Alberto José Miyara–Cuentista y poeta judío-argentino/Argentine Jewish Short-story Writer — “Miguel y su violín milagroso” — un cuento sefardí/ “Miguel and his Miraculous Violin” — a Sephardic short-story

 

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Alberto Miyara/Avraham ben Yosef

Alberto Miyara (Rosario, 1960) es un escritor argentino de origen judío sefardí.
Su principal interés es la narrativa corta, en la que experimenta con el
humor, el absurdo y los juegos de lenguaje. También ha escrito poesía para
niños y adultos, ha traducido entre el castellano y el catalán y ha
realizado trabajos de lexicografía.

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Alberto Miyara (Rosario, 1960) is an Argentine writer of Sephardic Jewish origin. His principal interest is the short narrative, in which he experiments with humor, the absurd and language games. He has also written poetry for children and adults, has translated between Spanish and Catalan and has done studies in lexicography.

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“Miguel y su violín milagroso”

“Una capa de gitanos’ era, según mi madre, una expresión adecuada para describir un lugar desordenado y maloliente, producto de una indecible dejadez. Más tarde, a partir de mi relación más amistosa con una encantadora viuda gitana, visité asiduamente el campamento de su tribu, en el Barrio San Francisquito, y comprobé que esas ideas eran absolutamente falsas. Si es verdad que la mayoría de los gitanos viven en carpas; tan cierto como que los italianos viven en departamentos, y sin embargo nadie dice un “un departamento de italianos”. Por otro lado, en los meses fríos una carpa era adecuadamente calefaccionada es mucho más acogedora que un departamento.

Pero el tema no son los prejuicios raciales de mi madre, ni de mis amoríos con una zingara, sino una persona que conocí a raíz de estos últimos. Se hacía llamar Miguel, sin aclarar si era su nombre, su apellido, o ambos, y hablaba con este acento indefinible de quien en su vida ha debido transitar por muchas lenguas. Lo conocí una tarde, estando de visita en el campamento, cuando al pasar junto a una carpa individual sentí una música de violín en su interior. Parándome a la entrada batí de palmas; la música se interrumpió y al rato salió un gitano de pelo canoso y ojos celestes. Le expliqué mi presencia en ese campamento y le expresé mi admiración por lo que estaba tocando.

-Este violín es milagroso-dijo, y me invitó a pasar.

-¿Qué tiene de milagroso?

-Ya lo vas a saber. ¿Qué te gustaría que toque?

Czardas de Monti.

Hizo un gesto de desaprobación.

Czardas de Monti no es una música auténtica. De hecho, Monti ni siquiera era gitano. Escuchó una melodía en la pueszta húngara, la endulzó y la vendió como música gitana. Pero no es auténtica. En cambio, escuchá éstas.

Me tocó varias piezas muy breves, hermosas y chispeantes, pero para mí indistinguibles de las Czardas de Monti. Se le dije.

-Lo que pasa es que vos no sos gitano. Pero díceme: ¿Vos dirías que genuinamente porteños los tangos de Malando?

-¿Quién es Malando?

-Malando es Ari Maasland, un holandés que sin haber estado nunca en la Argentina se puso a escribir tangos. Y escuchá lo que le salió.

Me tocó varios, pero yo los encontraba perfectamente porteños. Entonces me hizo un gesto de “Con vos no hay manera’, y después, como vio que yo miraba la hora, me tendió la mano.

-Volvé cuando quieras. Miguel.

 

No tardé en romper con Selene, la viuda. Nuestra relación no tenía futuro, como no fuera el que continuamente me leía en los naipes de tarot ajados. Nuestros hijos no habrían aceptado conocerse, incapaces de franquear la barrera del prejuicio. Lo único en concreto que teníamos en común era el interés por los autos: ella se dedicaba a comprarlos y venderlos, yo a coleccionar ejemplares clásicos. Pero cuando ella entusiasmada me comentó que había encontrado un comprador para mi Camaro 59, quedó claro que esa afinidad era más que una forma que de fondo.

Así que nos separamos, pero volví a pasar por lo de mi amigo el músico, porque ha quedado un tema pendiente.

 

-Miguel, ¿Por qué es tan milagroso tu violín?

Cerró sus ojos y, se puso a tocar y decir “¡Vuelo, vuelo!”. Aunque tocaba bien a ciegas, lo cual para mí es un gran mérito, lo cierto es que en ningún momento se despegó al cielo. A lo mejor hablaba metafóricamente, pero entonces ya no se trataba de un milagro.

Así y todo, me resultaba una conmovedora simpatía, y haciéndose caso a sus palabras, volví a visitarlo cada vez que quise.

A menudo yo le llamo desde afuera y Miguel me gritaba que esperase. Después, cuando me hacía pasar, lo veía en compañía de alguna muchacha con evidentes signos de vestir. “Fulanita, mi cuñada”, decía invariablemente; a mí resultaba sospechoso que en la familia de Miguel fueron semejante manga de cornudos. Paulatinamente fui cayendo en la cuenta que esas “cuñadas”, adecuadamente coordinadas por Miguel, constituía su principal fuente de ingresos.

 

-¿Por qué es milagrosa tu violín?

-Ya son varias generaciones que tocan este violín en mi familia. Ya son varias generaciones extraordinariamente longevas.

-¿Cuántos años tenés, Miguel?

-Muchos y pocos. Muchos, para vos. Pocas, para mi linaje. Ya soy bisabuelo y todavía soy bisnieto. La muerte se va filtrando, pero el proceso se puede hacer infinitamente lento. Hay varias maneras. Una de ellas es la música.

Desde hace varias generaciones, los varones de familia no bajan de los 160 años.

Así dicho, era realmente milagroso. Pero no podía presentar un solo documento que lo probara.

Cuando Miguel tocaba algo, lo situaba geográficamente, invariablemente resultaba que él había estado en esos lugares. Aparentemente conocía Europa Central como la palma de su mano, pero también Oriente, África. Australia. . .

 

Un día tocaba la canción hindú de Rimsky-Korsakov.

-¿También, estuviste en la India?

-Claro que sí; ¿no sabés que los gitanos venimos de allí?

-Sí, pero eso qué tiene que ver. Los judíos venimos de Israel, sin embargo, yo nunca estuve en Israel.

-Ah, pero yo sí. Viví dos años en Haifa.

Era insufrible.

Un día se me ocurrió preguntarle:

-Después de todo, ¿Vos, de dónde sos?

-Alguna vez tuve un documento donde figuraba mi ciudad natal.

-¿Y cuál era?

-Ya no me acuerdo,

-¿Qué pasó con el documento?

–Me lo confiscaron los Nazis en Auschwitz.

También ha habido en Auschwitz.

-Y decíme, ¿tu gente no se acuerda?

-Acordarse. . . Dicen que soy de Timishoara, en Rumania. Es lo que se dice. También dicen que mi violín es de Cremona.

-Así que ésa era la magia del dichoso violín? Aquella tarde llevé a la carpa de Miguel un cajón de cerveza, y cuando lo tuve bien borracho lo dejé en un rincón y me abalancé sobre el instrumento.

Valiéndome de una linternita, espié ansiosamente por las aberturas de la caja, a búsqueda de las letras A. S. No estaban. No era un Stradivarius. Siempre sospeché que había sido un truco de Miguel para emborracharse a costa mía.

 

-Miguel, por última vez: ¿por qué es milagroso tu violín?

-Bueno, mirá. Vos estuviste escuchando este violín toda la tarde, ¿no?

-Sí.

-Ahora decíme, ¿cuál de mis cuñadas te gusta más?

-Y . . .la Zulema.

-Mañana va ser tuya.

Al día siguiente en efecto Zulema me hizo el amor. Pero como todas las demás cuñadas ya se habían acostado conmigo, lo realmente milagrosa habría sido que Zulema no lo hiciera.

 

Lo de las giras, surgió de casualidad, una tarde esplendorosa de domingo, que no valía la pena pasarla en una carpa.

-¿Vamos al arroyo? – sugerí.

-¿Llevamos el violín?

-¿Por qué no?

Cuando llegamos al Saladillo, Miguel dijo que le recordó un riacho de Bohemia y empezó a tocar una melodía. Alguna gente que paseaba con sus chicos se puso en círculo, después aplaudieron y tiraron plata. A nosotros no nos hacía falta; a los dos sobraba dinero. Por eso decidimos donar al Hogarcito Don Bosco esa imprevista recaudación.

 

Muchos otros domingos salimos, nos hicimos de plata y donamos. Esas cantidades no despreciables, sobre todo cuando en lugar de aquellos barrios, nos fuimos acercando más al centro. Un día llegamos hasta el Parque Urquiza, y en toda la tarde reunimos lo equivalente al suelo de un profesional. Un policía quiso llevarnos por vagabundismo, pero Miguel lo disuadió tocándole esa canción que dice “Por eso soy de Newell’s Old Boys”.

Cuando llegábamos al Hogarcito y entregábamos el efectivo, Miguel solía decir que ésa era la única acción buena que había hecho en su vida. Quiero creer eso le habrá servido de último consuelo la tarde que, a pesar de su anunciada longevidad, Miguel se murió.

 

Al entrar el campamento noté algo raro. Aunque era un payo, la gente ya se había acostumbrado a verme, primero con Selene, últimamente con Miguel. Pero ahora venían hacia mí y señalaban.

-A vos, a vos.

-¿A mí qué?

–Miguel quiere verte.

-¿Qué pasa?

-Se está muriendo.

Entré la carpa con una desesperada urgencia.

–¡Miguel!

 

Sus ojos saltones estaban completamente abiertos. Como los de un alucinado, y se movían en todas direcciones. Su voz era ronca, casi inaudible.

-El violín . . .

“Los niños y los locos dicen la verdad”, recordé de mi abuela. Miguel era un poco niño y sumamente loco, pero recién ahora, a las puertas de la muerte, me iba a decir la verdad. Desesperado, me volví hacia la gente.

-Un grabador -pedí.- Traigan un grabador a pila-. Si me iba a relevar el milagro no podía correr riesgos. Sus palabras finales podían ser en rumano, en húngaro, o en macedonio. Lo importante era registrarlo, ya encontraría alguien quién me lo tradujera.

-El violín . . .  -repitió mientras un joven irrumpía en la carpa con el grabador.

Se lo arrebaté y lo puso junto a la boca de Miguel.

-Sí . . . ¿el violín . . .? – imploré.

-Te lo puedes quedar-dijo, y sus ojos se quedaron inmóviles.

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“Miguel and his Marvelous Violin”

“A gypsy dump” according my mother, was an adequate expression to describe a disordered an ill-smelling place, product of an unspeakable neglect. But later on, because of my most friendly relation with an enchanting Gypsy widow, I visited assiduously the camp of her tribe, in the Barrio San Francisquito, and I confirmed that those ideas were absolutely false. If it is true that the majority of Gypsies live in tents; it is equally true that the Italians live in apartments, but nobody says an apartment of Italians.” Furthermore, during the cold months, a tent sufficiently heated is much more inviting than an apartment.

But the point I’m making is not about the racial prejudices of my mother nor my love affair with a gypsy, but rather a person that I met as a result of all that. He was called Miquel, without making it clear whether it was his first name, his last name or both, and he spoke with that undefinable accent of someone who, during his lifetime, had had to pass through many languages. I met him one afternoon, while visiting the camp, when passing close to a single tent, I heard violin music coming from inside. Stopping in front of the entrance, I clapped my hands: the music stopped, and a while later, a gypsy with gray hair and light-blue eyes came out. I explained my presence in that camp and I expressed admiration for what he was playing. “This violín is miraculous, he said, and he invited me to come inside.

“What’s miraculous about it?”

“You’ll know soon. What would you like me to play?”

Czardas by Monti.”

Czardas by Monti isn’t authentic music. In fact, Monti was’t even a gypsy. He heard a melody in the Hungarian pueszta, He sweetened it and sold it as gypsy music. But, listen to these.”

He played several very short, beautiful, scintillating pieces, but for me indistinguishable from the Czardas by Monti. I told him so.

“That’s because you aren’t a gypsy. But tell me: would you say that the tangos by Malando are genuinely porteños.

“Who is Malando?”

“Malando is Ari Maasland, a Dutchman, who, without ever been in Argentina began to write tangos. And listen to what what happened.”

He played a few for me, but I found them perfectly porteño. Then he gestured to me, “what can I do with you?” And then, when he saw that I was looking at his watch, he reached out his hand to me:

“Come back whenever you want. Miguel.”

 

I didn’t take long to break up with Selene, the widow. Our relationship didn’t have a future, as wasn’t what she   continuously read for me in some worn out tarot cards. Our children wouldn’t be accepted by others, unable to clear the barrier of prejudice. The only real thing that we had in common was an interest in cars: she dedicated herself to buying them and selling them, I to collecting classics. But when she excitedly told me that she had found a buyer for my ’59 Camaro, it became clear that that affinity was more of form than of depth.

So, we separated, but I once again stopped by my friend the musician, because a matter remained pending.

 

“Miguel, why is your violin so miraculous?”

He closed his eyes, and he began to play and said: “I fly, I fly!” Although he played well with his eyes closed, which for me is a great feat, what is for sure is that at no time did he take off for the sky. Perhaps he was speaking metaphorically, but then, it no longer had to do with a miracle. Even so, it caused me such poignant sympathy that I went back to visit my friend, whenever I felt like it.

 

Often, I called from outside and Miguel would yell to me to wait. Later on, when he let me enter, l saw in in the company of some girl, evidently getting dressed. “Juana, my sister-in-law,” he invariable said to me; it seemed suspicious to me that in Miguel’s family there was such a mob of cuckolds. Suddenly, I realized that those “sister-in-law,” managed by Miguel, constituted his principal source of income.

 

“Why is your violin miraculous?”

“There are already have been many generations of my family who played this violin. There have been several generations of my family extraordinarily long-lived.”

“How many years have you been alive, Miguel?”

“Many and few. Many for you. Few for my lineage. I’m a great-grandfather and a great-grandson. Death goes on filtering, but the process may be infinitely slow. There are several ways. One of them is music.

For several generations now, the men of the family are not less than 160 years old.

Said that way, it was really miraculous. But he couldn’t produce even one document to prove it.

 

When Miguel played something, he would place it geographically, invariably it happened that he had been in those places. Apparently, he knew Central Europe like the back of his hand. Also, the Orient Africa, Australia. . .

One day, he played the Hindu Song by Rimsky-Korsakov.

“You were in India too?”

“Of course: didn’t you know that the gypsies come from there?”

“Yes, but what has that to do with it. We Jews come from Israel, nevertheless, I’ve never been in Israel.”

“Ah, but I have. I lived in Haifa for two years.”

He was insufferable.

One day, it occurred to me to ask him:

“After all, where are you from?”

“Once, I had a document that listed my native city.”

“I don’t remember anymore.”

“What happened to the document?”

“The Nazis confiscated it from me in Auschwitz?”

He had also been in Auschwitz.”

“And tell me, your people don’t remember?”

“Remember. . . They say I’m from Timishoara in Romania. That’s what they say. They also say that my violin is from Cremona.”

“So that was the magic of the lucky violin? That afternoon, I brought a case of beer to Miguel’s tent, and when I had him very drunk, I left him in a corner, and I threw myself on the instrument.

And with the help of a small flashlight, I anxiously spied though the apertures of the violin, looking for the letters A. S. It wasn’t a Stradivarius. I always suspected that it was a trick by Miguel to get himself drunk at my expense.

 

Miguel, for the last time: why is your violin miraculous?”

“Well, look, you were listening to this violin all afternoon, no?”

“Yes.”

“Now, tell me, which of my sisters-in-law do you like best?”

“Well . . .Zulema.”

“Tomorrow, she will be yours.”

The next day, indeed Zulema made love to me. But like all of the other sisters-in-law, she had already gone to bed with me: if she hadn’t done so, it would have really been miraculous.

 

As for outings, by chance, a splendid Sunday afternoon took place, when staying in the tent didn’t make sense.

“Let’s go to the brook?” I suggested.

“Should we bring the violin?

“Why not?”

When we arrived al Saldillo, Miguel said that it reminded him of a small river in Bohemia, and he began to play a melody. Some people, who were walking by with their children, formed a circle; later they applauded and they threw money. We didn’t need it; the two of us had more than enough money. So, we donated that unexpected collection to the Don Bosco Orphanage.

We went out on many other Sundays; we made money and we donated it. Those quantities weren’t insignificant, especially. when instead of those neighborhoods, we were approaching the center of the city. One day, we arrived at the Parque Urquiza, and in the entire afternoon, we collected the equivalent of a professional’s salary. A policeman wanted to arrest us for vagrancy, but Miguel dissuaded him by playing the team anthem that says “For that, I’m with the Newell’s Old Boys.”

When we arrived at the Orphanage and delivered the cash, Miguel used to say that that was the only good deed that he had done in his life. I want to believe that would have served his as a final consolation the afternoon that, despite his proclaimed longevity, Miguel died.

Entering the camp, I noticed something strange. Although I was a payo, the people had become accustomed to see me, first with Selene, recently with Miguel. But now the came toward me and signaled.

“To you. To you.”

“To me, what?”

“Miguel wants to see you.”

“What happened?”

“He’s dying.”

With a desperate urgency, I entered the tent.

“Miguel!”

 

His bulging eyes were completely open. Like those of someone hallucinating, and they moved in every direction. His voice was hoarse, almost inaudible.

“The violin. . .”

“The children and the crazy tell the truth,” I remembered my grandmother saying. Miguel was a little bit child and extremely crazy, but just now, at the doors of death, he was going to tell me the truth. Desperate, I turned toward the group.

“A tape recorder,” I requested. “Bring me a battery powered tape recorder.” If I was to reveal the miracle, I couldn’t take chances. His final words could be in Rumanian, Hungarian or Macedonian. The important thing was to record it. Later, I would find someone who could translate it for me.

I grabbed it for, and I put it close to Miguel’s mouth.

“Yes. . .the violin. . .? I implored.

“You can keep it,” he said, and his eyes stopped moving.

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Translation by Stephen A. Sadow

 

 

Yente {Eugenia Crenovich} (1905-1990) — Artista plástica judío-argentina/Argentine Jewish Artist–La primera artista abstracta femenina en Argentina Latina/The First Female Abstract Artist in Argentina

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Yente
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Yente es el seudónimo artístico de Eugenia Crenovich, quien nace en Buenos Aires en 1905 y falleció allí 1990. Es de una familia judía originaria de Ucrania. Pintora, ilustradora y ensayista, estudia Filosofía en la Universidad de Buenos Aires, de donde egresa en 1932. Realiza prácticas artísticas en el taller de Vicente Puig en Buenos Aires y en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Santiago de Chile. Allí asiste, entre 1933 y 1935, al taller de pintura y composición de Hernán Gazmuri, estudios que continúa en el taller libre, abierto por el pintor chileno, luego de su forzada desvinculación de la enseñanza oficial. En 1935 se relaciona con Juan Del Prete, y desde 1937 –sin desdeñar la figuración que, en forma paralela, cultiva a lo largo de toda su vida– participa en los inicios de la abstracción en la Argentina, y se constituye así en la primera artista mujer de nuestro país que adhiere a esta corriente. Con esta modalidad, en 1945 comienza a hacer relieves y objetos constructivos en celotex, un material blando que le permite tallar sin dificultad. De 1957 a 1958 realiza tapices abstractos con lanas e hilos de colores combinados con pintura. A partir de 1957 se vuelca hacia el “impresionismo abstracto”, una pintura no figurativa de conformación libre, resuelta con breves pinceladas empastadas que hacen vibrar la superficie del cuadro. Recurre al collage desde los años 40 con el propósito de introducir acentos texturales a su pintura –sobre todo en sus libros ilustrados– y, a partir de los años 60 lo utiliza en forma decidida, aprovechando las calidades expresivas y connotativas de los más diversos materiales encontrados, muy particularmente, en su entorno familiar. Entre 1938 y 1984 confecciona más de veinte libros ilustrados –todos inéditos–, desarrollados sobre narraciones preexistentes o propias, algunas autobiográficas. En estos trabajos, de manera ocasional, frases breves a modo de índice, o títulos, estructuran historias que se despliegan básicamente por medio de imágenes. Su obra, plena de sugerencias, atraviesa diversas fases que la vinculan tanto al post-cubismo y al constructivismo geométrico como a la abstracción libre. Más tarde practica una gestualidad propia del informalismo, en la que emplea los gruesos empastes de una materia densa y expresiva pero –contradiciendo las características del movimiento– sus colores son brillantes, matizados con tonalidades sutiles y finas transparencias. La figuración está en el origen de su producción y la mantiene a lo largo del tiempo, y así conserva siempre una inclinación por el dibujo de trazo preciso y acabado delicado. Exhibe los recursos de un lenguaje elaborado y probado en técnicas como el dibujo, la pintura, los relieves y objetos, el collage y el tapiz.
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Yente is the artistic pseudonym of Eugenia Crenovich, who was born in Buenos Aires in 1905 and died there in 1990. He is from a Jewish family originally from Ukraine. Painter, illustrator and essayist, she studied Philosophy at the University of Buenos Aires, where she graduated in 1932. She performed artistic practices at the Vicente Puig workshop in Buenos Aires and at the School of Fine Arts of the University of Santiago de Chile. There he attends, between 1933 and 1935, the painting and composition workshop of Hernán Gazmuri, studies that continue in the free workshop, opened by the Chilean painter, after his forced disengagement from official education. In 1935, he is married to Juan Del Prete, and since 1937 -without disdaining the figuration that, in parallel, she cultivates throughout his life- she participates in the beginnings of abstraction in Argentina, and is thus constituted in the first artist woman of our country that adheres to this current. With this method, in 1945 she began to make reliefs and constructive objects in celotex, a soft material that allows him to carve without difficulty. From 1957 to 1958, he made abstract tapestries with wool and colored threads combined with paint. From 1957 onwards she turned to “abstract impressionism”, a non-figurative painting of free form, resolved with brief pastels that make the surface of the painting vibrate. she has been using collage since the 1940s with the purpose of introducing textural accents to his painting -especially in his illustrated books- and, since the 60s, she uses it in a determined way, taking advantage of the expressive and connotative qualities of the most diverse materials found, very particularly, in their family environment. Between 1938 and 1984 she made more than twenty illustrated books-all unpublished-developed on preexisting or own narratives, some autobiographical ones. In these works, occasionally, short phrases serve as an index, or titles, structure stories that are basically displayed through images. Her work, full of suggestions, goes through different phases that link it to post-cubism and geometric constructivism as well as to free abstraction. Later she practices gestures characteristic of Informalism, in which she uses the thick fillings of a dense and expressive material, but -contradicting the characteristics of movement- her colors are bright, tinged with subtle tonalities and fine transparencies. The figuration is at the origin of its production and maintains it over time, and thus always retains a penchant for precise drawing and delicate finishing. It displays the resources of an elaborate and proven language in techniques such as drawing, painting, reliefs and objects, collage and tapestry.
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Obras de Yente/Works by Yente

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José en Egipto/Joseph in Israel —                                   

Libro de artista/Artist Book

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via Yente (Eugenia Crenovich)

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Su arte abstracto/Her Abstract Art

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Curriculum Vitae de Yente

Realiza su primera muestra individual en Amigos del Arte en 1935, donde presenta veinticuatro dibujos figurativos ejecutados a partir de 1932. En 1945 y 1946 expone pinturas y relieves abstractos en Galería Müller. En 1950 exhibe originales para libros ilustrados en Galería Viau. Y nuevamente en Müller presenta, en 1952, una retrospectiva de obras abstractas y figurativas, realizadas desde 1937. En Galería Van Riel expone su obra no figurativa en 1954, 1956 y 1957 y, en este último año, libros ilustrados en Galería Alcora. En 1958 realiza una retrospectiva de obras abstractas en la Asociación Estímulo de Bellas Artes, que comprende ochenta piezas, entre pinturas, objetos y relieves. También en 1958 exhibe sus tapices en Galería Heroica. En 1960 muestra sus obras del “impresionismo abstracto” en Galería Yumar y, durante 1964, collages con fósforos quemados y papeles de envases –realizados en Italia– en Galería Witcomb. Al año siguiente presenta en Galería Van Riel, Ciudades de Italia, un conjunto de collages. Allí también exhibe, en 1966, la serie del Antiguo Testamento, realizada con la misma técnica. En 1967, otra vez en Van Riel, presenta El jardín del Edén, obras resueltas con papeles alquitranados; en 1968 sus fotomontajes Turistas en Italia; y en 1969 óleos figurativos. Ocupa de nuevo ese espacio en 1971, con una retrospectiva de setenta obras no figurativas, producidas entre 1937 y 1963. Dos años después hace una muestra personal de collages en Galleria Schneider de Roma. Vuelve a exponer en la Galería Van Riel en 1976, lugar en el que exhibe las series Con corona de martirio Sin promesa de Paraíso, pinturas y collages que aluden a la violencia, en consonancia con la convulsa época que la Argentina transita durante la dictadura militar. En 1979, en Galería Sarmiento, organiza una muestra antológica con obras no figurativas de 1937 a 1962 y, allí mismo, expone su serie de pinturas y collages Tiempos sombríos, en 1980.
Realiza importantes muestras colectivas dentro y fuera del país; entre las que se destacan: Arte Nuevo, Salón Kraft, 1947; Nuevas realidades, Galería Van Riel, 1948; el 2° Salón argentino de arte no figurativo, Galería Van Riel, 1949; 50 Años de pintura argentina, Museo Nacional de Bellas Artes, 1950; Salones de Arte Sacro Mediator Dei de 1954 a 1957 y en 1959; La figura en la pintura argentina contemporánea, Museo Eduardo Sívori y Arte Abstracto. Del Prete, Yente, Paparella, Testa, Galería Lerner, ambas en 1957. Representa al país en la IV Bienal Internacional de San Pablo, Brasil, 1957, y en L’Art Visuel en Argentine organizada para la Exposition Internationale et Universelle de Bruxelles, Bélgica, 1958. Con la Agrupación de Arte No Figurativo –a.n.f., luego conocida como ANFA, de la que es miembro fundador– expone en Buenos Aires, Paraná (Entre Ríos), Rosario (Santa Fe), La Paz (Bolivia) desde 1958 hasta 1964, y en The Riverside Museum de Nueva York en 1962. En 1960 participa en 150 años de arte argentino, Museo Nacional de Bellas Artes y en la Primera Exposición Internacional de Arte Moderno, Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. En 1961 lo hace en Pintura argentina que se presenta en Lima y Río de Janeiro y en Arte sagrado de la Argentina, Palazzo Ruspoli, Roma. En 1980 interviene en 50 años de pintura argentina 1930/1980, Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino, Rosario, y en 1984 en Maestros argentinos. Homenaje al libro 22 pintores de Julio Payró, realizada en el Museo Sívori de Buenos Aires. Recibe primeros premios en los Salones de Viña del Mar en 1934, 1935 y 1936, y en el del Centenario de Valparaíso en 1937, en Chile; y en el Salón de Acuarelistas de Buenos Aires entre 1939 y 1950. Asimismo obtiene el Primer Premio Ilustración del Salón de La Plata en 1944, y con su obra Abstracción, el Premio Adquisición en el Primer Salón Anual de Pintura del ACA (Automóvil Club Argentino) en 1958. Ese mismo año logra la Medalla de Bronce en la Exposición Internacional de Bruselas. Complementando la praxis artística desarrolla una labor teórica en torno a la figura de Del Prete, sobre quien publica textos aún hoy fundamentales como “Cronología en la trayectoria artística de Del Prete” en Pintura montada; Primicia (catálogo exposición), Buenos Aires, Galería Van Riel, junio de 1962; y “Lo realizado y lo destruido en la obra de Juan Del Prete” en Obras destruidas de Del Prete, editado en Buenos Aires por el artista en 1971. En 1979, una de sus obras –Composición con relieve, 1945– es elegida como imagen de tapa del libro Arte de América. 25 años de crítica de Rafael Squirru, publicado por Editorial Gaglianone, donde, a la vez, el crítico analiza el trabajo de la artista, del que se ocupa también en Arte argentino hoy, de la misma casa editora publicado en 1983. En las últimas décadas, su producción ha sido incluida en exposiciones como: Del constructivismo a la geometría sensible, Harrod’s en el Arte, 1992; I Exposición de Artes Visuales DAIA, Casa de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, 1996; La tradición constructiva en el MAMBA, Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, 1998; Muestra de arte y subasta por la reconstrucción de AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina), Alvear Palace Hotel, 1999; Siglo XX argentino. Arte y Cultura, Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires, 1999/2000; Judaica Argentina, Centro Cultural Borges, 2001; Arte Astratta Argentina, Galleria d’Arte Moderna e Contemporanea (GAMeC) de Bérgamo, Italia, 2002, y en la presentación de dicha muestra en la Fundación Proa en 2003. También ha estado representada en Artistas argentinos con temática judía, exposición organizada por la AMIA en el Centro Cultural Victoria Ocampo, Mar del Plata, 2006; en la Primera Bienal de Arte Geométrico, en el Museo de Arte Construido, Buenos Aires, 2007; en la muestra histórica Aquellos años 40, realizada en Expotrastiendas 2007; y en la feria internacional Arte BA ediciones 2009 a 2013. En 1995 la Galería Vermeer organiza la muestra Yente y Juan, dedicada a su producción y a la de Del Prete, y en 2005, en homenaje a los cien años de su nacimiento, la AMIA organiza Centenario Yente (1905-2005) en la que se exponen veintinueve obras realizadas entre 1937 y 1971. Revalorizando en particular su producción abstracta, el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), presenta una exposición con 72 de sus obras, entre pinturas, relieves, esculturas, dibujos y tapices, curada por Adriana Lauria. La muestra titulada Yente/Prati, que incluía también una sección dedicada a la artista concreta Lidy Prati, se extendió desde agosto hasta octubre de 2009 y estuvo acompañada por un completo catálogo-libro (200 páginas, edición español-inglés, reproducciones de las piezas exhibidas). En 2009 y 2010 participa en la 2ª y 3ª Muestra y subasta AMIA de Arte Contemporáneo Argentino, ambas en la sede de la AMIA en Buenos Aires. En 2010 su obra se incluye, junto a más de 80 artistas, en Realidad y Utopía. Argentiniens künstlerischer Weg in die Gegenwart realizada en la Akademie der Künste de Berlín, exhibición que se presenta al año siguiente en el Museo Nacional de San Carlos de México D.F. En 2010 su trabajo interviene en El imaginario de Ignacio Pirovano, muestra patrimonial de reapertura del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, en Libros de artista de Argentina, Stand de Argentina en la Frankfurter Buchmesse (Feria del Libro de Frankfurt), en Grandes autores. Grandes ilustradores, Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori, Buenos Aires, y en Imágenes e historias. Fotografía documental y artes visuales de la Argentina 1850-2010, en el Centro Cultural Recoleta de Buenos Aires, efectuada en 2011.Integra en 2011 Homenaje a los años 40, muestra histórica de la feria de galerías de Buenos Aires Expotrastiendas. En ese año su trabajo aparece también en Abstracciones / un recorte de la colección Castagnino + Macro realizada en el Museo Castagnino de Rosario. Entre 2011 y 2012 su obra se incluye en Jóvenes y modernos de los 50 del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Entre septiembre y octubre de 2013 la galería Alejandro Faggioni – Estudio de Arte de Buenos Aires organiza una muestra de 26 trabajos, tanto abstractos como figurativos, elaborados entre 1937 y 1982. Un conjunto significativo de sus trabajos forma parte de la colección del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, así como integra los acervos del Museo Eduardo Sívori, del Fondo Nacional de las Artes, del Museo Provincial de Bellas Artes de Santa Fe, Rosa Galisteo de Rodríguez, del Museo Municipal de Bellas Artes de Rosario Juan B. Castagnino, del Museo de Israel en Jerusalén, de la Casa Argentina en dicha ciudad y de la AMIA. Además forma parte de colecciones particulares de la Argentina, Chile, Italia, Alemania, Israel y los Estados Unidos.

Curriculum Vitae of Yente

Yente made her first individual exhibition at Amigos del Arte in 1935, where she presented twenty-four figurative drawings executed from 1932. In 1945 and 1946, she exhibited paintings and abstract reliefs in the Müller Gallery. In 1950, she exhibited originals for illustrated books in Viau Gallery. And again in Müller, in 1952, a retrospective of abstract and figurative works, made since 1937. Gallery Van Riel exhibits her non-figurative work in 1954, 1956 and 1957 and illustrated books in Alcora Gallery. In 1958, she made a retrospective of abstract works in the Association Estímulo de Bellas Artes, which comprises eighty pieces, including paintings, objects and reliefs. Also in 1958 she exhibited his tapestries at Galería Heroica. In 1960, she shows his works of “abstract impressionism” in the Yumar Gallery and, during 1964, collages with burnt matches and packaging papers -made in Italy- in the Witcomb Gallery. The following year he presents a set of collage at Galería Van Riel, “Cities of Italy.” She also exhibits, in 1966, the series of the “Old Testament,.” In 1967, again in Van Riel, she presents “El jardín del Edén,” works resolved with tarred papers; in 1968 her photomontages “Tourists in Italy” and in 1969, figurative oils. She used this space again in 1971, with a retrospective of seventy non-figurative works, produced between 1937 and 1963. Two years later, she made a personal exhibition of collage at Galleria Schneider in Rome. She exhibited again at the Van Riel Gallery in 1976, with the series “Con corona de martirio” and “Sin promesa de Paraíso,” paintings and collages that allude to violence, in keeping with the turbulent period that Argentina is going through during the dictatorship military. In 1979, in Galería Sarmiento, she organized an anthological exhibition with non-figurative works from 1937 to 1962 and, right there, she exhibited his series of paintings and collages, “Tiempos sombríos,” in 1980. She made important collective exhibitions inside and outside the country; among which stand out: Arte Nuevo, Salón Kraft, 1947; New realities, Van Riel Gallery, 1948; the 2nd Argentine Salon of non-figurative art, Van Riel Gallery, 1949; “50 Years of Argentine painting,” National Museum of Fine Arts, 1950; Salons of Sacred Art Mediator Dei from 1954 to 1957 and in 1959; “The figure in contemporary Argentine painting,” Eduardo Sívori Museum and “Abstract Art. Del Prete, Yente, Paparella, Testa, Lerner Gallery”, both in 1957. She represents the country in the IV International Biennial of Sao Paulo, Brazil, 1957, and in L’Art Visuel in Argentina organized for the Exposition Internationale et Universelle de Bruxelles, Belgium, 1958. With the Agrupación de Arte No Figurativo -anf, later known as ANFA, of which she is a founding member- she exhibits in Buenos Aires, Paraná (Entre Ríos), Rosario (Santa Fe), La Paz (Bolivia) since 1958 until 1964, and at The Riverside Museum in New York in 1962. In 1960, she participated in “150 years of Argentine art,” the National Museum of Fine Arts and the First International Exhibition of Modern Art, Museum of Modern Art of Buenos Aires. In 1961,  “Argentine Painting” is presented in Lima and Rio de Janeiro and in “Sacred Art of Argentina,” Palazzo Ruspoli, Rome. In 1980, she participated in “50 years of Argentine Painting in 1930/1980,” Juan B. Castagnino Municipal Museum of Fine Arts, Rosario, and in 1984 in Argentine Masters. Tribute to the book 22 painters of Julio Payró, made in the Sívori Museum of Buenos Aires. He received first prizes in the Salons of Viña del Mar in 1934, 1935 and 1936, and in the Centennial of Valparaíso in 1937, in Chile; and in the Watercolor Salon of Buenos Aires between 1939 and 1950. He also obtained the First Prize Illustration of the Salón de La Plata in 1944, and with his work Abstraction, the Acquisition Award in the First Annual Salon of Painting of the ACA (Automóvil Club Argentino ) in 1958. That same year he achieved the Bronze Medal at the International Exhibition in Brussels. Complementing the artistic praxis develops a theoretical work around the figure of Del Prete, about who publishes texts still fundamental today as “Chronology in the artistic career of Del Prete” Cultural Victoria Ocampo, Mar del Plata, 2006; in the First Biennial of Geometric Art, in the Museum of Constructed Art, Buenos Aires, 2007; in the historical show “Those years 40,” and in “Expotrastiendas” 2007; and in the BA International art fair, 2009 to 2013. In 1995 the Vermeer Gallery organizes the show “Yente y Juan,” dedicated to its production and that of Del Prete, and in 2005, in tribute to the one hundred years of its birth, the AMIA organizes “Centenario Yente”(1905-2005) in which twenty-nine works made between 1937 and 1971 are exhibited. Revaluating in particular its abstract production, the Museum of Latin American Art of Buenos Aires (Malba), presented an exhibition with 72 of his works, including paintings, reliefs, sculptures, drawings and tapestries, curated by Adriana Lauria. The sample titled “Yente / Prati, “which also included a section dedicated to the concrete artist Lidy Prati, (2009) and was accompanied by a complete catalog-book  Spanish-English edition, with reproductions of the pieces exhibited). In 2009 and 2010 he participated in the 2nd and 3rd AMIA Shows and Auction of Argentine Contemporary Art, both at the AMIA headquarters in Buenos Aires. In 2010, her work is included, along with more than 80 artists, in “Reality and Utopia. Argentiniens künstlerischer Weg in die Gegenwart” held at the Akademie der Künste in Berlin, an exhibition that is presented the following year at the National Museum of San Carlos de Mexico D.F. In 2010, her work intervenes in “El imaginario de Ignacio Pirovano, patrimonial sample of reopening of the Museum of Modern Art of Buenos Aires,” in “Artist Books” of Argentina, Stand of Argentina in the Frankfurter Buchmesse (Book Fair of Frankfurt), in “Great authors . Great illustrators,” Museum of Plastic Arts Eduardo Sívori, Buenos Aires, and in “Images and Stories. Documentary photography and Visual Arts of Argentina 1850-2010,” at the Recoleta Cultural Center in Buenos Aires, in 2011.Integra in 2011 “Tribute to the 40s, historical show of the galleries fair of Buenos Aires ‘Expotrastiendas.'” In that year her work also appears in “Abstractions / a cut from the Castagnino + Macro collection” at the Castagnino Museum in Rosario. Between 2011 and 2012, her work is included in “Young and Modern of the 50s” of the Museum of Modern Art of Buenos Aires. In 2013, the gallery Alejandro Faggioni – Art Studio of Buenos Aires organizes a sample of 26 works, both abstract and figurative, made between 1937 and 1982. A significant set of her works is part of the collection of the Art Museum Modern Buenos Aires, as well as integrating the collections of the Eduardo Sívori Museum, the National Fund of Arts, the Provincial Museum of Fine Arts of Santa Fe, Rosa Galisteo de Rodríguez, the Municipal Museum of Fine Arts of Rosario Juan B. Castagnino, of the Museum of Israel in Jerusalem, of the Casa Argentina in that city and of the AMIA. It is also part of private collections of Argentina, Chile, Italy, Germany, Israel and the United States.

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Susana Gertopán — Novelista judío-paraguaya/Paraguayan Jewish Novelist — Todo pasó en setiembre: Una Novela/ Everything Happened in September: A Novel

 

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Susana Gertopán 

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Todo pasó en setiembre

(fragmento de la novela)

Capítulo 7

-¿Y Jacobo?

Cuando el zeide terminó de formular la pregunta, todas las miradas se entrecruzaron, menos la de mi baba. En ese momento ella tomó con el tenedor uno de los varéniques y lo llevó a la boca como si estuviera sola en la mesa, o no hubiera oído aquella pregunta.

-¿Hace frío hoy? ¿No tienen un saco?

-No hace frío papá– le respondió mi madre.

-¿Y Jacobo?

Entonces el tío Elías intervino.

Tote! ¿Por qué preguntas por Jacobo?

-Porque me escribió una carta y ella, señalándome con el dedo, no me quiere dar, me esconde.

-Yo no tengo ninguna carta tuya, zeide.

Pero el abuelo continuó insistiendo. Repetía una y otra vez aquella queja.

-Jacobo me escribió una carta, y yo quiero esa carta, y nadie me da.

-No hay ninguna carta –dijo mi madre.

Entonces el abuelo la miró, y no volvió a preguntar ni a hablar. Había retornado a su estado de olvidos, extraviado en su laberíntica memoria. De nuevo se encontraba atrapado en el vacío, en un presente sin historia.

La baba no agregó ni una sola palabra, ni siquiera me miró, en realidad a nadie, continuó comiendo sin inmutarse mientras yo sentía por primera y única vez su rechazo.

Estábamos en pleno verano. Diciembre se presentaba como siempre, caluroso. Me encontraba contenta, época de vacaciones, de festejos, de ir al club, nadar, tomar sol. De caminatas por la costanera a mirar el río en días luminosos. Las noches eran claras, el atardecer se prolongaba en las copas de los árboles, en los tejados. Mientras, en los patios, la luna se reflejaba radiante, cómplice de serenatas. Las casas olían a jazmín y las veredas a flor de coco. Disfrutaba ayudar en casa de Marianita a desenvolver las figuras de barro que iban en el pesebre, también a armar el árbol de navidad, colgar las guirnaldas, las estrellas de cartón y la purpurina, focos multicolores cuyas luces guiñaban igual a ojos incandescentes. Y aunque los judíos no celebráramos dicha festividad, igualmente me sentía parte de ciertas costumbres del Paraguay.

De niña, cada cinco de enero yo dejaba en casa de unos vecinos mis zapatos con la intención de recibir algún obsequio; ya de adolescente, abandoné esa tradición, pero adquirí otras como ir a las kermeses en diferentes iglesias, colegios, o escaparme a reuniones que mis padres me prohibían ir porque sabían que me encontraría con el noviecito de turno. Me encantaba transgredir los mandatos impuestos por ellos sobre todo cuando no estaban bien fundamentados y para encubrir aquellas desobediencias estaban Azucena y Marianita, mis fieles compinches. También durante esos años se había decretado en el país el estado de sitio, existían persecuciones, prisión y tortura para los que se rebelaban, a todos los que manifestaban sus “ideas subversivas”. Por ello, la preocupación de mis padres no era solamente que me escondiera para ir a un baile, o a encontrarme con algún joven, sino que formara parte de estos grupos. Mi papá siendo profesor de la Cátedra de Clínica Médica en la facultad de Medicina estaba al tanto de los movimientos rebeldes porque en esa universidad, funcionaba un centro de estudiantes que activaba contra el sistema político.

No debíamos olvidar que estábamos gobernados por un régimen despótico. Vivíamos bajo una dictadura.

Aquel día íbamos caminando Marianita, unas vecinas y también Joaquín por el centro de Asunción. Los sábados a la mañana nos reuníamos algunos amigos en una cafetería conocida, eran muy agradables esos encuentros, a veces llegábamos hasta la costanera, o nos quedábamos a comer empanadas en algún bar o sencillamente recorríamos las calles a modo de diversión, pero de pronto aquella mañana se escucharon unos silbatos, también disparos y gritos. Miré a mi alrededor. Era la policía montada que perseguía a un grupo de jóvenes.

Permanecimos juntos aterrorizados y curiosos por ver qué pasaba, pero de pronto Joaquín comenzó a gritar y a insultar a los represores; entonces se acercó un par de policías a golpearlo con cachiporras. Por suerte dos jóvenes lo ayudaron, y finalmente los tres consiguieron escapar de aquella golpiza, pero en la vereda habían quedado manchas de sangre. Marianita y yo permanecimos quietas, tomadas de la mano. Cuando la gente comenzó a dispersarse regresamos a toda prisa. Apenas entré a mi casa fui directo a buscar a la abuela. Pasé por el zaguán, caminé por el corredor largo de baldosas negras y blancas. De un lado de aquella galería estaban los dormitorios y del otro, un pasillo angosto que también comunicaba a la calle. Atrás del patio se encontraba el baño, la cocina y la pieza de Azucena. Y por último, solitario, estaba el cuarto de mi baba como desprendido del resto.

Me sorprendió encontrar su puerta abierta, como si me estuviera esperando.

Ella estaba cosiendo y escuchando música.

-Hola, baba.

Movió el dial de la radio para bajar el volumen.

-Hola, Freidele. Volviste temprano, ¿qué pasó?

-Hubo una manifestación en la calle, sentí miedo, la policía se encontraba reprimiendo a un grupo de jóvenes en la explanada de la Catedral, por eso todos volvimos.

– El país no se encuentra en un momento muy tranquilo, toda Sudamérica está en manos de gobiernos de derecha, militares, hay que cuidarse, sobre todo ustedes, los jóvenes.

¿Cómo fue tu adolescencia, baba?

Ella levantó los pies del pedal y los apoyó en la baldosa. Se sacó los anteojos, miró la pared y me dijo:

-Triste, lo que acabaste de ver en las calles es muy penoso, nosotros vivíamos a diario persecuciones, represiones. Acá el frío no es desalmado como lo era en mi ciudad. Había días que no teníamos para comer ni con qué abrigarnos, no disponíamos de medicamentos, además del miedo que padecíamos. Entonces, los soldados cuando encontraban a algún judío en la calle lo mataban sin ninguna razón o lo castigaban sin piedad; podía tratarse de jóvenes, mujeres, ancianos, niños, total para ellos era igual, lo único que les importaba era “matar un judío”.

-¿Y tu familia?

-Ellos también sufrían. Ser judío allá y en esos años era muy difícil de sobrellevar.

Los pies de la baba de vuelta comenzaron a pedalear. Y ella, dejó de hablar.

-Cóntame, ¿cómo fue tu vida en Vilna?

No respondió.

Continuó cosiendo.

Me acosté en su cama y miré el techo, también en silencio. Me sentía igual a un ladrón aguardando el castigo por haber cometido un delito. Yo estaba ahí resignada a escuchar la reprimenda de mi baba por haber tomado sin permiso la carta, el boleto y la fotografía. Aunque tampoco tenía la certeza que ella se hubiera dado cuenta de aquel robo. No porque el zeide haya nombrado a Jacobo ella tendría que descubrir mi travesura, aunque no se trataba del juego de una niña, sino del capricho y del enojo de una adolescente tras un ataque de celos.

Estaba aguardando el momento en que ella me manifestara su enojo. De pronto se oyeron unos ruidos extraños que llegaban de la calle. Era la sirena de la camioneta de la policía. Entonces mi baba se levantó de la silla y se acostó a mi lado.

Baba, ¿qué está pasando?

-No sé, debe ser que la policía está buscando a alguien.

– Me da miedo lo que pueda pasar.

-Ya no depende de vos ni de mí lo que vaya a pasar.

-¿Quién fue Jacobo, baba?

-Mi marido.

-¿El papá de mi papá?

-Así es, Freidele.

Escondí las manos debajo de la colcha. La miré. Su rostro reflejaba serenidad.

Baba! Te diste cuenta, ¿verdad?

-En esa carta él me contaba que ya había comenzado la guerra. Que Shimon y él nos extrañaban mucho, a tu padre y a mí. Que ya se encontraban dentro del ghetto.

-Pero no fue eso lo que me leyó el zeide.

– ¿Él te leyó la carta, así como estaba escrita, en yiddish?

-Primero la leyó en yiddish y luego la tradujo.

-¿Y qué decía la carta según tu zeide?

-Hablaba del frío, del hambre, dijo algunos nombres que yo no conocía, y que en la calle había muchas frutas, y que Jacobo estaba en una fábrica. En realidad, no era muy claro su relato.

La baba me acarició el pelo y rio.

-Ah, sabés mi tesoro, aquel boleto era de una entrada al cine, y en la foto está mi familia, fue durante un pesaj, el último que pasábamos juntos.

-¿Quiénes?

-Mis padres, mi marido y mis hijos. En esa fotografía tu papá aún no había cumplido el año y Shimon tenía tres añitos.

-¿Y después qué pasó, baba?

– Luego, tu papá y yo nos escapamos de Vilna.

-¿Solo ustedes?

-Sí. No le conté a nadie del viaje.

-¿Por qué, baba?

Permanecimos acostadas, en silencio, mirando las paletas del ventilador dando vueltas y vueltas. Luego escuché mi nombre. Era mi mamá que me estaba llamando. Me levanté y salí del cuarto. Regresé a visitar a mi baba en la noche. La habitación estaba a oscuras y ella se encontraba en un rincón, meciéndose en el sillón de mimbre.

-No prendas la luz, Freidele.

-¿Baba?

-Sí, meidele

-¿Me perdonás?

Se puso de pie y encendió la luz del velador. Volvió a sentarse en el sillón con la mirada puesta en el suelo y sin levantar la vista, me preguntó.

-¿Por qué? ¿Qué tengo que perdonarte, Freidele?

-Que te haya robado la carta, el boleto y la foto.

-¿Qué cosas?

-Las que estaban guardadas en un sobre amarillento dentro de uno de los cajones de la cómoda.

Ella no respondió. Continuó meciéndose, mientras observaba con ojos lánguidos la noche apagada. Noche insomne que acompañaba el trajín de su vida.

Aquel verano, además de haber cometido un robo, me había enamorado.

Por primera vez sentía deseos, quería estar, encontrarme con Vicente. Era ese joven el que despertaba mis ganas de amar.

Cuando mi madre se enteró de mis encuentros con Vicente, además de castigarme, me habló de los peligros del enamoramiento a mi edad, de las consecuencias que podrían acarrearme un encuentro íntimo con un hombre. Me recitó todos los peligros que se corren al tener sexo, comenzando en el desnudo. Recibí amenazas de mi padre; los dos argumentaban que yo era muy joven para tener novio, además y sobre todo porque Vicente no era de la comunidad, que era apenas un adolescente. Sin embargo, cuando le conté a la baba aquel sentimiento, ella me habló de lo hermoso que es amar, que las experiencias íntimas son eso, íntimas, solo se viven de a dos y que a nadie debía confiar mis emociones ni mi sentir, solo debía disfrutarlas. Me dijo que no temiera al desnudo, ni al mío ni al del otro. Que solamente sin ropa uno se conoce.

Luego de un par de días me regaló un libro de poemas de Gustavo Adolfo Bécquer. No llevaba dedicatoria porque mi baba no había aprendido a leer ni a escribir correctamente en castellano.

Poco tiempo disfruté de los encuentros con Vicente, pronto llegaría la fecha de nuestra partida. Se trataba de una determinación, incuestionable.

A pesar del disgusto que la futura mudanza ocasionara a mi madre, de sus permanentes negativas por tener que irnos, abandonar todo, de las miles de razones que argumentaba para evitar aquel traslado, mi padre hacía caso omiso a sus reclamos y continuaba con los trámites para aquel exilio.

Mi madre padecía con solo pensar que debía abandonar a la baba, a su padre, al tío Elías.

Mi hermano se oponía férreamente a ese cambio, los motivos con que justificaba su negativa eran válidos: se encontraba cursando el segundo año de ingeniería, no tenía ninguna intención de abandonar la carrera ni continuar en otra universidad y mucho menos en otro país. Yo expuse mi rechazo por tener que dejar la casa, los amigos, al zeide, que se había puesto muy viejo y con una salud extremadamente deteriorada, al tío Elías y sobre todo a mi baba. No podía aceptar por ninguna razón separarme de ella. Era inconcebible.

Mi padre no escuchó ningún reclamo, ni tampoco quejas. Igual nos fuimos.

Los días previos a la mudanza y los meses que le siguieron fueron para mí los más tristes que recuerdo haber vivido. No entendía cómo mi padre podía abandonar a mi baba. A esa mujer mayor, a su madre que no tenía parientes en Asunción. Ni en ningún otro lugar.

Pero no hubo argumentos que lo hiciesen reflexionar y desistir.

La decisión estaba tomada.

Nunca logré superar aquel dolor, como tampoco la baba consiguió superar los suyos.

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Libros/Books – Susana Gertopán

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Susana Gertopán

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Everything Happened in September

(Part of the novel)

Chapter 7

“And Jacobo?

When the zeide had finished formulating the question, everyone looked at each other, except my baba. At that moment, she took one of the varéniques with a fork and raised it to her mouth, as if she were alone at the table, or that she had not heard that question.

“Is it cold today, Don’t you all have jackets?”

“It’s not cold, papa.” My mother answered him.

“And Jacobo?”

Then Uncle Elias intervened.

Tote! Why do you ask about Jacobo?”

“Because he wrote me a letter and she, pointing to me with his finger, doesn’t want to give it to me. She is hiding it from me.

“I don’t have any card of yours, zeide.

But the grandfather kept insisting. He repeated his complaint time and again.

“Jacobo wrote me a letter, and I want that letter, and nobody gives it to me.”

“There is no letter,” my mother said.

Then grandfather looked at her, and didn’t ask again or speak. He had returned to his state of forgetfulness, lost in his labyrinthine memory. Once again, he found himself trapped in the void, in a present without history.

La boba didn’t say a single word, she didn’t even look at me, or really, at anyone. She  continued eating with without batting an eyelash, while I felt her rejection for the first and only time.

We were in full summer. December presented itself as always, hot. I found myself to be content, vacation time, of celebrations, to go to the club, swim, sunbathe. Of strolls by the esplanade to see the river in luminous days. The nights were clear, the dusk extending itself onto the tops of the trees, on the roofs. Meanwhile, in the patios, the moon was reflected radiantly, an accomplice to the serenades. The houses smelled of jasmine and the sidewalks of coconut flowers. It was pleasant to help out in Marianita’s house, to unpack the clay figures that went into the manger, and also to put up the Christmas tree, hang the wreaths, the cardboard stars, the glitter, multicolor lights winked like incandescent eyes. And although the Jews didn’t celebrate that holiday,  I felt equally a part of certain Paraguayan customs.

As a girl, every fifth of January, I would leave my shoes in the home of some neighbors with the intention of receiving a present, as an ado;escent, I abandoned this tradition, but I took on others such as going to the festivals in different churches, high schools, or sneak away to parties that my parents had prohibited me from attending, because they knew that I would meet with my little boyfriend of the moment. I loved transgressing the rules imposed by them, especially when they weren’t well justified. My loyal partners in crime Azucena and Marianita were there to help. Also, throughout those years, martial law had been declared in the entire country. There were persecutions, prison and torture for those who rebelled, for everyone who expressed “subversive ideas.” For that reason, my parents’ worry wasn’t only that I sneak way to attend a dance, or meet some young man, but that I join one of these groups. My father, being a full professor of Clinical Medicine in the School Medicine was up to date about the rebel movements because in that university, a student center whose purpose was to fight against the political system.

We shouldn’t forget that we were governed by a despotic regime. We were living under a dictatorship.

That day, I was walking with Marianita, some neighbors and also Joaquín though the center of Asunción. On Saturday mornings, some friends met in in a familiar cafeteria; these get togethers were very enjoyable, sometimes we arrived as far as the esplanade, or we stopped to eat empanadas in some bar or we simply walked around the streets for fun. However, that morning we heard some whistles and also shots and shouting. I looked around. It was the mounted police pursuing a group of young people.

We huddled together, terrified and curious to see what was happening, but suddenly Joaquín began to shout and insult the repressors; then a pair of policemen approached in order to hit him with billy clubs. Luckily, two young men helped him, and finally the three were able to escape that beating, but there were blood stains on the sidewalk. Marianita and I remained motionless, holding hands, When the people began to disperse, we went back as fast as we could. Having barely entered my house, I went straight to find my grandmother. I passed through the hallway, walked through the long corridor of black and white tiles. On one side of that veranda were the bedrooms and on the other, a narrow passage that also opened to the street. Behind the patio was the bathroom, the kitchen and Azucena’s room. And finally, alone, was the room my baba had cut herself off from the rest of the house.

It surprised me to find her door open, as if she were waiting for me.

She was sewing and listening to music.

“Hi, baba.”

She turned the radio dial to lower the volume.

“Hi Freideled. You’re back early. What happened?”

“There was a demonstration in the street. I was afraid. The police were there suppressing a group of young people on the esplanade of the Cathedral, so we all came back.

“The country isn’t in a tranquil moment, all of South America is in the hands of right-wing governments, military, you have to be careful, especially the young people.

“What was your adolescence like, baba?”

She took her feet off the pedals and rested them on the tile floor. She took off her glasses and looked at me:

“Sad, what you just saw in the streets is very painful. We were living through daily persecutions, repressions. Here the cold isn’t as bitter as it was in my city. There were days when we didn’t have anything to eat or to keep us warm, we didn’t have medicines, to say nothing of the fear we suffered. In those days, when the soldiers found a Jew in the street they killed him for no reason or they beat him without mercy; it could be young people, old people, children, the same was true for all, the only thing that mattered was “to kill a Jew.”

“And your family?”

“They suffered too. To be a Jew there and in those years, it was very difficult bear.

Baba’s feet began to pedal again. And she stopped speaking:

“Tell me. How was your life in Vilna?’

She didn’t answer.

She continued sewing.

I lay down in her bed and I looked at the ceiling, also in silence. I felt like a thief awaiting punishment of having committed a crime. I was there resigned to hear the scolding from my baba for having taken without permission the letter, the ticket and the photograph. But neither was I sure that she had been aware of the theft. Even though zeide named Jacobo, she wouldn’t have necessarily have discovered my mischief, though it wasn’t a little girl’s game, but the whim and anger of an adolescent after an attack of jealousy.

I was waiting for the moment when she would show her anger. Suddenly, we heard some strange noises coming from the street. It was the siren of a police van. Then my baba got up from her chair and lay down at my side.

Baba. What’s happening?”

“I don’t know. It must be that the police are looking for someone.

“What could happen frightens me.”

“It doesn’t depend on you or on me what’s going to happen.”

“Who was Jacobo, baba?

“My husband.”

“My father’s father?”

“That’s right, Freidele.”

I hid my hands under the bedspread. I looked at her. Her face reflected serenity.

“Baba, you figured it out, right?”

“In that letter, he told me that the war had already begun. That he and Shimon missed us, your father and me, terribly. That they were already in the ghetto.

“And it wasn’t that which zeide read me.”

“Did he read you the letter as it was written, in yiddish?”

“First he read it in Yiddish, and the he translated it.”

“What did the letter say, according to your zeide?”

“It talked about the cold, the hunger, it mentioned some names that I didn’t know, and that in the street there was a lot of fruit, and that Jacobo was in a factory. Truthfully, the story wasn’t very clear.

Baba caressed me and laughed.

“Ah, you know my treasure, that ticket was for the movies and my family is in the photograph. It was during Pesach, the last one we spent together.”

“Who?”

“My parents, my husband and my children. In that photograph, my father was not yet one year old and Shimon was three.”

“And what happened after that, baba?”

“Then you father and I escaped to Vilna.?

“Only you two?”

“Yes, I didn’t tell anyone about the trip.”

“Why, baba?”

We stayed in bed, in silence, looking at the fan blades going round and round. Then I heard my name. It was my mother who was calling me. I got up and left the bedroom. That night, I visited my baba again. The room was dark, and I found her in a corner, rocking on a wicker chair.

“Don’t turn on the light, Freidele”.

“Baba?”

“Yes, meidele.”

“Do you forgive me?”

She stood up and turned on the light on the fan. She sat down again with her gaze fixed on the floor, and without raising her voice, asked me>

“Why?” What do I have to forgive you for, Freidele?

“That I stole from you the letter, the ticket and the photograph.”

“What things?”

“Those that were kept in a yellowed envelope in side of one of the drawers of the dresser.

She didn’t answer. She continued rocking, while she observed the listless night with languid eyes. Sleepless night that accompanied the comings and goings of her life.

That summer, besides committing a robbery, I had fallen in love.

For the first time, I felt desire, I wanted to be, to meet with Vicente. I was that boy who awakened my wish to love.

When my mother learned of my meetings with Vicente. Besides punishing me, she spoke to me about the dangers of falling in love at my age, of the consequences which an intimate encounter with a man could lead me. She recited to me all the dangers that are involved in having sex, beginning with nudity. I received threats from my father; the two argued that I was very young to have a boyfriend, and more so because Vicente wasn’t from the Jewish community, that he was hardly an adolescent. Nevertheless, when I told baba about those beliefs, she spoke about how beautiful love is, that intimate experiences are just that, intimate, they only live as a couple, and that I shouldn’t entrust my emotions or my feelings to anyone, just enjoy them. She told me not to fear nudity, not mine nor that of the other. That only without clothing do you know yourself.

A couple of days later, she gave me a book of poems by Gustavo Adolfo Bécquer. There was no dedication because my baba hadn’t learned to read or write correctly in Spanish.

I had little time to enjoy my meetings with Vicente, soon would arrive the date of our departure. That decision was an unquestionable.

Despite my mother’s being greatly upset about the future move, her permanent negative feelings about our having to go, to abandon everything, of the thousands of reasons that argued to avoid that move, my father paid no attention to her demands and went on with the procedures for that exile.

My mother suffered simply to think that it was necessary to abandon boba, her father and Uncle Elias.

My brother fiercely opposed that change, the motives by which he justified his negative position were valid; he was in his second year of engineering school, he didn’t have the slightest intention of giving up his career or continuing in another university and even less in another country. I expressed my refusal to having to leave the house, zeide, who was now very old and with extremely poor health. Uncle Elías, and above all my baba. There was no reason that could make me accept separating from her.

My father didn’t listen to any demand or complaints either. Just the same, we left.

The days before the move and the months that followed it were for me the saddest that I can remember having lived through. I didn’t understand how my father could abandon my baba, that old woman, his mother, who didn’t have relatives in Asuncion. Nor in anywhere else.

But there were no arguments that would make him think about it and and desist.

The decision was made.

I never succeeded in getting over that pain, as neither did boba get over hers.

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Humberto (Cacho) Costantini (1924-1987) — Poeta y escritor judío-argentino/ Argentine-Jewish Poet and Writer — “Inmortalidad”/”Immortality”

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Humberto Costantini

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Humberto (Cacho) Costantini, de origen judío sefardí italiano, nació en 1924 en Buenos Aires. Su profesión fue médico veterinario,  En el duro oficio de mantener una familia, el de “veterinaria” fue sólo uno de los varios que debió desplegar. La literatura sería, por el contrario, una pasión permanente. Su primera publicación fue un libro de cuentos, De por aquí nomás, en 1958. Los que siguieron (1963)  Un año después llegó el teatro, con Tres monólogos (“Estimado prócer”, “La llave” y “Un señor alto, rubio, de bigotes”). Su primer poemario salió en 1966, Cuestiones con la vida.  En 1973, escribió el Libro de Trelew, un homenaje épico a los compañeros fusilados el 22 de agosto de 1972 en la cárcel homónima. Más cuestiones con la vida es el segundo libro de poemas, del año 1974.. De dioses, hombrecitos y policías, una novela escrita en la dictadura, mientras el autor se veía obligado a escapar de la persecución política en 1976, a vivir en la clandestinidad y a contar a los compañeros caídos, se publicó en México en 1979. Ésta ganó el Premio Casa de las Américas en Cuba en 1979.  En México, publicó su segunda novela, La larga noche de Francisco Sanctis, 1984. Regresó al país en 1983, trayéndose Chau, Pericles, que se editó en 1986 junto con sus otras obras teatrales.

Humberto Costantini se involucró activamente en política, ligado al Partido Comunista. Así y todo, mantuvo serias discrepancias programáticas en torno a la dirección burocrática y stalinista y, finalmente, abandonó el partido.También desarrolló una importante actividad gremial, en particular la de los escritores. En 1973, se presentó a elecciones como candidato a presidente por la lista Movimiento de Escritores por la Liberación Nacional. Amenazado, dejó el país por ocho años. Una vez de regreso, se lo escuchó esperanzado. La apertura democrática después de la derrota de los ’70 fue, para muchos artistas e intelectuales que habían luchado por una sociedad distinta, una forma de creer que no se había perdido todo.

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Cuentista, novelista, actor teatral y poeta, Costantini es una de las voces más personales en la literatura porteña, que reúne el matiz barrial e intimista-reivindicando una y otra vez las calles de Villa Pueyrredón, su zona de residencia–con indicaciones sobre la condición humana que revelan un auténtico sabor universal. Ello explica su éxito en otros idiomas, fue traducido al inglés, al hebreo, al ruso ya a otras lenguas con señalado suceso.

Ricardo Feierstein

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LIbros — Humberto Costantini

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          Humberto (Cacho) Costantini, of Italian Sephardic Jewish origin, was born in Buenos Aires in 1924. He was a veterinarian by profession, In the hard travail of maintaining a family, the “veterinary” was just one of several jobs that he had to undertake. Literature would be, on the contrary, a permanent passion. His first publication was a book of short stories, De por aqui aqui, in 1958. A year later, his  play ,Tres monólogos (“Dear hero,” “The key” and “A tall, blond man , of whiskers “). His first collection of poems came out in 1966, Questions with life. In 1973, he wrote the El libro de Trelew, an epic tribute to the companions shot on August 22, 1972 in the homonymous prison. More questions with life is the second book of poems, from the year 1974. Of gods, little men and police, a novel written in the dictatorship, while the author was forced to escape political persecution in 1976, to live in the clandestinity and count to fallen comrades, was published in Mexico in 1979. This won the Casa de la Americas Award in Cuba in 1979. In Mexico, he published his second novel, The long night of Francisco Sanctis, 1984 .. He returned to the country in 1983 , bringing Chau, Pericles, which was released in 1986 along with his other plays.

Humberto Costantini became actively involved in politics, as part of the Communist Party. Even so, he maintained serious programmatic discrepancies around the bureaucratic and Stalinist leadership and, finally, left the party. He also developed an important trade union activity, particularly that of the writers. In 1973, he ran for election as a candidate for president with the party, Movement of Writers for National Liberation, Threatened, left the country for eight years. Once back, he was listened to hopefully. The democratic opening after the defeat of the ’70s was, for many artists and intellectuals who had fought for a different society, a way of believing that everything had not been lost.

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Short-story writer, novelist, stage actor and poet, Costantini is on of the most personal voices of the literature of Buenos Aires, that brings together the local and intimate tone–reclaiming once and again the streets of Villa Puerredón, his zone of residence–with comments about the human condition that reveal an authentic universal flavor. That explains his success in other languages. His work was translated into English, Hebrew, Russian and other languages with notable results

                                                                                                                   Ricardo Feierstein

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Books – Humberto Costantini.

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INMORTALIDAD

Ocurre simplemente que me he vuelto inmortal.

Los colectivos me respetan,

se inclinan ante mí,

me lamen los zapatos como perros falderos.

 

Ocurre simplemente que no me muero más.

No hay angina que valga,

no hay tifus, ni cornisa, ni guerra, ni espingarda,

ni cáncer, ni cuchillo, ni diluvio,

ni fiebre de Junín, ni vigilantes.

Estoy del otro lado.

Simplemente, estoy del otro lado,

de este lado,

totalmente inmortal.

 

Ando entre olimpos, dioses, ambrosias,

me río, o estornudo, o digo un chiste

y el tiempo crece, crece como una espuma loca.

Qué bárbaro este asunto

de ser así, inmortal,

festejar nacimiento cada cinco minutos,

ser un millón de pájaros,

una atroz levadura.

Qué escándalo caramba

este enjambre de vida, esta plaga llamada con mi

nombre, desmedida, creciente,

totalmente inmortal.

 

Yo tuve, es claro, gripes, miedos,

presupuestos,

jefes idiotas, pesadez de estómago,

nostalgias, soledades,

mala suerte…

Pero eso fue hace un siglo,

veinte siglos,

cuando yo era mortal.

Cuando era

tan mortal, tan boludo y mortal,

que ni siquiera te quería,

date cuenta.

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IMMORTALITY

It simply happens I have become immortal.

The city buses respect me,

they bow before me,

like lap dogs they lick my shoes.

 

It simply happens I am no longer dying.

There’s no angina worth anything,

no typhus, cornice, war, or cannon,

cancer, knife, or flood,

no Junín fever, no vigilantes.

I’m on the other side,

Simply, I’m on the other side,

from this side,

fully immortal.

 

I move among Olympus, gods, ambrosias,

I laugh, or sneeze, or tell a joke

And time expands, expands like a crazy foam.

How marvelous existing

like this, immortal

celebrating birth every five minutes,

being a million birds,

an atrocious leavening.

What a scandal, caramba!

this swarm of life, this plague called by my

name, excessive, increasing,

fully immortal.

 

I used to suffer, sure, from flus, fears,

budgets,

Idiot bosses, indigestion,

homesickness, solitude,

bad luck. . .

But that was a century ago,

twenty centuries,

when I was mortal.

When I was

so mortal, so stupid and so mortal,

that I didn’t even love you,

you have to understand.

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PUNTUALIZO

No que me falten dudas o tristezas,

ni que me encuentre en déficit de penas,

ni que sea pobre en soledad o miedos,

ni que no tenga una vulgar neurosis

donde caerme muerto. No, nada de eso,

gracias a dios

yo tengo mi cuentita en el banco del esgunfio

como cualquier mortal.

 

Sólo ocurre que las penas son bichos nauseabundos,

la soledad voltea como el tifus,

los rompimientos vienen generalmente

con gritos, puertas, odios,

puteadas furibundas,

manos en el pescuezo,

y a veces con un llanto

blando, sonso, de niño, interminable,

mendigando un perdón.

 

Sólo que la tristeza

es sucia, miserable, asustada e inútil,

refractaria a la máquina

y a los lindos colores del crepúsculo.

Sólo que la neurosis,

que quiere que le diga,

se parece bastante a la idiotez.

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I POINT OUT

It’s not that I’m lacking doubt or sadness,

nor that I find myself with a deficit of troubles,

nor that I’m poor in loneliness or anxieties,

nor that I have an everyday neurosis

where I fall down dead. No, nothing like that,

thank God

I have my little account in the bank of aggravation

like any mortal.

 

It only happens that troubles are nauseating bugs,

loneliness spins you around like typhus,

breakups generally come

with shouting, doors, hatreds,

furious insults,

hands at your throat,

and sometimes with

a soft, silly, interminable cry like a child’s,

begging for forgiveness.

 

Only, sadness

is dirty, miserable, disturbing, and useless,

resisting the machine

and the pretty colors of twilight.

Only that it is neurosis,

wanting me to tell you,

it seems like idiocy.

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CHE MUNDO, COSA, GENTE

Che mundo, cosa, gente,vida en serio,

no se me rajen, tomen una sopa conmigo.

Sepan, yo soy un pecador,

anduve con el diablo,

anduve en contrabando de palabras,

supe fabricar vida hablando solo,

me lo pasé en peleas, cayéndome y matando.

Supe vistear con Dios

(una vez lo paré y le pedí fuego,

casi me mata el bárbaro).

Yo soy un pecador,

pero pagué, tuve condena y la cumplí carajo.

Por eso mundo, cosa, gente,

vida en serio,

no se me rajen, tomen

una sopa conmigo,

digo, si no los comprometo.

Tomen algo.

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CHE, WORLD, THING, PEOPLE

Che, world, thing, people,

life is serious,

don’t criticize me, have some of my soup.

Know, I am a sinner,

I hung out with the devil,

I hung out in a contraband of words,

I learned to fabricate a life, speaking alone,

I got into in fights, falling and killing.

I learned to focus on God

(once I stopped him and asked for a light,

the brute almost killed me).

I am a sinner,

but I paid for it, served my full sentence, damn it.

For that world, thing, people,

life is serious,

don’t knock me, have

some of my soup,

I say, if it won’t embarrass you.

Have something.

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TAREA

Han de saber

que cuando en la oficina no hay trabajo, yo trabajo,

trabajo como un negro,

sudo tinta,

ando detrás de pájaros azules,

me meto en grandes líos con los sueños,

me desangro en palabras,

salgo a cazar ballenas y crepúsculos,

domestico elefantes

(hay que ver qué furor el de la selva)

le explico al faraón cosas del tiempo,

hago el amor a veces,

lucho con los zulúes cuerpo a cuerpo,

tengo que abrirme paso en un perfume,

volver para las doce,

morirme,

andar recuerdos.

 

Tengo que hablar con Dios,

volverme loco, lanzar varias proclamas de justicia,

escapar de la hoguera,

vestirme de jamás para un entierro.

 

No descanso ni un minuto,

me doy un gran trajín con las cigarras,

me cito con Lenin y arreglo el mundo,

llamo a larga distancia,

digo anote en mi agenda: Nazareno,

trato cosas del aire con gaviotas,

compro verdes, azules, amarillos

y los despacho por expreso al cielo.

Hago arreglo con nubes,

firmo tardes de otoño con llovizna,

corro a cambiar estrellas que andan flojas,

promuevo madreselvas, dicto inviernos…

cuando el jefe me mira y dice ejem,

ya que usted no hace nada y tiene tiempo…

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MY JOB

They ought to know

that when in the office there is no work, I work,

I break my ass,

I sweat ink,

I walk behind blue birds,

my dreams make trouble for me,

words bleed my dry,

I go out hunting whales and twilights,

I tame elephants

(You have to see how furious the jungle is)

I explain these times to the Pharaoh,

I occasionally make love,

I fight hand to hand with Zulus,

I have to make my way through perfume,

return by twelve o’clock,

die,

walk with my memories.

 

I have to speak with God,

go crazy, proclaim justice,

escape the stake,

never dress for a funeral.

 

I never rest even for a moment,

I raise a ruckus with the cicadas,

I meet with Lenin and repair the world,

I call long distance,

I say: make a note in my agenda: Nazarene,

I try things in the air with the gulls,

I buy greens, blues, yellows

and I send them off by express into the sky.

I make an arrangement with clouds,

I sign off on autumn with a little rain,

I run to change faltering stars.

I promote honeysuckles, I dictate winters. . .

when my boss looks at me and says, ahem,

as long as you’re not busy and have time. . .

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DE/FROM: Humberto Costantini, Reverso: Poemas escogidas .pdf. n. d.

Los libros más conocidos de Humberto Costantini/                        Humberto Costantini’s Best Known Books