría, distopía y textualidad (2009). She co-authored Literatura: imaginación, identidad y poderVampiros transmundanos y tan urbanos, and ¡Madres! Cuentos (y precauciones) de maternidad. Saed has published book reviews, short fiction and photos in periodicals like Reforma and Crónica (Mexico), and Literal Magazine( US). Her documentary Naïve premiered in 2011 as part of Object Stories, a Portland Art Museum project, and she produced Vida Sefaradí: A Century of Sephardic Life in Portland. Saed has taught at Marylhurst University, Oregon State University and Universidad Iberoamericana in Mexico City, among others”.

Ivonne Saed is from a traditional Syrian-Jewish background.

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“Triple crónica de un nombre”

“Fue niña”. Las palabras cayeron pesadamente sobre su cabeza. La tercera mujer. En el fondo a Rebeca le causaba un inmenso placer oír esas palabras, pero el placer se mezclaba con la angustia del enfrentamiento con su suegra. Desde su primer embarazo las discusiones de si tenía que ser hombre o mujer habían sido una constante recurrente, como si la decisión del sexo de los hijos fuera un acto controlable por los padres. Sí, la historia se repetía irremediablemente, pero con algunas variantes: a Rebeca le daba igual tener una niña o un niño, para ella no tenía importancia y el simple hecho del nacimiento de su bebé la colmaba de felicidad. Para Rafael también era razón de alegría, aunque en el fondo también deseaba un heredero. Un varón, el símbolo de la fuerza, de la continuidad. Por su parte, para Regina el asunto era casi una cuestión imperdonable. Repetía lo que sus padres y abuelos habían hecho con ella y que tanto había detestado. Su tiempo entero lo dedicaba a reprochar y manifestar su disgusto con las más crudas maneras. La única forma en que ella estaría contenta o al menos parcialmente conforme ante la nueva decepción sería imponiendo su nuevo capricho, una deuda que ella tenía con su propia madre: la niña se llamaría Ferdose, como su bisabuela. Era su turno. Era la tercera y le tocaba.

Cuando Rebeca escuchó a su suegra pronunciar el impronunciable nombre tuvo exactamente la misma sensación de náusea que Regina había sentido treinta y tantos años antes al dar a luz a su segunda hija. La bilis se revolvía en su estómago perforando sus paredes y el dolor era tan intenso y la ansiedad tan grande que hasta la leche se le cortó. La pequeña, desde el tercer día de vida tuvo que ser alimentada con leche de vaca porque su madre, del enojo, se había secado por completo.

En su angustia Rebeca tenía en claro una sola idea: por ningún motivo permitiría que a su hija la nombraran así. Regina, en su capricho, trataba por todos los medios —desde la seducción hasta los gritos, pasando por el chantaje— de convencer a Rebeca de hacer su voluntad. Argumentó que era el nombre más bello, que significaba la gloria, que era una cuestión de honor, que le traería buena suerte. Rebeca se mostraba implacable por lo que Regina comenzó a recurrir a sus conocidas técnicas de persuasión impositiva: “La niña se va a llamar Ferdose porque así se llamaba mi mamá y yo no pude poner ese nombre a ninguna de mis hijas. Alguien debe perpetuarlo”. Pero no logró nada. Rebeca seguía terca con sus nombres modernos. La quería llamar Lorena. Y si no, Sofía, en su memoria.

“Lorena… Lorena… ¿qué clase de nombre es ése? Ni siquiera se parece un poco al de mi madre; no es un nombre judío. Y Sofía, de ninguna manera. Con una muerta ya tuvimos más que suficiente”, pensaba Regina con frustración, “no se saldrá con la suya”.

“Ferdose podrá significar la gloria y mucho más, pero en este país nadie lo sabe y el nombre es horrendo; si le pongo así, la gloria para ella va a ser el infierno”, pensaba Rebeca a su vez, mientras luchaba consigo misma para contener la ira que se desataba dentro de ella cada vez que su suegra entraba al cuarto. Tenía que concentrarse tan sólo en no ceder a la imposición del nombre.

Este acontecimiento marcó la primera ocasión en que Rebeca decidió, por una vez, jugar todas sus cartas y rebelarse ante la familia de su marido. Antes de que Rafael pudiera opinar o ser convencido por el temor a su madre y apenas habiendo Rebeca despertado de la anestesia, al escuchar el horrible nombre, le dijo a su esposo: “sobre mi cadáver”.

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Gaucho Span

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“Triple Chronicle of a Name”

“It’s a girl.” The words fell heavily on her head. The third female. Deep down Rebeca had an immense pleasure hearing those words, but the pleasure mingled with the anguish of her coming confrontation with her mother-in-law. From her first pregnancy, the discussions of whether it had to be a boy or a girl had been a constant recurrence, as if the decision of the sex of the children was an act that could be controlled by the parents. Yes, the story was repeated irremediably, with some variants: Rebeca wanted equally to have a girl or a boy, for her, it was of no importance and the simple fact of the birth of a baby filled her with happiness. For Rafael, [her husband] it was also a reason for joy, although deep down he also wanted an heir. A male, the symbol of strength, of continuity. For Rebeca, [her mother-in-law], it was an unforgivable question. She repeated what her parents and grandparents had done with her and she had hated it so much. Her entire time was devoted to reproach and expressing her displeasure in the most crude ways. The only way she would be happy or at least partially satisfied with the new disappointment would be to impose her new whim, a debt she had with her mother: the girl would be called Ferdose, like her great-grandmother. It was her turn. She was the third daughter, and it was her turn.

When Rebecca heard her mother-in-law pronounce the unpronounceable name, she had exactly the same nausea that Regina had felt thirty-odd years before giving birth to her second. The bile was stirring in her stomach, piercing its walls, and the pain was so intense and the anxiety so great that even her milk was cut off. The little one, from her third day, had to be fed cow’s milk because her mother, from the anger, had completely dried up.

In her anguish, Rebecca had only one idea: for no reason would she allow her daughter to be named that way. Regina in her whim, tried by all means – from seduction to shouting, going through blackmail – to convince Rebeca to do her will. He argued that it was the most beautiful name, which means the glory, which was a matter of honor, that would bring good luck. Rebeca was implacable because Regina began to resort to her well-known techniques of tax persuasion: “The girl is going to be called Ferdose because that’s the name of my mother, and I could not put her name to any of my daughters. But he did not achieve anything. Rebeca remained stubborn with her modern names. I wanted to call her Lorena. And, yes, no, Sofia, in her memory.

“Lorena … Lorena … what kind of name is that?” It does not even sound like my mother’s name, it’s not a Jewish name, and Sofia, by no means, with one dead woman we already have more than enough,” thought Regina. in frustration, “she will not get away with it.”

“Ferdose may mean glory and much more, but in this country no one knows and it is horrendous, if I give her that name, the glory for her, is going to be hell,” thought Rebeca, in turn, as she fought with herself to contain the anger that broke out every time her mother-in-law entered the room. She had to concentrate only on not giving in to the imposition of the name. This event marked the first time that Rebeca decided, for once, to play all her cards and rebel against her husband’s family. Before Rafael could comment or be convinced by the fear of his mother and barely having Rebeca awakened from the anesthesia, upon hearing the horrible name, she told her husband: “over my dead body.”

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Translated from the Spanish by Stephen A. Sadow

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