Bernardo Kordon (1915-2002) — Escritor judio-argentino/Argentine Jewish Writer — “La Biblia y yo”/ “The Bible and I”

 

download
Bernardo Kor

Bernardo Kordon, escritor y periodista argentino,  nació  1915 en Buenos Aires y falleció en Santiago de Chile en 2002. Es considerado como uno de los autores más importantes e influyentes de la narrativa argentina del siglo XX y se le considera parte de la “Generación del 50”. Kordon publicó tanto novela como relato y libro de viajes, siendo muy conocido por sus crónicas en países de América, Europa y Asia. Sus obras tienen un marcado todo realista que muestra las inquietudes de la población y el costumbrismo, con influencia de autores norteamericanos y del cine, sus novelas tienen un enfoque abierto y se centra en la vida de la gente corriente en ambientes marginales y suburbanos. Publicó más de veinte obras a lo largo de su vida y seis de ellas se han llevado al cine. Entre sus obras más destacadas se encuentran: La Vuelta de Rocha. Brochazos y Relatos Porteños (1936), Un horizonte de cemento (1940), Seiscientos millones y uno (1958), Vencedores y vencidos (1965), Historias de sobrevivientes (1983), entre muchas otras. En 1969 se vio obligado a exiliarse de Argentina a Chile por motivos políticos, allí se casó con la chilena Marina López. En 1983 recibió el Premio Municipal y en 1984 recibió el prestigioso Premio  Konex.

Adaptado de Lecturalia

_________________________________________________________

Bernardo Kordon, Argentine writer and journalist, was born in 1915 in Buenos Aires and died in Santiago de Chile in 2002. He is considered one of the most important and influential authors of the twentieth century Argentine narrative and is considered part of the “Generation of the Fifties”. Kordon published both novels and stories and travel books. He was well known for his chronicles in countries of America, Europe and Asia. His works have a realistic mark that shows the concerns of the population and costumbrismo, with influence of American authors and cinema, his novels have an open approach and focuses on the lives of ordinary people in marginal and suburban environments. He published more than twenty works throughout his life and six of them have taken to the cinema. Among his most outstanding works are: La Vuelta de Rocha. Brochazos y Relatos Porteños (1936), Un horizonte de cemento (1940), Seiscientos millones y uno (1958), Vencedores y vencidos (1965), Historias de sobrevivientes (1983). En 1969, he was obliged to go into exile from Argentina to Chile for political reasons, There he married the  a Marina López, a Chilean. En 1983, he received the Municipal Prize and in 1984, the prestigious Konex Prize.

Adaptado de Lecturalia

___________________________________________________

“La Biblia y yo”

Confieso que de la Biblia tuve poco tránsito y ninguna permanencia. Sin duda, la aprecié, dada mi condición de judío. En tal sentido y nunca traté de ocultarlo. Esa permanencia deriva de mi abuelo materno, que se llamó Isaac Piterbarg. Era cantor de sinagoga y oir ese motivo fue invitado a cantar en Buenos Aires. Se embarcó en compañía de familiares hasta este Río de la Plata donde nunca vio el mejor ápice de plata, ni de oro (hubiera sido un consuelo), Aquí don Isaac sufrió varios contratiempos y algunas satisfacciones;iletrado entre éstas seguramente figuraron mostrarme la Biblia, la recuerdo bien porque era una edición ilustrada que puso en mis manos, hecho muy importante dada mi condición circunstancial de niño iletrado. Con esa Biblia mi abuelo me marcó; el libro señalaba el camino de mi pueblo y señalaba mi propio camino. Mi abuelo me marcó el camino de arte. Su canto, escuchado casualmente a los cinco años, marcó mi destino. Nunca olvidé el canto de mi abuelo Isaac.

Debo aclarar que mi padre era “progresista”, seguramente de socialista. Por eso no me inició en la religión en costumbres ni idiomas judíos. A mi hermano, por ejemplo, lo gratificaron con el nombre de Jean Juarès. Pero un día con mis padres, porque allí cantaba mi abuelo. Nunca pude olvidar su canción, algo funebre… un kadish.

A mi alrededor los niños continuaron sus juegos, pero la impresión que a mí me produjo el canto de mi abuelo fue tremenda. Vuelvo a sentir lo mismo cuando escucho el cante-jondo o los actores cantores hacen sentir sus desgarradas melopeas en las óperas chinas. Desde el comienzo, quiero decir desde ese canto de mi abuelo escuchado a los cuatro o cinco años, el hedonismo nada tiene que ver conmigo. Lo que me desgarra, o me estremece, no lo sentía y no lo siento como arte.

No olvidé el ambiente de casarón del Paisaje del Carmen donde fue trasplantado mi abuelo y toda su familia, lo más parecido a un patio de sainete de Vacarezza.

A los inmigrantes los costaba dejar las características traídas de todo el mundo, hasta formar esa mezcla que comienza a clarificarse medio siglo después. Ya no era el mundo estático entre idn y goim  de Ucrania, sino que este supuesto nuevo mundo consistía en un hervidero de razas y naciones que convertían a todos los inmigrantes en especies de judíos, que si no se peleaban abiertamente, al menos se despreciaban  y ridiculizaban mutuamente.

En especial el idioma confundía a mi abuelo. “Aquí todo se dice lo mismo” -reflexionaba-. “Esto”- señalaba su cara – “es caro, y es caro lo que no es barato, y también es caro el carro que transitaba la calle”. Pero esto no me reía, nunca me reí de esas dificultades idiomáticas de los inmigrantes; por el contrario, me provocan lástima y solidaridad.

Por supuesto a mi abuelo no lo consideraba un extranjero. En especial su canto era tan profundo y misterioso como nuestro pasado y nuestro porvenir. Su canto era yo mismo. En verdad aspiro a que mi pobre literatura resulte algo parecido al canto de mi abuelo.

A mi abuelo lo entendí cabalmente en ese gesto de ensoñación que acompañaba sus cánticos y plegarias. En su contagioso estado de ensoñación aprendí a sentirme judío. Mi abuelo soñaba con la gloria de su religión y también soñaba en convertirse en un próspero comerciante. Un buen día concretó el sueño de instalar una taller de confección ojalillos de camisas de seda. Uno de mis tíos, aún niño, fue el encargado de entregar la mercadería elaborada. Salió mi tío Elías con su paqueton de camisas de seda y una cuadra después lo detuvo un tipo: “Querés pibe ganarte veinte guitas? Aquí están: te los pago adelantado. Solamente tenés que subir al segundo piso y le entregás esta carta a esa mujer que se llama Tita, así como dice el sobre. Ah, me olvidaba de decirte que del paquete no te preocupés, te lo cuido yo”. La tal Tita no vivía ni en el segundo piso ni en ningún otro piso. Cuando mi tío Elías volvió a la calle tampoco encontró el hombre del recado, y menos el paquete de camisas de seda. Hubo que pagarlas al fabricante, sin contar del descrédito del confeccionista que comienza dejándose robar la mercadería. Contratiempo que acentuó la dedicación de mi abuelo a sus cánticos. Los mejores jeremiadas no son dictadas por el ritual, sino por la vida.

En realidad, la Biblia la conocí por mi abuelo y la viví en su canto. No estudié, debo confesar que tuve que conformarme con estudiar Buenos Aires. Lo que no ocurrió con mi abuelo, hablo la lengua de Buenos Aires, inclusive la escribo. Ya lo confesé  en un cuento: al hablar su idioma trato de disimular mi condición de extranjero. Extranjero por identificación con mi abuelo. Escribo pero debo decir como mi abuelo: todo se dice el mismo.

Cuando su impronta y sus hijos crecieron, mi viejo se mudó al caserón de la calle Potosí, al lado de los fondos del Hotel Italiano. En el jardín habían varias palmeras y un par de rejas: allí me mantuve quieto como un pequeño preso, mirando la calle todo el día, desde entonces mi ocupación favorita. Después comenzaron mis peregrinaciones por el barrio, por la ciudad, y de algún modo Buenos Aires fue la Biblia soñado por mi abuelo Isaac Piterbarg.

____________________________________________

“The Bible and I”

I confess that with the Bible, I had little traffic and no continuity.  Without doubt, I appreciated it, give my condition as a Jew. In that sense, I never tried to hide it. That permanent condition derives from my maternal grandfather, named Isaac Piterberg. He was a synagogue cantor, and for that reason, he was invited to sing in Buenos Aires. He embarked the company of relatives until this Río de la Plata, where he never saw a speck of silver nor of gold (it would have been a consolation. Here don Isaac suffered several setbacks and some satisfactions. My illiteracy, among these, surely figured in showing me the Bible, I remember it well because it was an illustrated edition that he put in my hands, made very important given my condition circumstantial of being and illiterate child. With this Bible, my grandfather marked me; the book signaled the path of my people and it signaled my own path. His singing, casually heard at five years old, marked my destiny. I will never forget the chanting of my grandfather Isaac.

I should make it    clear that my father was a “progressive,’ surely a socialist. For that reason, he didn’t initiate me in the Jewish religion, customs or languages. They rewarded my brother, for example, with the name Jean Juarès, the socialist leader. But one day, I went with my parents to the synagogue because my grandfather was singing there. I never could forget his song, something funereal. . . a Kaddish.

Around me, the children continued playing their games, but the impression that my grandfather’s singing had on me was enormous. I felt the same way when I heard the cante-jondo or when the actors and singers made their licentious intonations feel in the Chinese operas. From the beginning, I want to say that this chanting of my grandfather, heard at four of five years old, with me, had nothing to do with hedonism.

I can’t forget the ambiance of the large house on the Plaza del Carmen where my grandfather and his entire family was transplanted. It was more like a courtyard for comic sketches in Vacarezza.

It was difficult for the immigrants to leave behind the characteristics brought from around the world, until forming a that mixture that began to be clarified a half century later. It was no longer the static world between idn and goim, Jews and non-Jews of the Ukraine, but rather this supposed new world consisted in a beehive of races and nations that were converted all immigrants in species of Jews, who, if they didn’t fight openly, least they looked down upon and ridiculed each other.

The language especially confused my grandfather. “Here everything is said the same way, he reflected: there are sheeps in the fields. there are sheeps on the river, and if something is not expensive it’s sheep.” But this didn’t make me laugh; I never laughed at the linguistic difficulty of the immigrants; on the contrary, it provoked compassion and solidarity in me.

Of course, my grandfather wasn’t considered to be a foreigner. Especially, his singing was so profound and mysterious as our past and our future. His singing was me myself. Truthfully, I aspire that my poor literature becomes something like the singing of my grandfather.

My grandfather understood precisely that gesture of dreaminess that accompanied his chants and prayers. In his contagious dream-like state, I learned to feel myself to be a Jew. My grandfather dreamed about the glory of his religion, and he also dreamed about becoming a prosperous merchant. One day, he realized his dream of setting up a workshop for the manufacturing of small button holes for silk shirts. One of my uncles, still a child, was put in charge of delivering the completed merchandise, My Uncle Elías left with his large package of silk shirts, and a block later, a guy stopped him: “Kid, do you want to earn twenty pesos? Here they are: I’ll pay them to you in advance. All you have to do is go up to the second floor and deliver this this letter to that woman named Tita, as it says on the envelope. Ah, I forgot to tell you not to worry about the package, I’ll look after it for you.” Such a Tita didn’t live on the second floor nor in any other floor. When my uncle Elías returned to the street he didn’t find the man with the message either, and even less the package of silk shirts. It was necessary to pay the manufacturer, without speaking of the loss of trust in the seamstress who began allowing the merchandise to be stolen. Setbacks that accentuated my grandfather’s dedication to his songs. The best Jeremiads and not dictated by ritual, but by life.

In truth, I knew the Bible through my grandfather and I lived it in his singing. I didn’t study; I have to confess that I had to be content with studying Buenos Aires. As didn’t happen to my grandfather, I speak the language of Buenos Aires, I even write it. I already confessed this in a short-story: by speaking its language, I try to dissimulate my condition as a foreigner. Foreigner by identification with my grandfather. I write, but I should say like my grandfather: everything is said the same way.

When his reputation and his children were grown, my old man moved to the large house on Potosí Street, next to the rear section of the Italian Hospital. In the garden, there were several palms and a pair of railings: there I kept myself quiet like a small prisoner, looking at the street all day long, since then my favorite occupation. Later, my peregrinations through the neighborhood, through the city, and in some way, Buenos Aires was the Bible dreamt by my grandfather Isaac Piterberg.

_________________________________________

Algunos de los libros de Bernardo Kordon/                                                Some of Bernardo Kordon’s Books

 

_________________________________________

 

 

 

 

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.