Martin Blaszko (1920-2011 ) — Artista visual y escultor judío-argentino/ Argentine Jewish Artist and Sculptor — El movimiento “MADI”/ The “MADI” Movement

 

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Martin Blaszko

Martin Blaszko Website

Martin Blaszko (Martin Blaszkowski) nació en Berlín en 1920. Como su familia era judía, se trasladaron a Polonia en 1933 y luego a Francia en 1938, donde conoció a Marc Chagall. En 1939 emigró con su familia a Buenos Aires.

Comenzó su formación académica en Europa con Jankel Adler y Enrique Barczinski. “En 1945, conocí a Carmelo Arden Quin, el fundador del grupo MADI. La claridad, la frialdad y la estricta ejecución de su obra me impresionaron profundamente”, declaró  A partir de entonces él también sería miembro del movimiento MADI.

En 1952 fue galardonado por el Instituto de Arte Contemporáneo de Londres por su proyecto “Monumento al Prisionero Político Desconocido” expuesto en la Tate Gallery de Londres. En 1958, recibió la medalla de bronce en la Feria Internacional de Bruselas. Se lo reconoció internacionalmente como uno de los escultores más interesantes y originales de Argentina.

En 1990 formó parte de la exposición Artistas latinoamericanos del siglo XX, organizada por el Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York. In 2001, realizó una exposición individual en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (MAMbA).

La obra de Blaszko refleja la lucha de dos fuerzas antagónicas en las formas geométricas puras de sus esculturas. De alguna manera a través de la tensión y la polaridad es capaz de lograr el equilibrio.

Blaszko es conocido por su trabajo como autor y como artista. Era bastante articulado en sus escritos y capaz de lograr una conciencia no sólo para su propio arte, sino también para el movimiento MADI. Falleció en Buenos Aires en 2011.

Adaptado de: Biografías Gratis: https://www.biografiasgratis.com

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Martin Blaszko (Martin Blazkowski) was born in Berlin in 1920. As his family was Jewish, they moved to Poland and then to France where he meet Marc Chagall. In 1939, he immigrated with his family to Buenos Aires.

He began his academic formation in Europe with Jankel Adler and Enrique Barczinski. In 1945, he met Carmelo Arden Quin, founder of the MADI group. “The clarity, the coldness and the strict execution of his work impressed me profoundly,” he declared. From then on, he would also be a member of the MADI movement.

In 1952, Blaszko was given an award by the Institute of Contemporary Art in London For his project “Monument to the Unknown Political Prisoner.” In 1958, he received the bronze medal from the International Fair in Brussels. He was recognized internationally as one of the most interesting and original sculptors of Argentina.

Blaszko is known for his work as a writer as well as an artist. He was very clear in his writing and capable of reaching an awareness not only for his own art, but also for the MADI movement. He died in Buenos Aires in 2011.

Adapted from: Biografías Gratis: https://www.biografiasgratis.com

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El movimiento MADI en el arte

El arte se caracteriza por suprimir toda referencia a la realidad visible del mundo y eliminar todas las semejanzas con las formas naturales. Permite al hombre inventar objetos para luchar por una sociedad que libera la energía a domina el espacio y el tiempo en todos los sentidos.

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The MADI Movement in Art

Art is characterized by suppressing all reference to the visible reality of the world and eliminating similarities with natural forms. It allows man to invent objects that fight for a society that liberates the energy that dominates space and time in all its meanings.

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Obras/Works

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Pintura Madi, Ritmos dinámicos, 1947
Óleo
Altura 50 cm.
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Plano Azul, 1951
Óleo sobre tela
50×80 cm.
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Armonía en Verdes, 1947
Óleo sobre tela
55 x 90 cm.
final
Pared Madi, 1990
Bronce
60 x 49 x 13 cm.
montaje
Proyecto para el Monumento al Prisionero Político Desconocido” 1952, Aluminio, 110 x 66 x 48 cm
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Contrincantes en eterna lucha, 2005
Madera pintada
49 x 27 x 26 cm.
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Homenaje al Día Internacional de la Paz, 1986. Parque Centenario de Bs As
Aluminio Pintado
Altura 200 cm.
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“Constelación cósmica, 1993
Aluminio pintado
70 x 34 cm.
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La Fuerza, 1955
Madera
26 x 43 x 10 cm.
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La Protesta, 1966
Bronce
20 x 23 x 24,5

 

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Bipolaridades en el contexto urbano, 2005
Aluminio pintado
75 x 41,5 x 35 cm.
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Nostalgia Madí, 2004
Óleo sobre hardboard
49 x 34,5 cm.

 

Andrés Bohoslavsky — Poeta judío-argentino/ Argentine Jewish Poet — “El tío Serguey” y otros poemas/ “Uncle Serguey” and other poems

Foto
Andrés Bohoslavsky

Andrés Bohoslavsky

Trabaja en los barcos y baja poco a tierra. Sigue escapando del mundo..Viajero sin destino y sin paradero conocido. Es laico.

Colaborador permanente de la Editorial Verulamiun Press, St. Albans, Inglaterra.

Colaboraciones en revistas nacionales y extranjeras.

Libros:

El ghetto de Vincent. texto adaptado para representación teatral / Amsterdam, ,Holanda, 2001.

El río y otros poemas  / The River and Other Poems. St. Albans, Inglaterra: Editorial Verulamium Press, 2003.

El pianista del Black Cat y otros poemas. Buenos Aires: Editorial La carta de Oliver, 2004.

China ocho milímetros. Buenos Aires: Editorial  La carta de Oliver, 2009.

Una noche en bosque-poesía y otros poemas. Buenos Aires:  Editorial Leviatán, 2014.

La camarera que se creía Greta Garbo y el plomero que soñaba ser Lenin y otros poemas. Buenos Aires: Editorial “La carta de Oliver,  2016.

Los ojos de Sasha o El fin de un sueño rojo. Buenos Aires:  Editorial Leviatán, , 2017

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Poemas de:/Poems from:  Andrés Bohoslavsky. Los ojos de Sasha o El fin de un sueño rojo. Buenos Aires: Leviatán, 2017.

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                        “El tío Serguey”

Cualquier persona que tiene una sonrisa perpetua en el rostro, oculta

una violencia que asusta.

Greta Garbo 

Mi madre y su hermano Serguey llegaron en un barco

[a Nueva York

a principios del siglo pasado.

Junto a ellos, bajó un matrimonio de apellido Demsky

 

Sus ideas la convirtieron en líder de los inmigrantes rusos.

Al ser expulsada por las autoridades de migraciones

debió abandonar el país de la libertad en setenta y dos horas,

partiendo hacia Argentina en otro barco plagado de pobres.

 

A su hermano, el hambre y el instinto de supervivencia

lo llevaron a Hollywood

donde filmó, con el hijo de aquella pareja:

Issur Danilovich Demsky, más conocido como Kirk Douglas.

 

Ya en Buenos Aires, continuó pagando con persecuciones

su línea de pensamiento

mientras mi tío se volvía millonario y con el paso del tiempo

se convirtió en el dueño de varias joyerías.

 

Esta foto juntos, ajada por los años

en una ciudad que no reconozco

muestra a un hombre impecablemente arreglado, con un

[traje oscuro

y un sombrero que habla de su ascenso social.

Mi madre, a su lado, sencillamente vestida

con su cabello sujeto por una peineta y una flor, una rosa

asomando de su saco

símbolo de los combatientes de su época.

 

Los hijos del tío Serguey, ampliaron los negocios del padre

sumando a las joyas, un estudio de cine,

una casa de alta costura y otra de bienes raíces

que aquí se denominan inmobiliarias.

 

Yo seguí ganándome la vida en los barcos o en los astilleros

viajé por el mundo, aún después de la muerte de mi madre,

arreglando los motores de los transatlánticos

hasta que los aviones terminaron con ellos y con mi trabajo.

Lo curioso, sucedió aquella vez que bajé unos días

[en Nueva York

y tropecé con carteles de campaña con el rostro del tío Sergei,

candidato a senador por ese estado, una foto gigante que

[repetían al infinito

las calles, con su eterna sonrisa, abrumadora e insoportable.

 

Peor aún, cuando vi esa rosa roja en la solapa de su traje.

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“Uncle Serguey” 

Anyone who has a continuous smile on his face conceals a toughness that is almost frightening.”

                                                  Greta Garbo

A ship brought my mother and her brother Serguey to New York

at the beginning of the last century.

Together with them, a married couple named Demsky disembarked.

 

Her own ideas turned her into a leader of the Russian immigrants.

Expelled by the immigration authorities,

she had seventy-two hours to abandon the country of liberty,

leaving for Argentina in another ship filled with poor people.

 

Her brother’s hunger and an instinct for survival

brought him to Hollywood

where he made films with that other couple’s son:

Issur Danilovich Demsky, better known as Kirk

Douglas.

 

In Buenos Aires, she continued to pay with persecutions

for her way of thinking

while my uncle became a millionaire and with the passing of time

the owner of several jewelry stores.

 

This photo of us together, crumpled by the years

in a city I don’t recognize

shows an impeccably organized man in a black suit.

My mother, at his side, dressed simply,

her hair done up with a comb and a flower, a rose

pinned on her jacket

as a symbol of the militants of her time.

Uncle Sergey’s sons expanded their father’s business,

adding more jewelry stores, a movie studio,

a fashion house and a real estate firm

that dominated rental properties here.

 

I earned my living in ships and shipyards,

traveled the world, even after my mother’s death,

fixing the motors of the Atlantic trade

until airplanes finished them off and my work with them.

 

On shore for a few days in New York one time — how strange —

I came across campaign posters with Uncle Sergey’s face,

a candidate for state senator, a giant picture repeated over and over again

on the streets, with his eternal smile, overwhelming and insufferable.

 

And how much worse, when I saw that red rose in his lapel.

 

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“El viaje”

Mi sueño adolescente era simple, viajar por el mundo

[tomando notas

y luego volver a casa y escribir las impresiones que habían

[enriquecido

mi alma mi corazón mi mente

motores que propulsaron la idea de irme de la ciudad, lugar

[al que volvería

muchos años después de lo imaginable.

 

Luego, la dinámica inexplicable de la vida

eso que algunos denominan destino y otros simplemente

[llamamos azar

consumió mi existencia casi sin darme cuenta.

 

Aquel viaje –que duraría unos meses en su diseño original–

se transformó en un plan con vida propia

y devoró mi tiempo vital casi en su totalidad.

 

Cuando volví, lo que encontré era irreconocible.

La ciudad era otra, la casa no existía

y no había signos del pasado que permitiesen reconocerme

[allí.

Era un extranjero en mi pueblo, como lo había sido todo el

[tiempo

desde que partí.

 

Mientras observaba a las personas

sentí dos cosas al mismo tiempo, que tomaron la fuerza

de las verdades interiores y parecían provenir

de aquellos motores de mi juventud:

mi casa era el mundo y el viaje aquél jamás terminaría.

Antes de irme nuevamente, sentado en el mismo puente

que hace de llegada y partida

por el que salí de la ciudad hace tantos años

saqué mi libreta de anotaciones y escribo.

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“Traveling”

My adolescent dream was simple, travel the world and take notes

then return home and write up the impressions that

had enriched

my soul my heart my mind

motors that propelled my idea of leaving the city,

the place to which I returned

many years later than I could have imagined.

 

Then, the inexplicable dynamic of life

that some call destiny and others of us call simply chance

consumed my existence without my noticing.

 

That trip — originally designed to last a few months —

transformed itself into a plan with its own vitality

and devoured my lifetime in almost totally.

 

When I returned, what I found was unrecognizable.

The city was alien, the house no longer existed

And there were no marks of the past in which I could see myself.

I was a stranger in my town, as I had been all the time

since I had left.

 

While I was observing people

I felt two things at the same time that took on the force

of internal truths and seemed to come from

those motors of my youth:

my home was the world and my traveling would never end.

Before I leave again, seated on the same bridge

that marks arrival and departure

through which I left the city so many years ago

I take out my notebook and write.

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“El ladrón”

 

Desde el punto de vista legal, el tipo es un ladrón.

Desde otra mirada, es simplemente un pobre, como

[el vigilador del mercado

que lo detiene, el policía que lo arresta, la señora que

[lo fusila con sus palabras

y los que miramos la escena que habla por sí misma.

Todos somos pobres y honestos, salvo ese tipo que se comió

[el sándwich

sin pagar, a ese tipo hay que aleccionarlo. Sin dudar

[dicen todos: no podemos

permitir que esto suceda. El ejemplo del resto de la sociedad

pobre y honesta, que camina callada y respetuosa hacia

[la caja, engrosando

los bolsillos de otros delincuentes, da cuenta todos los días.

Cuando era un niño, mi tío repetía la frase: La revolución

[nace de la boca,

del estómago, tal vez de Mao, pero fue hace mucho, cuando

[no éramos

tan serviles ni tan fríos. Y los ladrones de verdad

[desvalijábamos bancos.

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“The Thief”

As the law sees it, this guy is a thief,

Seen differently, just a poor man, like the security guard

who stops  him, the policeman who arrests him, the lady who shoots him with her words,

and we who watch the scene that speaks for itself.

We are all poor and honest, except this guy who ate the sandwich

without paying, this guy who must be taught a lesson. without doubt everyone says; we can’t

allow this to happen. An example for the rest of poor and honest

people who walk silently and respectfully toward the cash register, which fills

the pockets of other delinquents,. keeps the daily accounts.

When I was a child, my uncle repeated the phrase: The revolution is born in the mouth,

in the stomach, perhaps Mao’s, but this was long ago, when we weren’t

so servile or so cold. And thieves for real,

we robbed banks.

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“Feria americana”

Debido a la crisis desatada, a la urgencia de cubrir las

necesidades básicas

abrieron en el barrio una feria americana

donde la gente vende las cosas de las que puede prescindir

y las que tal vez no poseen esa condición

 

Entre las cosas que se venden, aparece una innumerable

[lista de artefactos

de todo tipo / ropa usada / electrodomésticos /comida casera

[antigüedades

y así se podría seguir hasta el aburrimiento

 

Lo que más llamó mi atención fueron las mesas

[donde los poetas

vendían sus textos al público, su clasificación

[también llamativa,

expresada por los carteles que asomaban y cuya pretensión

[era ayudar en la búsqueda

 

Los mismos señalaban al potencial cliente el tema tratado:

surrealistas / existenciales / sucios / minimalistas/

revolucionarios

y tantos tipos de poemas como permitía la superficie cubierta.

 

Entonces recordé a Van Gogh

 

La pobreza lo llevó a cambiar sus cuadros por comida,

y luego el tiempo, paradójicamente,

convertía en millonarios a sus actuales dueños

sin que los propietarios originales imaginaran

el inmenso valor de lo que recibían

por haber saciado el hambre de un loco

como lo denominaban en Arles

 

Los necesitados ofrecen sus cosas y el negocio está a la vista

los poetas venden sus textos de fin de temporada,

apurados por la competencia que todo lo agrava,

con la misma lógica que sufren el resto de los objetos

expuestos también a los vaivenes de la oferta y demanda:

tres al precio de dos, seis al de cuatro o doce al de ocho.

 

Vender poemas no es delito y adquirirlos tampoco

eso dicen los ojos de los compradores.

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“Flea Market”

As a result of the unmanageable crisis, the urgency to cover basic necessities

they opened a flea market in the neighborhood

where people sell things they can do without

and those perhaps those that don’t fit that condition

Among the list of what is sold, appear an innumerable list of artifacts

of every kind / secondhand clothes / electrical appliances / homemade food / antiques

and you could go on listing until you got bored

 

What most caught my attention were the tables where poets

were selling their verses to the public, advertising their topics

expressed on the posters that attracted the searching eye

and pointed the potential clientele to the themes included:

 

Surrealist / existentialist / pornography / minimalist /

Revolutionaries

And as many types of poem as the space had room for.

 

Then I remembered Van Gogh

Poverty led him to trade his paintings for food,

And later on, paradoxically

made millionaires of their new owners

without the original ones having imagined

the immense value of what they had received

in exchange for feeding a madman

ss they called him in Arles

 

the needy offer their things and the negotiation is open

the poets sell their verses at the end of the season

hurried on by the competition that cheapens everything,

with the same logic as the other objects

also exposed to the ups and downs of supply and demand:

three for the price of two, six for the price of four the price of eight.

 

Selling poems is not a crime and neither is acquiring them

say the eyes of the buyers.

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“Leones y ciervos”

Rodolfo, obrero explotado en la fábrica, redobla su esfuerzo

para que su hijo no fracase en la vida

y así día a día deja su libra de carne en el trabajo.

 

al recibirse Jaime, ingresa a la dirección de la empresa de su padre

y desarrolla junto a los accionistas, un plan para optimizar recursos

eufemismo que significa el despido de un tercio

del plantel de los trabajadores

 

sin saberlo, su padre se convierte en uno de los expulsados

y más tarde será dado de baja él mismo

una vez completado el plan

 

pero no todo es malo en la vida

y algunas cosas ocurren de una manera determinada

para que sucedan otras

eso que se llama causa y efecto o Ying & Yang

 

ahora ambos desocupados

tienen el tiempo necesario para recuperar la relación padre e hijo

y disfrutar la vida que merecen.

 

En la televisión un documental muestra

leones cazando ciervos.

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“Lions and Deer”

Rodolfo, a worker ground down in his factory, redoubled his efforts

So his son would not fail in life

and so, day by day, he left his pound of flesh at work.

 

When he graduated, Jaime entered the management  of his father’s company

and along with the stockholders he worked out a plan to optimize resources

a euphemism that meant firing one third

of the workforce.

 

Without his knowing it, his father was one of those let go

and later he himself will be discharged

once the plan is carried out..

 

However, not everything in life is bad

and some things are predestined

so that others can occur

what is called cause and effect or Yin & Yang.

 

Now, both unemployed

They have the necessary time to recover the bonding of father and son

and enjoy the life they deserve.

 

On television, a documentary shows

lions hunting deer.

 

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Translation by Stephen A. Sadow

Rosa Nissán — Novelista judío-mexicana/ Mexican Jewish Novelist — “Novia que te vea” – fragmentos de la novela/ “Like a Bride” – portions of the novel

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Rosa Nissán

Rosa Nissán Rovero nace en la Ciudad de México. Obtiene el título de periodista en la Universidad Femenina en 1957. Ha publicado: 1992 Novia que te Vea (también llevada al cine en 1999 y para la que participó como guionista), 1997 Tierras Prometidas, 1999 Hisho que te Nazca, 1999 No sólo para dormir es la noche (Cuentos), 2000. Like a Bride. Like a Mother, Traducción al inglés en un sólo tomo de Novia que te vea e Hisho que te Nazca, 2002, Los viajes de mi cuerpo, 2003 Horizontes sagrados, 2016 Trrri biutiful leidis y en 2019 Cuántas Rosas hay en un rosal, libro Autobiográfico.

Durante 20 años formó parte activa en el taller literario de Elena Poniatowska. A partir de 1997 imparte talleres literarios, y diversos talleres de autobiografía novelada.

Su obra es parte de trabajos internacionales sobre literatura y otros temas (Estados Unidos, España, Francia, Alemania, Canadá) y son parte del material obligatorio en cursos de diferentes universidades del mundo.

En 1993. recibió el Heraldo al mejor guión cinematográfico y el Ariel al mejor guión cinematográfico por su trabajo en Novia que te vea. En 1994 la Asociación de Periodistas y Escritores Israelitas de México le otorgan el Ariel León Dultzin,  En 2002, la Academia Nacional de la Mujer de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística la distinguió con el título de Maestra Emérita de México. .En 2005, recibió el Premio Coatlicue, otorgado por el Colegio de Mujeres en la Música. En este mismo año, la Comunidad Sefaradí y la Federación Sefaradí Latinoamericana le otorgaron el reconocimiento especial Algo de lo nuestro, por su trayectoria literaria.

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Rosa Nissán Rovero was born in Mexico City. She received her certification as a journalist in the Universidad Feminina,  She has published: 1992, Novia que te vea (also made into a movie in 1999, and for which she acted as the screenwriter, 1997 Tierras Prometidas, 1999 Hisho que te Nazca, 1999 No sólo para dormir es la noche (Short-stories), 2000 Like a Bride. Like a Mothertranslation into English in one volume of Novia que te vea and Hisho que te Nazca, 2002, Los viajes de mi cuerpo, 2003 Horizontes sagrados, 2016 Trrri biutiful leidis y en 2019, Cuántas Rosas hay en un rosal, an autobiography.

For twenty years, she was an active part of  the literary workshop of Elena Poniatowska. Since 1997, she has given literary workshops and and varied workshops about the autobiographical novel.

Her work forms part of international works about literature and other themes (United States , Spain, France, Germany and  Canadá) and is required reading in courses in many world universities.

In 1994, Nissán received the Herald and Ariel prizes for the best cinematic script for her work on Novia que te vea. In 1994, the Association of Jewish Journalists awarded her the Ariel León Dultzin Prize. In 2002, the National Academy of Women of the Mexican Society of Geography and Statistics awarded her the title of the Emérita Teacher of Mexico. In 2003, she received the Coatlicue Prize from the Women’s College of Music. I the same year, The Sephardic Community and the Latin American Sephardic Federation awarded her a special recognition: “Something of Ours,” for her literary trajectory.

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La novela, autobiográfica en parte trata una tensión generacional entre unos padres de una familia sefardí en Ciudad México y su hija. Para los padres, inmigrantes de Turquía, es de sumamente importancia que su hija se case joven y les dé nietos masculinos. Oshinica, la heroína y narradora nacida en México, tiene otras ideas.   — Cuando hablan los padres de Oshinica, palabras de ladino aparecen en su español.

 

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“Novia que te vea”

fragmentos de la novela

Este domingo Becky y yo fuimos al Paso de Chapultepec, dicen que las que van se queman. De todas maneras fuimos, Y nos fue a todo dar, Andábamos en su VW azulito, paseando, mirando, riendo, Nos paramos en la glorieta de las ranitas a platicar con unos amigos de Becky; nos invitaron a cenar en un lugar maravilloso; El Chardas, donde toca el violín Elías Briskin. Yo estaba chiveadísima  por que son muy grandes; Jack, un médico francés, que apenas llegó a México, es primo del doctor Maya, tan famoso; nos contó que ejercer aquí, tiene que revalidar su título y presentar exámenes. Mientras en sociedad con su primo, van a abrir una clínica de análisis clínicos.

–¿No sabes de una muchacha paisana que quiera ser secretaria?, me preguntó.

–No, pero si sé, te aviso. Yo quiero trabajar, y apenitas me salió la voz, pero no soy secretaria, aunque sí sé taquigrafía y mecanografía.

–Vente al laboratorio.

–No creo poder.

–Prueba…

–Voy a pedir permiso de mi mamá.

–¿Te hablo por teléfono para que avises? Abrimos en dos semanas. Estamos en Insurgentes casi frente a Sears.

Cuando le conté a mi mamá se puso feliz.

–Ya vez siquiera que estudiaste taquigrafía y mecanografía, ¿cuálo no queremos los padres para nuestros hishos? La madre es una señora de lo mejor, ya estuve hablando francés con ella, salimos parientes, una prima de Estambul es su sobrinica.

Ora se puso bien contenta con mi mamá.

No, ya son muchos líos en mi casa, mamá se puso como loca, suena el teléfono y cuelgan, me siento con mis cuadritos y pongo el rojo y suena otra vez, contesta mi mamá y cuelgan; dejo mi estambre y contesto. Lalo me dice: “Quiero verte, mi vida, voy a hacer mucho dinero para ti”. Mi mamá agarró la bocina y sin más le echó de gritos; le dijo que me deje en paz, que si no entiende español.

Ya no quiere dejarme salir con mis amigas, ni contestar el teléfono; dice que si lo veo, me saca de la escuela y de todo.

Hablé con Lalo y aunque se puso tristísimo, ya no lo voy a ver. ¿Qué quiere que haga? No puedo.

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¡En que laboratorio tan elegante voy a trabajar!, la sala de espera tiene unas cortinas de manta blanca con rombos de colores pintados a mano; nunca he visto nada parecido; cuando me case quisiera tener unas así. No me canso de verlas.

Entrando está un escritorio reluciente para la secre: Yo. La máquina de escribir está fija y también puedo esconderla dando la vuelta, y queda libre la cubierta de la mesa. Estoy contenta de tener dónde guardar mi diario, las tarjetas de Lalo y las cartas de Frida, y que mi mamá no pueda esculcarme: es la primera vez en mi vida que tengo un lugarcito donde nadie puedo entrar, porque ella y su limpieza llegan a todos los rincones de la casa.

Detrás de mí, está el despacho de Jack, lleno de libros maravillosos y de muchas revistas de medicina, que son fáciles a entender. En el cubículo que está junto, recibimos a los que viene a sacar sangre y una plancha para tomas vaginales, luego está lo que propiamente es le laboratorio: microscopios, mesas de trabajo, frigeradores, centrífugas, pipetas, matraces, tubos de ensayo, probetas, al un recinto pequeño, donde se hacen los análisis de orina y excremento, cultivos y parasitoscópicos.

El lunes viene a quedarse de planta Rita, la joven que el otro día se encerró con Jack en su despacho. Creía que era su novia. Ella va a ser la química farmacobióloga responsable; tiene una trenza pelirroja muy muy grande, su cuerpo es largo y estirado y camina muy rápido se ve linda con su bata blanca.

Rita y yo recibimos nuestros primeros pacientes; me puse mi bata y mi mejor sonrisa y con un miedo espantoso, les abrí la puerta y me senté en mi escritorio  para atenderlos; me enseñaron su receta, busqué el listo de precios en la lista de precios, saqué mi libreta de recibos y les pregunté y les pregunté: ¿cuánto van a dar a cuenta? Y los pasé a la sala de espera a que admiraran, como yo, las cortinas: le llevé a Rita la receta, preparó lo necesario y los hizo pasar dándoles instrucciones levantarse la manga para una toma de sangre.

Me quedé con ellos; no es cosa de salirse después de esperar este momento durante dos largas semanas. Me fascina la seguridad de Rita. No me canso de verla trabajar, asomarse al microscopio, entusiasmarse con lo que ve adentro, y llamarme para que yo también vea como son los glóbulos rojos, los blancos.

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[Cumplí] un mes trabajando y he aprendido muchas cosas; ahora cuando me llaman por teléfono para pedir instrucciones de cómo presentarse a los exámenes, las doy como si nada, como se llevara años en esto; si alguna mujer viene a un estudio vaginal, entro con ella y le digo muy amable y muy seria que se suba la plancha y se quite sus chones, con; con esta bata he de parecer enfermera porque me obedecen. A mí me daría una pena horrible que me acostaran así, es más, no me dejaré nunca; es una posición humillante, de desventaja junto al doctor y enfermeras, uno medio desnudo y ellos muy arregladitos.

Si no hay mucho trabajo de escritorio me voy volada a ver cómo trabaja Rita; de tantas análisis de orina que he visto ya sé cómo se hacen.

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En la Femenina tienen la carrera de Laboratorista; el horario es en la tarde y son tres años.

–Búscate una amiga medio tiempo, y te metes a estudiar; sólo que vas a compartir tu sueldo con ella – me dijo Jack.

¡Qué bruto! ¡Qué cuate!, voy a ver quién me quiere trabajar aquí; quisiera abrazarlo y besarlo; las clases comienzan en dos semanas; no sé si voy a conseguir a alguien; ¿quién no va a querer un trabajo tan bonito? Lo gordo es cómo decirle a mis papás lo de una nueva carrera, bueno. . .más bien a mi mamá.

¡Laboratorista? Dios mío, esta niña nunca va a acabar!, estás loca?, ¿para qué quieres y esto agora! Estaba yo amán amán para que acabaras, ¡qué no va ver fin para esta desgraciada escuela?, no te basta con el mugroso título de periodista. ¡Dime por favor!, ¿para qué lo quieres, para colgar en el excusado?, para esto te va a servir; estás atavanada, a ver, ¿quién de sus amigas hace lo que tú? Dori ni terminó nada; se casó. Ni siquiera tiene un título; está feliz; el otro día la vi con su niña, me dio mil modos de alegría; está lindísima la niñita. Y tú, cuando gracias a Dios ya terminaste y eres periodista titulada y que tu papá te pagó tus estudios, se te ocurre otra carrera. Y cuándo vamos a descansar un poco para decir nuestra hija, sosdé ya gana su dinerito, ¡no!, apenas dos meses de sueldo y ya inventas algo nuevo, y sales con que quieres ser química. ¡Dios mío! ¿Por qué mos diste una hija sabia?, ¿por qué?, ande le afitan tantos estudios. ¿Y tú, Shamuel de qué estás tan calladico?, ¿por qué no le dices lo que me dishiste anoche?, ¿por qué me dejas siempre con el paquete?

Lo volteo a ver y me doy cuenta de que está de acuerdo.

¿Por qué me darán ganas de estudiar?, ¿y si acabé una cosa, no me conformo ya?

Me he estado acordando de Alicia, la que estudiaba periodismo, y eso que era abuelita. ¿Y si me caso y mi marido no me deja estudiar como a ella?  ¿Encontraré un hombre que no me considere loca si ya casada quiero estudiar?

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Cuando llegó mi papá de la tienda, dijo que Lalo entró a hablar con él, le dijo que si no se casa conmigo se va a matar y me va a matar a mí. Mi papá se puso furioso y le dijo: “Si quieres mátate tú”. Y ahora Lalo está loco, que cómo me va a dejar casar con ese trastornado.

Lalo, pobrecito de ti. Me da pena que mi familia le haga desprecios. Ya verás, te vas a superar y nadie se atreverá a hacértelos más. Y me voy a arrepentir de no haber tenido la fuerza para casarme contigo.

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Caminaba yo por el Parque México y me chiflaron muy insistentemente; vi a un muchacho guapísimo con suéter rojo, en un carrazo; ¡Era Lalo, qué bruto!, se parece a James Dean; cómo ha cambiado en estos tres meses que no nos hemos visto!; como siempre me cerró el ojo, se bajó de su coche último modelo y me acompañó hasta el laboratorio. Dijo que me ama, que no puede vivir sin mí.

–Cásate conmigo, te juro que no te vas a arrepentir, voy a hacerte feliz.

–Todavía no quiero, ya aprendí muchas cosas. Estoy estudiando ara laboratorista; pronto dejaré de ser secretaria; un día haré los análisis yo sola.

–¡Cásate conmigo y sigues estudiando!

Me quedé viendo con la boca y los ojos abiertos.

–De veras no te importaría que siguiera estudiando, ¿de veras?

–¿Por qué habría de importarme?

–¡No puede ser!, me estás vacilando, o como dicen los amigos de mi mamá: “Te dicen que sí, y cuando de casas no te dejan. A ver, si no te parece, ¿qué haces?” ¡Mentiroso!, eso es lo que eres, ya es hora que entro a trabajar, al rato te hablo. ¡Ah!, oye, ¡qué guapo que eres en ese suéter!, “es nuevo?

–¡No!, no puede ser, lo amo, lo adoro. Me ama. No sé qué me pasa; no puedo siquiera estar sentada en mi escritorio. ¡Claro que me caso!, pero ¡qué guapo estaba Lalo!, y después de tanto tiempo sin verlo, siento que lo quiero más.

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Editado de: Rosa Nissán. Novia que te vea. México: Editorial Planeta Mexicana, 1992, pp. 147-154.

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BrideCover

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The novela, autobiographical in parte, deals with generational tension between the parents of a Sephardic family in Mexico City and their daughter. For the parents, immigrants from Turkey, it is of extreme importance that their daughter marry young and “give them” grandchildren. Oshinica, the heroine and narrator, born in Mexico, has other ideas. — When Oshinica’s parents speak, they use words from Ladino in their conversations.

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“Like a Bride”

 portions of the novel

This past Sunday, Becky and I went to Chapultepec Park. They say you can really get sunburned there. We went anyway. And we had a great time. We went in her blue VW, drove around, looked at everyone, laughed and parked at a kiosk in order to talk to some friends of hers. They invited us to a marvelous place called Las Chardas, where the musician Elías Briskin plays the violin. I was avoiding them like the plague because they were all older: Jack, a French doctor who has just arrived in Mexico is a cousin of Dr. Maya, who is very famous. He explained to us that in order to practice in Mexico, he has to revalidate his title and take some exams. In the meantime, he and his cousin are going to open up a laboratory for clinical analysis.

“Do you know any young person who might like to work as a secretary?’ he asked.

“No, I’ll let you know if I hear of someone. But I would like to work,” my voice was barely audible, “and I know dictation and typing.”

“Come by the laboratory.”

“I doubt if I’ll be able to.”

“Give it a try.”

“I’m going to ask my mother for permission.”

“I’ll give you a call and you can let me know. We open in two weeks. We’re on Insurgentes Street, in front of Sears.”

When I told my mother, she was happy.

“Don’t you see, you didn’t even finish dictation and typing, and who says we parents don’t know what’s best for our children? The new owner’s mother is a cultured person; I’ve already been talking to her in French, and we discovered that we’re related; a cousin of mine from Istanbul is her niece.”

Now my mother was really beaming.

No doubt about it, conflict rules in my house. My mom is going crazy. The telephone rings and then they hang up. I’m here with my knitting, working on red squares this time, and the phone rings again. My mom answers, but they hang up again. The next time, I put down my knitting and answer the phone.

“I want to see you,” said Lalo, “I need to see you, honey. I’m going to make a pile of money for you.”

My mom grabs the receiver from me and starts yelling at him, telling him to leave me alone and that he doesn’t understand Spanish. She doesn’t want to let me go out with my girlfriends or answer the telephone; and she says that if she sees me with him she’ll take me out of school and make life hard on me. I spoke with Lalo, and even though he was sad, I won’t be seeing him anymore. What am I supposed to do? This is too much!

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What a luxurious laboratory! The waiting room has some beautiful curtains with colorful designs on them. I’ve never seen anything like them. When I get married, I want to have the same thing. As you enter, there’s a new shiny desk for the secretary: that’s me. The typewriter can be stored away underneath the top of the desk. I’m happy to have a place to put my diary, Lalo’s cards, and Frida’s letters. Finally, my mom can’t go through my personal things. This is the first time in my life that I’ve had a little secret place where I can hide my things because my mom’s mania for cleaning reaches every corner of the house.

Behind my desk is Jack’s office, which is full of marvelous books and magazines about medicine that aren’t to understand. There is a small cubicle for taking blood and vaginal samples. At the back of the lab are the microscopes, lab tables, refrigerators, centrifuges, glass tubes, flasks, beakers, and Bunsen burners. At the other end is another room for analyzing urine and feces cultures.

Starting Monday, Rita will join us. She’s a young, beautiful girl who was alone with Jack in his office for the interview. I thought she was his lover. She’s going to be the head pharmacologist. She has a long red braid and a long thin body. She seems to walk fast wherever she goes. She’s pretty in her white smock.

Finally, Rita and I welcomed our first clients. I had to put on my smock and my best smile, because I was really nervous.

I  opened the door and sat down to take care of our first customer. He showed me the doctor’s orders. I looked for the price of the analysis on my list, took out my receipt book and asked him how much he was going to give as down payment. Then I asked him to take a seat in the waiting room where he could admire, like me, the curtains. I took the doctor’s orders to Rita, prepared some other documents, and asked him to go into the cubicle and roll up his sleeve in order to take a blood sample.

I stayed around to watch. I couldn’t pass up waiting for this moment; it’s been two weeks. I’m fascinated with Rita’s professionalism. I never tire of watching her do her work, peer into the microscope, get excited about what she sees, and then calls me over to look at the red and white cells.

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. . .  I have other reasons to be happy. I’ve just finished my first my first month at work, and I have learned many new things. Now, when someone calls for instructions for having an analysis done, I can do it with ease; it’s like I’ve been doing it for years. When a woman comes for a vaginal analysis, I go into the cubicle with her, and in a friendly but serious way, tell her to get on the examination table and take off her panties. I guess this white smock looks important because they do exactly as I say. I would feel pretty embarrassed if I had to get on that table myself. I’ll never do it. It’s such a humiliating position to be in—you’re at the mercy of the doctors and the nurses, lying there half naked while they’re formally dressed.

If we don’t have a lot of customers, I run back to watch Rita do her work. After seeing so many urine analyses, I know exactly how it’s done. I type up the remarks that makes in a notebook. XXC I always make an extra copy for myself, even though there are there urine tests and three different ones for feces. I’m going to do an analysis and compare it to hers; I bet they turn out the same.

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They offer a program at my school that certifies you as a lab technician. They have an afternoon schedule, and it takes three years

“Find a friend who’ll work half time for you, and you can study; but you’ll have to split your salary with her.” Jack told me.

He’s cool!  What a guy! I would love to hug and kiss him. Classes begin in two weeks. I know I’ll find someone. Who wouldn’t want to work in such a delightful atmosphere? The hard part will be telling my parents that I am starting a new degree program. My mom is going to have a fit.

“Lab technician? Oh, my God, this young lady will never grow up. Are you crazy? Why do you want to do this, and why now? I’ve been praying and praying for you to finish. Are we ever going to done with that damn school? Please tell me why? To hang your certificate in the bathroom? That’s all it will be good for. You’ve gone off the deep end. Okay, answer me this; do you have any friends who are doing such a silly thing? Dori never finished anything; she got married. She doesn’t have a certificate and she’s happy. I saw her the other day with her baby; I felt so happy for her. Her daughter is beautiful. And here you are—just when—thanks be to God—you got your certificate in journalism and your father finished paying for your studies, you come up with the idea to get another certificate. And when will be able to sit back and telling everyone that our daughter is earning her way a bit? But no, barely two months go by in your new job and you invent something new; now you want to be a chemist. Dear God, why did you give us and intelligent daughter? Why? Where does so much studying get you? And you, Shamuel, why don’t you tell what you told me last night? Why do I always have to be the one?”

I turn to him and see that he’s in agreement. Well, then why do I want to keep studying? I’ve already got one certificate, why shouldn’t I be happy with that? I’ve been thinking about Alicia, the woman who was studying journalism although she was already a grandmother. And what if I get married and my husband lets me study like her? Will I find a who won’t think I’m crazy because I want to continue studying after I get married?

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When my father arrived home from the store, he told me that Lalo had gone to see him. He told my dad that if he can’t marry me, he’s going to kill himself, and me as well.

“If that’s what you want, go ahead and kill yourself.” My father told him with anger.

Now he says that Lalo has gone crazy, and how could he ever allow me to marry a madman.

Lalo, I feel so sorry for you. I’m sorry my family doesn’t think much of you. You’ll see, things will get better and no one will trouble you ever again. I’ll always feel guilty for not having the courage to marry you.

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I was walking through Mexico Park and they started whistling at me. I saw a really handsome guy wearing a red sweater, in a fancy car, no less. It was Lalo. Unbelievable! He looked like James Dean.

He’s changed so much in the three months we haven’t seen each other. As always, he winked at me, got out of his brand-new car, and walked me to the lab. He told me he loves me, and that he can’t live without me,

“Marry me, I swear you won’t be sorry. I will make you happy.”

“I don’t want to get married yet. I’m happy right now. I’ve been learning new things. I’m studying to be a lab technician; in fact, I’m going to quit as a secretary, and soon I’ll be doing the analysis all by myself.”

“Marry me, and you can continue your studies.”

My mouth fell open and my eyes popped out.

“Do you mean it really didn’t matter to you if I continued studying? Are you sure?”

“Why should it matter to me?”

“I can’t believe it. You must be joking with me. My mother’s friends say, ‘They always tell you yes, but after you get married, they say no.’ If you don’t like it, what are you going to do about it?  Liar, that’s what you are. But now I’ve got to get back to work. I’ll talk to you later. Hey, you look really handsome in that sweater. Is it new?

No, this isn’t happening. I love him; I adore him. He loves me. I don’t know what’s happening. I can’t even sit at my desk. Of course, I will get married, but Lalo’s so handsome! And after not having seen him for a time. I feel like I love him even more.

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Edited from: Rosa Nissán. Like a Bride/Like a Mother. Albuquerque: University of New Mexico Press, 2002, pp. 171-182.

 

Translation by Dick Gerdes.

 

 

 

 

 

 

Bernardo Kordon (1915-2002) — Escritor judio-argentino/Argentine Jewish Writer — “La Biblia y yo”/ “The Bible and I”

 

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Bernardo Kor

Bernardo Kordon, escritor y periodista argentino,  nació  1915 en Buenos Aires y falleció en Santiago de Chile en 2002. Es considerado como uno de los autores más importantes e influyentes de la narrativa argentina del siglo XX y se le considera parte de la “Generación del 50”. Kordon publicó tanto novela como relato y libro de viajes, siendo muy conocido por sus crónicas en países de América, Europa y Asia. Sus obras tienen un marcado todo realista que muestra las inquietudes de la población y el costumbrismo, con influencia de autores norteamericanos y del cine, sus novelas tienen un enfoque abierto y se centra en la vida de la gente corriente en ambientes marginales y suburbanos. Publicó más de veinte obras a lo largo de su vida y seis de ellas se han llevado al cine. Entre sus obras más destacadas se encuentran: La Vuelta de Rocha. Brochazos y Relatos Porteños (1936), Un horizonte de cemento (1940), Seiscientos millones y uno (1958), Vencedores y vencidos (1965), Historias de sobrevivientes (1983), entre muchas otras. En 1969 se vio obligado a exiliarse de Argentina a Chile por motivos políticos, allí se casó con la chilena Marina López. En 1983 recibió el Premio Municipal y en 1984 recibió el prestigioso Premio  Konex.

Adaptado de Lecturalia

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Bernardo Kordon, Argentine writer and journalist, was born in 1915 in Buenos Aires and died in Santiago de Chile in 2002. He is considered one of the most important and influential authors of the twentieth century Argentine narrative and is considered part of the “Generation of the Fifties”. Kordon published both novels and stories and travel books. He was well known for his chronicles in countries of America, Europe and Asia. His works have a realistic mark that shows the concerns of the population and costumbrismo, with influence of American authors and cinema, his novels have an open approach and focuses on the lives of ordinary people in marginal and suburban environments. He published more than twenty works throughout his life and six of them have taken to the cinema. Among his most outstanding works are: La Vuelta de Rocha. Brochazos y Relatos Porteños (1936), Un horizonte de cemento (1940), Seiscientos millones y uno (1958), Vencedores y vencidos (1965), Historias de sobrevivientes (1983). En 1969, he was obliged to go into exile from Argentina to Chile for political reasons, There he married the  a Marina López, a Chilean. En 1983, he received the Municipal Prize and in 1984, the prestigious Konex Prize.

Adaptado de Lecturalia

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“La Biblia y yo”

Confieso que de la Biblia tuve poco tránsito y ninguna permanencia. Sin duda, la aprecié, dada mi condición de judío. En tal sentido y nunca traté de ocultarlo. Esa permanencia deriva de mi abuelo materno, que se llamó Isaac Piterbarg. Era cantor de sinagoga y oir ese motivo fue invitado a cantar en Buenos Aires. Se embarcó en compañía de familiares hasta este Río de la Plata donde nunca vio el mejor ápice de plata, ni de oro (hubiera sido un consuelo), Aquí don Isaac sufrió varios contratiempos y algunas satisfacciones;iletrado entre éstas seguramente figuraron mostrarme la Biblia, la recuerdo bien porque era una edición ilustrada que puso en mis manos, hecho muy importante dada mi condición circunstancial de niño iletrado. Con esa Biblia mi abuelo me marcó; el libro señalaba el camino de mi pueblo y señalaba mi propio camino. Mi abuelo me marcó el camino de arte. Su canto, escuchado casualmente a los cinco años, marcó mi destino. Nunca olvidé el canto de mi abuelo Isaac.

Debo aclarar que mi padre era “progresista”, seguramente de socialista. Por eso no me inició en la religión en costumbres ni idiomas judíos. A mi hermano, por ejemplo, lo gratificaron con el nombre de Jean Juarès. Pero un día con mis padres, porque allí cantaba mi abuelo. Nunca pude olvidar su canción, algo funebre… un kadish.

A mi alrededor los niños continuaron sus juegos, pero la impresión que a mí me produjo el canto de mi abuelo fue tremenda. Vuelvo a sentir lo mismo cuando escucho el cante-jondo o los actores cantores hacen sentir sus desgarradas melopeas en las óperas chinas. Desde el comienzo, quiero decir desde ese canto de mi abuelo escuchado a los cuatro o cinco años, el hedonismo nada tiene que ver conmigo. Lo que me desgarra, o me estremece, no lo sentía y no lo siento como arte.

No olvidé el ambiente de casarón del Paisaje del Carmen donde fue trasplantado mi abuelo y toda su familia, lo más parecido a un patio de sainete de Vacarezza.

A los inmigrantes los costaba dejar las características traídas de todo el mundo, hasta formar esa mezcla que comienza a clarificarse medio siglo después. Ya no era el mundo estático entre idn y goim  de Ucrania, sino que este supuesto nuevo mundo consistía en un hervidero de razas y naciones que convertían a todos los inmigrantes en especies de judíos, que si no se peleaban abiertamente, al menos se despreciaban  y ridiculizaban mutuamente.

En especial el idioma confundía a mi abuelo. “Aquí todo se dice lo mismo” -reflexionaba-. “Esto”- señalaba su cara – “es caro, y es caro lo que no es barato, y también es caro el carro que transitaba la calle”. Pero esto no me reía, nunca me reí de esas dificultades idiomáticas de los inmigrantes; por el contrario, me provocan lástima y solidaridad.

Por supuesto a mi abuelo no lo consideraba un extranjero. En especial su canto era tan profundo y misterioso como nuestro pasado y nuestro porvenir. Su canto era yo mismo. En verdad aspiro a que mi pobre literatura resulte algo parecido al canto de mi abuelo.

A mi abuelo lo entendí cabalmente en ese gesto de ensoñación que acompañaba sus cánticos y plegarias. En su contagioso estado de ensoñación aprendí a sentirme judío. Mi abuelo soñaba con la gloria de su religión y también soñaba en convertirse en un próspero comerciante. Un buen día concretó el sueño de instalar una taller de confección ojalillos de camisas de seda. Uno de mis tíos, aún niño, fue el encargado de entregar la mercadería elaborada. Salió mi tío Elías con su paqueton de camisas de seda y una cuadra después lo detuvo un tipo: “Querés pibe ganarte veinte guitas? Aquí están: te los pago adelantado. Solamente tenés que subir al segundo piso y le entregás esta carta a esa mujer que se llama Tita, así como dice el sobre. Ah, me olvidaba de decirte que del paquete no te preocupés, te lo cuido yo”. La tal Tita no vivía ni en el segundo piso ni en ningún otro piso. Cuando mi tío Elías volvió a la calle tampoco encontró el hombre del recado, y menos el paquete de camisas de seda. Hubo que pagarlas al fabricante, sin contar del descrédito del confeccionista que comienza dejándose robar la mercadería. Contratiempo que acentuó la dedicación de mi abuelo a sus cánticos. Los mejores jeremiadas no son dictadas por el ritual, sino por la vida.

En realidad, la Biblia la conocí por mi abuelo y la viví en su canto. No estudié, debo confesar que tuve que conformarme con estudiar Buenos Aires. Lo que no ocurrió con mi abuelo, hablo la lengua de Buenos Aires, inclusive la escribo. Ya lo confesé  en un cuento: al hablar su idioma trato de disimular mi condición de extranjero. Extranjero por identificación con mi abuelo. Escribo pero debo decir como mi abuelo: todo se dice el mismo.

Cuando su impronta y sus hijos crecieron, mi viejo se mudó al caserón de la calle Potosí, al lado de los fondos del Hotel Italiano. En el jardín habían varias palmeras y un par de rejas: allí me mantuve quieto como un pequeño preso, mirando la calle todo el día, desde entonces mi ocupación favorita. Después comenzaron mis peregrinaciones por el barrio, por la ciudad, y de algún modo Buenos Aires fue la Biblia soñado por mi abuelo Isaac Piterbarg.

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“The Bible and I”

I confess that with the Bible, I had little traffic and no continuity.  Without doubt, I appreciated it, give my condition as a Jew. In that sense, I never tried to hide it. That permanent condition derives from my maternal grandfather, named Isaac Piterberg. He was a synagogue cantor, and for that reason, he was invited to sing in Buenos Aires. He embarked the company of relatives until this Río de la Plata, where he never saw a speck of silver nor of gold (it would have been a consolation. Here don Isaac suffered several setbacks and some satisfactions. My illiteracy, among these, surely figured in showing me the Bible, I remember it well because it was an illustrated edition that he put in my hands, made very important given my condition circumstantial of being and illiterate child. With this Bible, my grandfather marked me; the book signaled the path of my people and it signaled my own path. His singing, casually heard at five years old, marked my destiny. I will never forget the chanting of my grandfather Isaac.

I should make it    clear that my father was a “progressive,’ surely a socialist. For that reason, he didn’t initiate me in the Jewish religion, customs or languages. They rewarded my brother, for example, with the name Jean Juarès, the socialist leader. But one day, I went with my parents to the synagogue because my grandfather was singing there. I never could forget his song, something funereal. . . a Kaddish.

Around me, the children continued playing their games, but the impression that my grandfather’s singing had on me was enormous. I felt the same way when I heard the cante-jondo or when the actors and singers made their licentious intonations feel in the Chinese operas. From the beginning, I want to say that this chanting of my grandfather, heard at four of five years old, with me, had nothing to do with hedonism.

I can’t forget the ambiance of the large house on the Plaza del Carmen where my grandfather and his entire family was transplanted. It was more like a courtyard for comic sketches in Vacarezza.

It was difficult for the immigrants to leave behind the characteristics brought from around the world, until forming a that mixture that began to be clarified a half century later. It was no longer the static world between idn and goim, Jews and non-Jews of the Ukraine, but rather this supposed new world consisted in a beehive of races and nations that were converted all immigrants in species of Jews, who, if they didn’t fight openly, least they looked down upon and ridiculed each other.

The language especially confused my grandfather. “Here everything is said the same way, he reflected: there are sheeps in the fields. there are sheeps on the river, and if something is not expensive it’s sheep.” But this didn’t make me laugh; I never laughed at the linguistic difficulty of the immigrants; on the contrary, it provoked compassion and solidarity in me.

Of course, my grandfather wasn’t considered to be a foreigner. Especially, his singing was so profound and mysterious as our past and our future. His singing was me myself. Truthfully, I aspire that my poor literature becomes something like the singing of my grandfather.

My grandfather understood precisely that gesture of dreaminess that accompanied his chants and prayers. In his contagious dream-like state, I learned to feel myself to be a Jew. My grandfather dreamed about the glory of his religion, and he also dreamed about becoming a prosperous merchant. One day, he realized his dream of setting up a workshop for the manufacturing of small button holes for silk shirts. One of my uncles, still a child, was put in charge of delivering the completed merchandise, My Uncle Elías left with his large package of silk shirts, and a block later, a guy stopped him: “Kid, do you want to earn twenty pesos? Here they are: I’ll pay them to you in advance. All you have to do is go up to the second floor and deliver this this letter to that woman named Tita, as it says on the envelope. Ah, I forgot to tell you not to worry about the package, I’ll look after it for you.” Such a Tita didn’t live on the second floor nor in any other floor. When my uncle Elías returned to the street he didn’t find the man with the message either, and even less the package of silk shirts. It was necessary to pay the manufacturer, without speaking of the loss of trust in the seamstress who began allowing the merchandise to be stolen. Setbacks that accentuated my grandfather’s dedication to his songs. The best Jeremiads and not dictated by ritual, but by life.

In truth, I knew the Bible through my grandfather and I lived it in his singing. I didn’t study; I have to confess that I had to be content with studying Buenos Aires. As didn’t happen to my grandfather, I speak the language of Buenos Aires, I even write it. I already confessed this in a short-story: by speaking its language, I try to dissimulate my condition as a foreigner. Foreigner by identification with my grandfather. I write, but I should say like my grandfather: everything is said the same way.

When his reputation and his children were grown, my old man moved to the large house on Potosí Street, next to the rear section of the Italian Hospital. In the garden, there were several palms and a pair of railings: there I kept myself quiet like a small prisoner, looking at the street all day long, since then my favorite occupation. Later, my peregrinations through the neighborhood, through the city, and in some way, Buenos Aires was the Bible dreamt by my grandfather Isaac Piterberg.

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Algunos de los libros de Bernardo Kordon/                                                Some of Bernardo Kordon’s Books

 

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Clara Weil (1924-1985) Cuentista judía-italiana-argentina/Italian Argentine Jewish Short-story Writer — “Por todos sus errores” – un cuento/”For All Their Sins” – A short-story

Clara Weil
Clara Weil

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Clara Weil nació en 1924 en Malfoncone, Italia en el seno de una familia judía muy tradicionalista. En 1938, la familia emigró a la Argentina debido a las leyes raciales recién implantadas en Italia.

Con el tiempo, se incorporó al grupo de judíos italianos inmigrados que se había formado, a través del cual se puso en contacto con la judería argentina, a pesar de que no hablara idish.

A los 22 años sufrió una grave enfermedad que la tuvo postrado por más de un año. Es en ese periodo que nace en ella el deseo de escribir. Su espontánea creatividad y fantasía la inducen a escribir cuentos para niños, que nunca publicó.

No obstante su inagotable energía, sufre del trauma legado por la persecución racial y su grave enfermedad. Con el análisis supera con el tiempo la situación, logrando canalizar su mente hacia la contenida vocación de escritora.

Se inicia con la publicación de un libro de cuentos: Una cruz para los judíos (1982), seguido por otros: De amor a la condena (1984). Estaba en avanzada terminación de una novela cuando la muerte la sorprende en 1985, a temprana edad.

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Clara Weil was born in 1924 in Malfacone, Italy in heart of a very traditional Jewish family. In 1938, the family immigrated to Argentina because of the recently implemented racial laws in Italy.

After a while, she became part of a group of Italian Jewish immigrants, through which she made contact with the Jews of Argentina, even though she didn’t speak Yiddish.

At 22, Weil suffered a grave illness that kept her prostrate for more than a year. During this period, her desire to write was born. Her spontaneous creativity and fantasy induced her to write stories for children, that were never published.

Despite her tireless energy, she suffered from the  legacy of the traumas of racial persecution and her grave illness. With psychoanalysis, in time, she was able to overcome the situation, and succeeded in focusing her mind toward her repressed vocation as a writer.

Weil began with the publication of a book of short stories: Una cruz para los judíos/ A Cross for the Jews, 1982, followed by another: De amor a la condena/ From Love to Condemnation, 1984. She was in the last stages of completing a novel, when death surprised her in 1985, at an early age.

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Kol Nidre oración/prayer

Moishe Oysher (1906-1958)

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“Por todos esos errores”

El techo estrellado contemplaba la sinagoga con las luces escondidas, eran las luces que perforaban los diseños de los vitrales.

(La víspera del día del arrepentimiento había comenzado)

En aquella sinagoga en Belgrano, las largas paredes estaban colmadas por los que en silencio que encerraba cielo y muerte escuchaban:

Kol Nidre…Kol Nidre…

En la oración en cuya melodía de Max Bruch en la tibia voz del joven jazán devolvería lágrimas y aroma de un gueto olvidado.

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Max Bruch

Esa noche allí estaban aquellos judíos que durante el año no dejan de amar la sinagoga, de aquellos judíos a los que los judíos alemanes llaman Die drei tagen Juden y aquellos otros y aquellos otros…y aquellos otros…

***

Esa noche en esa sinagoga estaba Raquel. Ocupaba uno de los asientos de la cuarta baja de la planta baja. Raquel o Ruchele, como la llamaba el abuelo Schloime, que había trabajado toda su vida como vendedor ambulante. Vivió en un conventillo de Pasteur y Lavalle y apreciaba gefülte fish. Tenía por costumbre sostener con las palmas de las manos el vaso de té con la cuchara sumergida. Con un terrón de azúcar entre los dientes sorbía su té en silencio. Aquel anciano leía el Idishe Zeitung e iba del Schll de la calle Uriburu. Hoy la tierra lo ha borrado. La memoria de Rujele también lo ha olvidado

***

Con el silencio que encierra cielo y muerte, todos escuchan de pie: – Kol Nidre… Kol Nidre.

“¡Qué música hermosa! Como cantaba este muchacho…

Y el rabino, ese hombre es bárbaro… cuando habla parece un Dios… es buen mozo… en fin no le falta nada… Y claro, es un rabino de los de hoy… bien moderno…” se dice Raquel. Suspira encogiendo el abdomen. A su derecha, está su marido, Mario, que tiene al lado, Martín, el hijo menor. A la izquierda, está Vanina, la hija mayor.

Kol Nidre… Kol Nidre… prosiguió el canto. Como si quisiera alcanzar a deslizarse por memorias que no tienen continuidad. Raquel gira su cabeza en diagonal y una mitad almibarada acariciaba la larga cabellera de Vanina.

…”¡Esta hija mía es riquísima…! ¡Pero qué tonta! Venirse aquí vestida con esos buggies blancos y para colmo con unas botas como las de los tres mosqueteros… Es inútil que yo proteste Ya estoy harto de escuchar que quiere vestirse como sus amigas,

Después de todo tiene razón… tengo que admitir que mi hija es riquísima… Sí, una mina bárbara, como dicen los chicos de ahora. Mucha gente opina que parecemos como dos gotas de agua, pero creo que exageran cuando nos toman por gemelas.”

Raquel levanta el brazo derecho y sus dedos de la mando se deslizan por las mejillas como estuviesen controlándolas. El tiempo se marca por finas telarañas de arrugas en la frente y alrededor de los ojos se ha borrado en ella, por la cirugía. Esa cirugía no solamente ha dejado la piel de su rostro como pulida con esmeril, sino que ha hecho su nariz ganchuda luciera ahora tan respingada como la de Ingrid Bergman. Debajo de sus párpados, cubiertos por el maquillaje, asoman unos ojos grises como la niebl. Tiene los labios teñidos de lacre con un brillo dorado y su cabeza está envuelta en un nido de gruesos rulos del color de cobre que se confunden el uno con el otro.

Ella es una mujer consecuente. Dos vece a la semana somete sus carnes al rítmico encuentro de las manos de la masajista. Además, cada lunes por la mañana, con el cuerpo comprimido en la malla, levanta y baja sus piernas durante la clase de gimnasia. Por eso Raquel Jojén, a las cuarenta y seis años, es una mujer que enciende miradas, en particular en los ojos de los maridos de sus amigas.

 -Kol Nidre… Kol Nidre… Y el oficiante sigue en crescendo con su do-me-ri-me fa-“.

Raquel apoya su mano derecha sobre el diafragma. “Augmenté un kilo en un solo día, mejor dicho, en una sola comida. También ¡con la cena de anoche! ¡Esos Chalomy tienen una clase para recibir! Pero la pobre Sofía es realmente un bofe… y Dios sabe que yo no soy envidiosa. El marido en cambio es bárbaro… ¡Ah! Ese José es tan churro… yo, yo si no fuese una señora seria… pero no, yo no sería capaz a hacer sufrir a Mario. De no ser así, hace rato que ya me hubiese encamado con ese hombre… ¡Qué barbaridad! Estoy loca para pensar todo esto… y estando en la sinagoga. Pero, no hay nada que hacer. José es tan macho que a veces me ocurre que cuando miro en la tele esa película Casablanca y veo a Humphrey Bogart, me parece ver a José… y ver que me acaricia, me besa y me dice: –I love you- me derrito. Escucho esa canción: You must remember these o algo parecido y sigo derritiéndome… menos mal que nadie se da cuenta de que ni bien me mira, esos ojos tiñen de rojo hasta mis orejas… pero por Dios, tengo marido e hijos. ¿Qué locuras estoy pensando? Y la mente de Raquel vuelve a distraerse con los champiñones de la víspera, con el caviar de Irán, que parecía anoche navegar en los dos moldes de hielo apoyados sobre las fuentes de plata. Aquellas frutillas que le parecían del tamaño de mandarines, aquellos helados que estaban escondidos tras pirámides de almendras y nueces y esos crepes naufragados en el Gran Marnier que echaba llamas con franjas doradas y violáceas.

Raquel sostiene en las manos el libro de tapas azules que luce en el lomo las cinco letras hebreas Majsor. Sus labios se mueven y sus pupilas corren de derecha a izquierda. Vuelve a levantar la cabeza y se sorprende al ver a Déborah ya Simón Bokerinsky.

“Déborah ha venido empilchada como para un casamiento”, juzga la mente de Raquel. “Vanina no se cansa de decirme: – ¡Pero, má! Los Bokerinsky tendrá una mosca loca, pero son tan mersas… y él, para decirte, es una mierda-. Esta hija mía es tan mal hablada y tan hincha cuando se le ocurre decir que si Déborah tuviese un prótesis de brillantes, con tal de mostrarlos no cerraría jamás la boca… En fin, no hay que tomar muy en serio lo que dicen los chicos… “

Raquel recuerda que la semana pasada, Mario le comentó que Simón había tomado el costumbre de no levantar los pagarés firmados, y que entregaba a los acreedores cheques voladores. Si bien ella no entiende de finanzas no deja de opinar que Simón es un hombre inteligente y sabe de negocios. De no ser así, el año pasado no hubiese comprado la casa y un departamento en Punta del Este, Además, Simón, hace apenas meses, regaló a Déborah el piso de la calle Virrey del Pino, con pileta y sauna. Y Raquel está convencida de que nadie puede comprar tantas propiedades juntas, sin disponer de dinero.

La oración de Kol Nidre ha terminado. Hay crujido de sillas y murmullos. Una vieja señora con la cabeza cubierta de una mantilla de encaje blanco está sentada en uno de los asientos de la primera fila del piso alto con codos apoyados sobre la baranda. Sus pupilas, envueltos como en una niebla, lucha a través de los bifocales para mirar a ese rabino moderno, a esos que ocupan a la planta baja y aquellos que, por falta de lugar, permanecen de pie en los pasillos de la nave del templo. Un niño o dos o tres berrean en los brazos que los mecen espasmódicamente.

¡Silencio, por favor! – reclama el rabino.

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Libros de Clara Weil/Books by Clara Weil

 

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     “For All Our Those Sins”

The star-filled ceiling looked down upon the synagogue with its hidden lights, the lights that perforated the designs of the stain glass windows.

(The eve of the Day of Atonement had begun)

In that synagogue in Belgrano the large walls were filled with those who in a silence encerraba cielo y muerte escuchaban:

Kol Nidre…Kol Nidre…

In that prayer whose melody by Max Bruch song with the warm voice of the young jazán would bring back tears and aroma of a forgotten ghetto.

MaxBruch
Max Bruch

That night, those Jews who during year never stopped loving the synagogue, of those Jews whom the German Jews call Die drei tagen Juden and those others and those others… and those others…

***

That night in Raquel was in that synagogue. She occupied one of the seats in the lower fourth of the ground floor. Raquel or Ruchele as her grandfather Shloime called her, who had worked all his life as a peddler. He lived in a tenement on Pasteur and Lavalle and was fond of gurfülte fish. He had the custom of holding of holding in the palms of his hands a glass of tea with the spoon submerged in it. With a cube of sugar between his teeth, he sipped his tea in silence. That old man read the Idishe Zeitung and he went to the Schil on Uriburu Street. But now the land had erased it. Rujele’s memory had also forgotten it.

 With the silence that contains heaven and death, all listen, standing: Kol Nidre… Kol Nidre.

“What beautiful music! How that young man sang. . . And the rabbi, that man is marvelous. . . when he speaks, he seems like a God. . . He is a good fellow. . .  In short, he doesn’t lack anything. . .  And of course, he is a rabbi of those of today. . . very modern. . .“ Raquel said to herself. She sighed, pulling in her abdomen. At her right, was her husband, Mario, who had at his side Martín, his younger son. On the left, is Vanina, the older daughter.   

Kol Nidre…Kol Nidre… continued the chant. As if it wished to slip/ slide thought the memories that  didn’t have continuity. Raquel turned her head diagonally and half gently caressed Vanina’s long hair.

“This daughter of mine is so precious. . .” But so silly! To come here dressed in those white buggies and even worse with boots like those of the three musketeers. . .  It’s useless for me to protest. I’ve had enough of hearing that she wants to dress like her friends.

After all, she’s right. . . I have to admit that this daughter is very charming. .  Yes, a marvelous girl, like the kids say today. Many people think that we are like two drops of water, but I think they exaggerate when they take us for twins.

She is a consistent woman. Twice a week, she submits her flesh to the rhythmic touch of the masseuse’s hands. Moreover, every Monday morning, with her body compressed into her bathing suit, she raises and lowers her legs during the gym class. For that Raquel Jojén, at forty-six years old, is a woman who ignites glances, particularly in the eyes of the husbands of her friends.

Kol Nidre… Kol Nidre. . . And the officiant continues in crescendo with his do-mi-re-fa.”

If that were not so, quite a while ago, I would have already gone to bed with that man. . . How awful! I’m crazy for thinking all of this. . . and in the synagogue. But, there’s nothing to do about it. José is so macho that at times, it occurs to me when I see on television that film Casablanca, and I see Humphrey Bogart, I seem to see José. . . and to see that he caresses me, kisses me and tells me : “I love you, and I melt, I listen to that song: You must remember these or something like that and I go on melting. . . at least no one notices that I don’t even look good, with eyes stained with red up to my ears. . . But my God, I have a husband and children. What craziness am I thinking?

And Rachel’s mind was distracted again by the mushrooms of the previous evening, with the caviar from Iran, that last night seemed to navigate in the two molds of ice, supported by the silver platters. Those strawberries that seemed to be the size of mandarin oranges, those ice creams, hidden behind pyramids of  almonds and walnuts and those crepes shipwrecked in the Gran Marnier that threw out flames in golden and violet streaks.

Raquel held in her hands the book with blue covers on whose spine shine the five Hebrew letters Machzor. Her lips moved and her pupils run from right to left. She raised her head again and was surprised to see Déborah and Simon Dokerinsky.

“Déborah has come dolled up as if she were going to a wedding,” Raquel’s mind judged. “Vanina never tires of telling me: but ma, the Bokerinsky must have plenty of money, but they are so vulgar, , ,and he, to tell you the truth is a piece of shit. This daughter of mine is so crudely spoken and so begrudging when is occurs to her to say that Déborah has shiny false teeth, and so to show them she never keeps her mouth shut. . . “But, you can’t take seriously what children say.”

Raquel then remembers that last week, Mario commented to her that Simón had taken on the custom of not paying off his promissory notes and that he was sending checks that bounced to his creditors. If that had not been so, last year, he wouldn’t had bought the house and a department in Punta del Este. Moreover, Simón, only a few months ago, gave Déborah an apartment on Virrey del Pino Street, with a swimming pool and sauna. And Raquel was convinced that nobody can purchase so many properties at the same time, without having money to spend.

The Kol Nidre prayer had ended. There was a creaking of chairs and murmurs. An elderly señora with her head covered by a mantilla of white lace is sitting on one of the seats of the first row of the upper floor with her elbows leaning on the railing. Her pupils, covered as if with a mist, struggled through her bifocals to look at this modern rabbi, at those who occupied the ground floor and those who, for lack of space, stood in the hallways on the sides of the temple. A child or two or three bawled in the hands that rocked then spasmodically.

“Silence please!” The rabbi demanded.

Translation by Stephen A. Sadow

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