Rubén Cukier– Artista surrealista innovador judío-argentino, radicado en Israel/Argentine Jewish Innovative Surrealist Artist, living in Israel

 

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Rubén Cukier

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rubencukierart.com

Rubén Cukier, nacido y criado en Buenos Aires en 1964, en una Argentina políticamente violenta. Ahora vive en Israel. Cukier elige colores y sombras que revelan un anhelo por una realidad menos superficial y menos engañosa. Las formas, dimensiones y colores dan forma a los sueños y pesadillas, e incluso aluden a una noción de esperanza. El humor se usa para reflejar miedos, hábitos y deseos que la mayoría de nosotros negamos y reprimimos profundamente dentro de yuxtaposiciones inesperadas que, al principio, son desconcertantes y provocan pensamientos, pero cuando se consideran más de cerca, producen reconocimiento. El reconocimiento de sueños, miedos o pensamientos que nosotros mismos pudimos haber experimentado en un momento u otro.

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Rubén Cukier, born and raised in Buenos Aires in 1964, in a politically violent Argentina. He now lives in Israel. Cukier chooses colors and shades that reveal a yearning for a less superficial, less deceptive reality. The forms, dimensions and colors give shape to dreams and nightmares, and even allude to a notion of hope. Humor is used to reflect fears, habits and desires that most of us deny and suppress deep within Unexpected juxtapositions that, at first, are baffling and thought provoking but when considered more closely, produce recognition. The recognition of dreams, fears or thoughts that we ourselves may have experienced at one time or another.

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El diccionario define el surrealismo, como un estilo de arte y literatura, enfatizando el significado subconsciente o no racional de las imágenes a las que se llega mediante el automatismo o la explotación de los efectos del azar y las yuxtaposiciones inesperadas.

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The dictionary defines surrealism , as a style of art and literature, stressing the subconscious or non rational significance of imagery arrived at by automatism or the exploitation of chance effects and unexpected juxtapositions.

– Lydia Schrufer, BFA. Adaptada de:/Adapted from: rubencukierart.com

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Mesías/The Messiah
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The Black Box
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El aeropuerto de ángeles
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Escape into Life
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Jerusalem
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Sacred
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La peluca de los alondras/The wig of larks
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Cabecita loca
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Warming
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Pampa
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Da Vinci Bio-construction

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Victoria Dana — Novelista judío-mexicana/Mexican Jewish Novelist — “Adónde tú vayas, iré” – Una novela de los judíos sirio-mexicanos/”Wherever You Go, I Will Go” – Novel of Syrian Mexican Jews — fragmentos/excerpts

 

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Victoria Dana es hija de inmigrantes sirios, nacida en la ciudad de México. Su interés por las letras nació desde muy pequeña, cuando se nutrió de todas las lecturas que caían en sus manos. Es licenciada en ciencias de la comunicación social por la Universidad Anáhuac. Tuvo la suerte de conocer y estudiar teatro con el maestro Hugo Argüelles, cuyos conocimientos la ha acompañado hasta ahora. Forma parte del taller literario del doctor Miguel Cossío Woodward, quien ha trabajado con toda una generación de escritores mexicanos contemporáneos. En 2012 incursionó por primera vez en la narrativa de ficción, y así fue como nació su primera novela Las palabras perdidas.  Adónde tú vayas, iré es su segunda novela, con la cual trata de mostrar que sólo desentrañando los secretos del pasado podemos enfrentar el presente.

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Victoria Dana is the daughter of Syrian immigrants, born in Mexico City. His interest in letters was born from a very young age, when she consumed all the readings that fell into her hands. She has a degree in social communication sciences from the Universidad Anáhuac. She was lucky to meet and study theater with maestro Hugo Argüelles, whose knowledge has accompanied her to this day. She was  part of the literary workshop of Dr. Miguel Cossío Woodward, who has worked with a whole generation of contemporary Mexican writers. In 2012 she ventured for the first time in the fiction, and that was how her first novel Las palabras perdidas was born.  Adónde tu vayas, iré is her second novel, with which she demonstrates that only by unraveling the secrets of the past can we face the present.

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Notas preliminares: Durante siglos, los judíos de Damasco, Siria, vivieron como una minoría despreciada en el Imperio Otomano. Mantuvieron sus costumbres ancestrales–como la dominación total del hombre sobre la mujer y el comercio. Latife, la heroína de la novela se a sí misma cada vez más miserable cuando su madre se muere repentinamente y tras el abandono de su padre. Durante la Primera Guerra Mundial cuando se destruye el Imperio y la vida en Damasco se hace imposible para los judíos, muchos se trasladan a México para conseguir una oportunidad y un futuro. [Kamil es el esposo de Latife.]

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Preliminary Notes: For centuries, the Jews of Damascus, Syria, lived as a despised minority of the Ottoman Empire. They were able to maintain their ancient customs which included the total domination of the men over women and commerce. Latife, the heroine of the novel sees herself become more and more miserable when her mother suddenly dies and her father abandons her. In the First World War, the Ottoman Empire, including Damascus is destroyed, and Jewish life becomes untenable. Many leave for Mexico looking for opportunity and a future. [Kamil is Latife’s husband.]

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La llegada a México

A Latife le asombró el cálido recibimiento de los vecinos. Acostumbrados a ver a los no judíos como enemigos, agradecieron la amabilidad de la portera y las muestras de solidaridad. La vecina de al lado los obsequió con unas galletas, una más trajo dulces para los niños. Latife se sintió apenada; ella no tenía algo que dar a cambio, no tenía cómo agradecer sus atenciones, Aunque, pensó:  Llegará el día.

Los niños no tardaron en detectar a otros de su edad. El avioncito y las canicas se volvieron sus juegos preferidos.

Entre las familias judías un aire de hermandad flotaba en el ambiente. La vecindad se parecía al hosh donde habían vivido en el Sham. Igual gozaban del patio comunal, aunque aquí, cada señora tenía su cocina particular. Los chismes ya no se sazonaban como antes, al hervor de los guisos, así que optaron por hacer del patio su lugar de reunión.

A menudo se escuchaba a las mujeres comunicarse a gritos de un departamento al otro. Como la puerta de la vecindad permanecía abierta, el ruido se mezclaba con el de vendedores ambulantes y con el bullicio de los niños creando una alegre sinfonía que llenaba de vida cada rincón.

El primer Sabbat se reunieron todos en el patio. Cada señora hizo las veces de anfitriona con un platillo. Los padres de familia recitaron al unísono la bendición al Creador y saboreaban de los guisos, los mismos que acostumbraban en Damasco, como si los hubieran traído con ellos.

Un ambiente de alegría hizo explosión en forma de chistes, bailes y anécdotas. Juntos disfrutaban de la vida. Poco a poco se recuperaban de ellos mismos. Nada les faltaba, a pesar de sus carencias.

Con el tiempo se convirtieron en sus propios maestros. En una libreta pequeña escribían las palabras que escuchaban con su respectivo significado en árabe. El diccionario multiplicó sus vocablos hasta que ya no fue necesario. Gracias al francés que habían aprendido en la escuela, más parecido al español que el árabe, en pocos meses dominaron el idioma. La libreta les sirvió para anotar su estado financiero, y la cartera de clientes. La sirvienta de la reja verde debe $ 1.00, la señora de la escalera amarilla debe $2.00. . .

Ajustaban el precio con una clienta, cuando Murad escuchó la frase que ahora se repetía en su cerebro sin descanso: ”El casado casa quiere”.  En México y en el Sham, pensó, los dichos son muy sabios. . .  tal vez estorbo. Kamil y Latite necesitaban estar solos, sin que nadie se interponga.

En la sinagoga se enteró de que varios jóvenes de su edad habían llegado solos, por lo que crearon “La casa del soltero”, rentaron una vivienda de buen tamaño y contrataron a una mujer para que los atendiera. Entre todos, el costo no era tan alto y la convivencia les daba esa sensación de pertenencia que tanto necesitaban.

A pesar de los ruegos de Kamil, Murad se mudó a la conocida casa, donde además de divertirse con sus miembros, encontró pasto fértil para sus intenciones de crear un grupo de jóvenes al servicio de la comunidad, con ideas progresistas. Estaba bien rezar, como hacían los viejos, pero no era lo único que hacía falta. Con la ayuda de los jóvenes lograría trasladar Natán ba seter, la ayuda secreta, desde Damasco a México. Otra de sus ilusiones era crear la escuela, en ella pondría todos su esfuerzo. Una escuela de la comunidad donde niños y niñas se sintieran a sus anchas sin ser señalados.

Para Kamil el pozo de los sueños no se secaba nunca. Quería vestir un traje nuevo como los que lucían sus conocidos en la sinagoga. Acariciaba la idea de tener un negocio propio y una casa más cómoda. También pretendía comprar un auto: Imaginar a Latife paseando en él le provocaba un gozo enorme. Pero por lo pronto, su anhelo más inmediato era de la traer a casa los bolsos del mercado colmadas, con todo lo que se antojara, y conseguir carne o pollo para su familia al menos una vez por semana. La lista de deseos parecía interminable, así como la fuerza para lograrla. Pero su más preciado sueño, el que alcanzaría tarde o temprano, era ver a su padre, Yusuf Lisbona, franquear la puerta de su casa. Los traeré a México, se dijo, lo prometo.

Sus anhelos se convirtieron en el motor que lo impulsaba a trabajar el día entero con su mercancía a cuestas.

Veía a los vecinos entrar al estanquillo y comprar un “cachito” de lotería con la esperanza de “salir de pobres”, así se escuchaba que decían. Kamil comprobaba que desperdiciaban su dinero sin obtener nada en el cambio. No estaba de acuerdo en dilapidar. Sus sueños eran más realistas. La suerte no lo hace a uno, uno hace su suerte, pensaba.

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Latife sola:

YO SOY EL SEÑOR TU DIOS

Y ESTARÉ CONTIGO

DONDE QUIERA QUE VAYAS

         Así como los ciclos lunares ocasionaban cambios en el cuerpo, Latife intuía que los embarazos provocaban cambios en su vida. ¿Cómo será esta vez?, pensaba con inquietud, mientras acariciaba la apenas visible protuberancia.

Ese viernes por la mañana, Latife se dirigió a la sinagoga. Todavía le asombra el hecho de andar sola por las calles. No había límites que los apartaran del resto de los habitantes. En México judíos y católicos convivían con respeto y, aunque no faltaba quien los mirara con extrañeza o desprecio, a ellos no les importaba, porque aquí eran considerados ciudadanos como todos. No había leyes especiales, ninguna restricción que les hiciera sentirse humillados

Latife caminaba unas cuadras más para observar con detenimiento los edificios. Cada detalle le parecía importante. Leía los nombres de las calles y procuraba memorizarlos. Sentía que de esa manera se adueñaba poco a poco de la ciudad. Paseaba libre, nada le intimidaba, nadie tenía que protegerla, al menos durante el día. De noche, las calles oscuras se volvían peligrosas, merodeaban los borrachos; era mejor guarecerse.

En la sinagoga se acercó a una mesa donde habían preparado varios pabilos que flotaban en pequeñas vasijas con aceite y agua. Algunas ya estaban encendidas. Los viernes, a partir del mediodía, el knis se atiborraba de mujeres. Todas pedían algo, aunque no necesariamente para ellas. Bienestar para los hijos, una vida mejor para sus familias y salud para los mayores. Latife prendió una mecha y observó la luz surgir y acrecentarse. Ella no venía a pedir, más bien deseaba agradecer este embarazo. Una vida que nace siempre representa una oportunidad, pero ¿agradecer a quién?, se preguntaba. ¿Dios, existes realmente? A pesar de las dudas, invocaba al Todopoderoso

¿En qué parte del universo te encuentras? Si es cierto que eres todo y no tienes fin, me escuchas?. .  ¿Acaso te molestarías en fijarte en una criatura sin importancia como yo?

A menudo me parece que juegas con los humanos y te alimentas de nuestro sufrimiento. Eres capaz de segar la vida de un niño y como si nada hubiera pasado, un buen día ofreces otra. ¿Juegas conmigo? ¿Me quitas y me das.? Voy a ser madre de nuevo y me pregunto ¿para qué? ¿Para qué?. . .Piensas arrancarme as este hijo también?

Tengo miedo lo confieso. Sé que me encuentro en sus manos, que deben ser inmensas: con ellas lo abarcas todo, pero, ¿eres realmente el Dios de bondad que tanto necesito? Kamil reza todos los días al Creador misericordioso y yo observo su fervor, puedo no puedo compartirlo. No te conozco y te temo. Desearía creer en Ti, sentirme confiada de que nos protegerás bajo tu sombra.

Mientras tanto, la cabeza de Kamil está llena de sueños que no has interpretado todavía. ¿Hacia dónde nos llevas? En ese fluir de la vida somos como guijarros que arrastra la corriente. Pero no todo es oscuro. Por otro lado, a pesar de la tormenta que nos has traído a una tierra de bondad, donde podemos construir un futuro y apaciblemente esperar a que llegue el tiempo de la cosecha. Nosotros apenas surcamos la tierra, ya hemos puesto la semilla y justo ahora Tú nos bendices con un nuevo ser. Ansío verlo, tenerlo en mis brazos, asegurarme de ha nacido sano y fuerte. Aún faltaba tanto y la incertidumbre me domina, me llena de angustia. Señor, te lo ruego, cuida de él.

Dicen que las almas retornan. En Pesaj, la historia asegura que somos los mismos que salieron de Egipto. ¿Será verdad? ¿Me está devolviendo a mi Musa? Su alma era tan pequeña como esta luz, cualquier soplo podría apagarla. ¿Cómo haré para cuidarla de nuevo?  Sé que Tú conoces todas las respuestas, muéstrame el camino, ayúdame a lograr a el milagro: convierta mi miedo en confianza y mi dolor en fe.

No puedo explicarlo, siento que ahora será diferente. Yo también soy distinta. Yo no soy la niña que se entrega a un hombre por órdenes de otros, Después de todo lo que he vivido, no estoy dispuesta a hacer nada contra mi voluntad. Si he recibido a Kamil por las noches es porque él enciende mi deseo y sé que lo amo. Todos dicen que nuestra unión está predestinada. ¿Será cierto? ¿Tú, desde el no sé dónde los dispones? ¿Eres el casamentero celestial? Si es así, te agradezco haber elegido para mí un hombre que me trata con cariño. Un hombre justo, capaz de hacer el mayor de los esfuerzos con tal de complacerme. Con este hijo que llega, nuestra unión será más fuerte todavía.

Gracias por permitirme compartir contigo el milagro de la vida, Bendito seas, Dios mío, por haberme hecho mujer.

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The arrival in Mexico

Latife was amazed at the warm reception by the neighbors. Accustomed to see non-Jews as enemies, they were all thankful for the friendliness of the lady building manager and the shows of support. The next-door neighbor gave then some cookies, another brought candy for the children. Latife felt sad, she didn’t have anything to give them in exchange, she didn’t have a way to thank them for their assistance. The time will come. . .

The children spent no time in finding others of their age. Darts and marbles were once again the favorite games.

Among the Jewish families, and air of brotherhood floated in the atmosphere. The neighborhood seemed like el hash where they had lived in the Sham. In the same way, they enjoyed the communal patio, although here, although each lady had her own private kitchen. The gossip wasn’t peppered as before, at the boiling of the stews, so the chose to make the patio their meeting place.

Often the women communicating by yelling from one door to another was heard. As the door of the neighborhood was always open, the noise mixed with that of the hawkers and with the racket made by the children, creating a happy symphony that filled the life in every corner.

The children spent no time in finding others of their age. Darts and marbles were once again the favorite games.

The first Sabbat, everyone gathered in the patio. Each señora took her place as hostess with a specialty dish. The fathers of the families recited in unison the benediction to the Creator and tasted the dishes, the same ones that they knew in Damascus, as if they had been brought with them.

An atmosphere of joy exploded in the form of jokes, dances and anecdotes. Together, they enjoyed life. Little by little, they recuperated themselves. They need nothing, in spite of what they lacked.

With time the became their own teachers, in a little notebook, they wrote down the words the heard with their retrospective meaning in Arabic. The dictionary multiplied its words until it was no longer necessary. Thanks to the French that they learned in school, closer to Spanish than to Arabic, in  a few months, the dominated the language. The little notebook served them also to keep track of their finances, and the list of clients. The servant of the green grate owes one peso, the lady of the yellow staircase owes two pesos.

They agreed on the price with one client, when Murad heard the phrase that now repeated in his brain without stopping” “The married man wants a house.” In Mexico and in the Sham, he thought, the proverbs are very wise. . . perhaps an obstacle. Kamil and Latife need to be alone, without anyone bothering them.

In the synagogue, it was known that several young men had arrived alone, so that they created :The Bachelor’s House. They rented a large apartment and they hired a woman to take care of it. Split among them, the cost was not great and living together gave them the sense of belonging that they so needed.

Despite Kamil’s pleas, Murad moved to the bachelor’s house, where besides enjoying himself with the others, he found fertile ground for his intentions to create a group of young men in service to the community, with progressive ideas. It was fine to pray, as the old people did, but that was not the only thing needed. With the help of the young men they would be able to bring from Damascus to Mexico, Natan ba Seder, secret help. Another of his dreams was to create a school. In that, he put all his effort. A community school, where boys and girls would feel free without being singled out.

For Kamil, the well of his dreams never dried up. He wanted to wear a new suit as his acquaintances were showing off at the time. He cherished the idea of having his own business and a more comfortable house. He also intended to buy a car: imagining Latife riding in it, provoked in him an enormous pleasure. But for the moment, his most pressing desire was to bring home the filled bags from the market, with everything that was wanted, and obtain meat or a chicken at least once a week. The list of wishes seemed interminable, as well as the force required to fulfil it. But his most treasured dream, that which he would reach sooner or later, was to see his father. Yusuf Lisboa, knocking on the door of his house. He would bring them to Mexico, he told himself, I promise.

His desires became the motor that impelled him to work all day with merchandise on his back.

He saw his neighbors enter the little stand and buy a lottery ticket with the idea of “leaving poverty behind,” as he heard them say. Kamil understood that they were throwing their money away, without obtaining anything in return. He did not believe in squandering. His dreams were more realistic. Luck doesn’t make you, you make luck, he thought.

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Latife alone:

I AM THE LORD YOUR GOD

AND I WILL BE WITH YOU

WHEREVER YOU WISH I GO

Just as the lunar cycles cause changes in the body, Latife knew intuitively that pregnancies provoked changes in her life. “How would it be this time?” she thought with concern, while she caressed the barely visible protuberance.

That Friday morning, Latife headed for the synagogue. The fact that she could walk alone in the street still amazes her. There were no boundaries that separated her from the rest of the inhabitants. In Mexico, Jews and Catholics lived together with respect and, although there were those who looked at them with suspicion or contempt, it didn’t bother them, for here they were considered citizens like everyone else. There were no special laws, no restriction that might humiliate them,

Latife walked a few blocks more to observe the buildings with care. Each detail seemed important to her. She read the names of the streets and was able to memorize them. She felt that by that way, little by little, she would master the city. She walked about freely, nothing intimidated her, nobody needed to protect her, at least during the day. At night, the darkened streets became dangerous, the drunks lurked; it was better to protect yourself.

In the synagogue se approached a table where they had prepared several wicks that were floating small receptacles filled with oil and water. Some were already burning. On Fridays, after midday, the knis was full of women. All needed something, although not necessarily for themselves. The asked for the well-being of their children, a better life for their families and heal for the elderly. Latife lit a wick and watched the light surge and grow. She didn’t come to ask; she wanted to give thanks for this pregnancy. A live being born always represents and opportunity–but to thank whom?, she wondered. God, do you really exist? In spite of her doubts, she invoked the All Powerful.

In what part of the universe are you to be found? If it’s true that you are everything and you have no end, you hear me?. . . Would you bother to pay attention to an un important creature like me?

It often seems to me that you play with humans and you feed on our suffering. You are capable of cutting short the life of a child, and, as if nothing had happened, on another day, you offer another. Are you playing with me?  You take from me and you give to me? I’m going to be a mother and I wonder: for what?. . for what?…are you planning to tear this child from me too?

I’m afraid, I confess. I know that I find myself in your hands that must be immense: in those, you encompass everything, but, are you really the God of goodness that I need so much. Kamil prays everyday to the merciful Creator and I watch his fervor, but I can’t share it. I don’t know you, and I fear you. I would wish to believe in You, to feel myself trust that you will protect us under your shadow.

Meanwhile, Kamil’s head is full of dreams that he hasn’t yet interpreted. To where are you taking us? In that flow of life, we are like pebbles that the current pulls along. But not everything is dark. On the other hand, despite the storm that has brought us to a land of goodness, where we can construct a future and peacefully wait until harvest time comes. We have scarcely plowed the land. We have just placed a seed and just now you bless us with a child. I yearn to see him, hold him in my arms, assure myself that he has been born healthy and strong. So much still is yet to come, and the uncertainty dominates me, fills my with anguish. Lord, I beg of you, take care of him.

They say that souls return. In Pesach, the story assures us that we are the same ones who left Egypt. Could that be true? Are you returning my Musa to me? His soul was as small as this light, any puff of air could blow it out. How will I care for him once again? I know that You know every answer. Show me the way, help me achieve the miracle. Convert my fear in confidence and my pain in faith.

I can’t explain it. I feel that now will be different. I am also different. I am not the little girl who gave herself to a man by the orders of others. After all that I have lived, I am not prepared to do anything against my will.  If I have received Kamil at night it is because he excites my desire and I love him. Everyone says that our union is predestined. Could that be true? You, who arranges things from I don’t know where? Are you the celestial matchmaker? Si it is so, I thank you for having chosen for me a man who treats me with affection. A just man, capable of making the greatest effort so as to please me. With this child that arrives, our union is yet stronger.

Thank you for permitting me to share with you the miracle of life. You are Blessed, My God, for having made me a woman.

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Carlos Szwarcer — Cuentista e historiador judío-argentino/Argentine Jewish Short-story Writer and Historian — cuento/short-story: “El grito del difunto”/ “The Deadman’s Scream” Cuento sefaradí/Sephardic Story

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Carlos Szwarcer

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Carlos Szwarcer es historiador, periodista y cuentista judío-argentino. Es especialista en la historia de los sefardíes en la Argentina y ha coleccionado muchos testimonios orales de la gente vieja sefaradí de los barrios de Buenos Aires.

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Carlos Szwarcer is an -Argentine Jewish historian, journalist and short-story writer. He is a specialist in the history of Sephardic Jews of Argentina, and he has collected many oral testimonies from older people in Sephardic neighborhoods of Buenos Aires.

Café Izmir

El reloj/The Watch

El hechizo Sefaradí/Sephardic Charm

Los boios de Simbul

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“El Grito del Difunto”

Por Carlos Szwarcer

 

Transcurre el año 1920. A los pocos meses de llegar a Buenos Aires, Alejandro recibe una infausta noticia: una carta enviada desde Esmirna, Turquía, le informa que su adorada madre ha fallecido inesperadamente, días después de dar a luz a su pequeño hermanito. La lectura de ese papel rugoso y lejano lo impacta de tal modo que lo tira y pisotea una y otra vez contra las baldosas. Violentamente arroja su cajoncito de lustrar botas – con el que se gana la vida – y comienza a pegarse el pecho con los puños, aúlla como un animal herido. Al fin se lleva las manos al rostro desencajado, y comienza a llorar.

En esa habitación mínima del inquilinato de la calle 25 de Mayo, cercana al puerto, compartida con dos paisanos, el desmedido y severo ataque de nervios pasa -con la velocidad de un rayo- del temblor descontrolado a una rara inmovilidad y cae pesadamente al piso. Sus compañeros de pieza, desesperados, lo acomodan sobre su cama e intentan reanimarlo, le abofetean las mejillas, le sacuden los hombros, pero no hay reacción.

Muis asevera desconsolado: “¡Se murió Alejandro… Se murió Alejandrico!” Jacobo lo hace callar: “¡Dancavé… el Dió ke no mos traiga!”(1).Lo ven tan tieso y cadavérico que llaman a la Asistencia Pública. La llegada del médico, desmorona rápidamente cualquier esperanza: lo da, efectivamente,  por muerto, ante la angustia de los amigos y vecinos.

Es viernes, los sábados no se entierra; aceleran los trámites fúnebres. No es justo que termine así, con tanta vida por delante. ¡Ke ora negra y preta(2)! Se escucha a Estrella, una  de las vecinas: “Famiya que no tiene el manzebiko… a ken  dizirle(3). Están todos en Turkiya”, agrega desorientada. La sala y el patio se van poblando. Deambulan conocidos y curiosos meditabundos. Un allegado, providencialmente, por aquél” perdido por perdido” o bien porque no se resiste a creer en el diagnóstico del profesional, decide llamar a un médico particular, de su confianza. Las miradas perdidas de los más íntimos y los llantos entrecortados de las mujeres agobia más el cansino paso del tiempo, marcado en lánguido compás por el péndulo del reloj de pared. Unos minutos o un siglo después llega el otro galeno y comienza a revisar nuevamente y detenidamente al occiso, de arriba abajo, de la cabeza a los pies, de los pies a la cabeza. Repentinamente, transforma su ceño fruncido en un gesto de ostensible contrariedad. Levanta la vista y, absorto, deslizando una mueca de excitación que no puede disimular, afirma entrecortadamente: “Este muchacho está vivo.

Después del lógico alboroto inicial, explica a los incrédulos y desconfiados presentes, que el joven inerte se encuentra en estado cataléptico, que podía hacer algo por él, si bien deja en claro que es un asunto por demás riesgoso, tanto que el enfermo de sólo dieciocho años podría quedar con alguna deficiencia física permanente. En esos instantes dramáticos, no hay ninguna otra cosa que elegir, es la vida o la muerte. Autorizado el médico a hacer lo necesario, aún a expensas de que el inmigrante esmirlí quedara con algún tipo de invalidez, procede a concentrarse sobre el método a utilizar para sacar del trance al paciente.

Muis, flaco y desgarbado, se aprieta entrelazando fuertemente los dedos huesudos de sus manos, como orando, y susurra: “!Ke el Dió te avilumbre!”(4), palabras ininteligibles para el facultativo que da una vuelta alrededor de la cama y observa con curiosidad aquellos párpados que juzga sombríos, aunque el rostro juvenil conserva un halo de misterio. Coloca el dedo pulgar sobre la órbita de uno de los ojos y espera un momento para luego presionar fuertemente. Alejandro, el finado, pega un grito visceral, un sonido casi de ultratumba que estremece a todos, se incorpora en la cama como impulsado por un resorte. Su cuerpo sentado, intensamente agitado, sus ojos súbitamente abiertos emergen tan redondos y brillantes como dos lunas plateadas que perforan el umbrío espacio. Inmediatamente la sorpresa estalla como un vendaval que, como rara mezcla de estupor y júbilo, invade el cuarto.

   -¿Amán… Amán… Kualo es esto?(5), exclama Jacobo, estupefacto.

   En torno al frustrado “lecho de muerte”, sollozos y risas patéticas acompañados por saltos de alegría, instintivos movimientos que semejan una danza de seres perplejos delante del “paisano sefaradí”(6) vuelto a la vida. Su ataúd tendrá que esperar todavía unos largos cuarenta y cinco años para hospedarlo.

Contará luego Alejandro que había quedado paralizado dentro de un inevitable sopor, y que escuchaba, como de lejos, las voces y los llantos, pero que le era absolutamente imposible moverse o dar alguna señal. Durante ese “tiempo suspendido” pasaron por su mente imágenes difusas, de su “chikez”(7) humilde pero feliz, correteando por las angostas callejas de la judería. Trabajando desde muy chico como lustrabotas para ayudar a la familia. Cada hermano aportaba lo suyo, pero él era el mayor y le tocaba la responsabilidad de “abrir caminos” Rememora cada detalle de la doliente despedida de su familia… Sus labios secos por los nervios, alejándose por primera vez de su hogar, de sus colores, de sus sabores, de sus apegos, para buscar un nuevo horizonte para él y para el resto. Pero si algo quebró su ánimo fue la despedida de su mamá: antes de partir hacia el barco que lo traería a América, se sentó en el piso de la sobria casita del Karatash(8), apoyó su cabeza en el regazo de su madre, que sabiendo la gravedad del momento comenzó a canturrear fragmentos de antiguas romanzas de Sefarad(9), las mismas que le cantó por años a él y a sus hermanitos, para acunarlos, para que se durmieran serenos: “Nani, nani, nani… nani kere il hiyo…”(10). Alejandro retrasa la partida, no quiere marcharse, pero su madre insistirá: “Debes irte hiyico, aquí nada mos queda. ¿O Keres ir a la gerra? Vate kirido bojor. Nos adjuntaremos en Aryentina. ¡Agora tú, luego mozotros!”(11).

Todo esto me pasaba por el “meoio”(12), relatará al reponerse. Mencionará el fuerte dolor en la frente y como, de pronto, se vio sentado en la cama, rodeado por un puñado de gente que lo miraba como a un fantasma. Este hecho, originado por la noticia de la muerte de su madre en su Turquía natal, hubo de quedar como anécdota familiar un tanto siniestra y de muy fuerte impacto en su familia por tres generaciones. En lo sucesivo, el esmirlí cada vez que alce su copa para brindar exclamará en hebreo lejaim (¡salud, por la vida!). Ese viernes nació de nuevo.  “¡Mazal bueno tendrás!”(13), le auguró una anciana vecina sefaradí.

Alejandro formará una familia y trabajará sin descanso. De Esmirna fueron llegando todos sus parientes a Buenos Aires, menos su madre, claro. Muchos años después, días antes de su segunda definitiva muerte, le comenta afligido a una de sus hijas: “No hago más que ver por todos lados el rostro de mi madre que me llama”. Insistirá en esas apariciones, presiente que algo habrá de ocurrirle. Su hija lo reta como a un niño y le pide que no piense en pavadas.

La semana siguiente, una tarde soleada de otoño, Alejandro fallece, a los sesenta y tres años. Buenos Aires, sigue su vertiginoso ritmo, como corresponde a una gran urbe. En uno de sus barrios, Villa Crespo (territorio sefaradí), siete días se prenderán velas y se leerá el kadish(14). Alejandro tuvo una vida intensa, tanto que murió dos veces. Ni su mujer, ni sus hijas, ni sus nietos, lograron colmar del todo ese vacío abismal que jamás dejó de sentir por  la separación y el desencuentro de quien le dio la vida.

Las historias se tejen a veces dulces, a veces crueles. Nunca somos dueños completamente de nuestra existencia. Una tradicional canción de cuna llega desde tiempos inmemoriales y se renueva en cada generación. “Nani, nani, nani… nani kere il hiyo… hiyo de la madre… chico se haga grande…! ¡Ay… durmite mi alma…!” (15). Alejandro y su madre descansan en paz. Amén.

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Notas:

1) Dankavé: Individuo que atonta con sus palabras o por la repetición de las mismas.  ¡Qué Dios no nos traiga eso! (Dicho que pretende alejar malos presagios).

2) ¡Qué hora negra y oscura! (Mal momento. Tiempo cargado de negatividad).

3) Familia no tiene el joven aquí. ¿A quién avisarle?

4) ¡Qué Dios te alumbre, te ilumine!

5) ¿Qué es esto? Dicho que expresa asombro, sorpresa.

6) Aquí se refiere al inmigrante judeo-español, cuya lengua es el djudezmo.

7) Niñez, infancia.

8) Barrio judío de Esmirna.

9) Nombre hebreo de España.

10) Comienzo de una canción de cuna para dormir al niño: Nani, nani… (Noni, Noni, quiere el hijo)

11) “Debes irte hijito, aquí nada nos queda. ¿O quieres ir a la guerra? Vete querido “bojor” (sobrenombre dado al hijo mayor). Nos juntaremos en Argentina. ¡Ahora tú, luego nosotros!”.

12)“Todo esto me pasaba por la mente”.( Meoio: cerebro, cabeza, mente).

13) ¡Buena suerte tendrás! Mazal: suerte.

14) Oración de homenaje a los muertos.

15) “Nani… quiere el hijo… hijo de la madre… chico se haga grande… ¡Ay… duérmete mi alma…!”.

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* Relato basado en hechos reales.

* Publicado en “Los Muestros” Nº 62. Marzo de 2006. Bruselas. Bélgica.

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“The Deadman’s Scream”

By Carlos Szwarcer 

The event takes place in 1920. A few months after arriving in Buenos Aires, Alejandro receives a terrible letter sent from Smyrna, Turkey, which informs him that his adored mother had died unexpectedly, days after giving birth to his tiny little brother. The reading of that wrinkled and distant paper impacts him in such a way that he drops it and steps on it over and over again on the floor tiles. He violently throws his shoeshine box—with which he made his living—and begins to punch himself in his chest with his fists, wailing like a wounded animal. Finally, he raises his hands to his distorted face and begins to cry.

In that small rented room in 25 of May Street, near the port, shared with two other Jews, the extreme and severe attack of nerves passes—with the velocity of lightning—from uncontrollable tremors to a rare immobility and he falls heavily to the floor. His roommates, desperate, place him on the bed and try to revive him, they shake his shoulders, but there is no reaction.

Muis confirms, disconsolate: ¡Alejandro Died…Alejandrico died! Jacobo makes him be quiet: “Dancavé… el Dió ke no mos traiga!”(1). They see him so tight and cadaver-like that they call Public Assistance. The arrival of the doctor, rapidly dispels any hope, he is taken, effectively for dead, among the anguish of friends and neighbors.

It is Friday; they don’t do burials on Saturday; they speed up the funeral procedures. It’s not right that he end so, with so much life ahead of his. Ke ora negra y preta(2). Says Estrella, one of the neighbors: “Famiya que no tiene el manzebiko… a ken  dizirle(3). Están todos en Turkiya, she adds, disoriented. The room and the patio are filling up. Acquaintances and the curious deep in thought. A close friend, providentially, not accepting ”what is lost is lost” or well because he  can’t  believe the diagnosis of the professional, decides to call a private doctor, one they trust, The hidden faces of the most intimate and the broken wailing of the women, weigh down the weary passage of time, marked in languid beats by the pendulum of the wall clock. A few minutes or a century later, the other doctor arrives and begins to check the deceased once again and slowly, from top to bottom, from head to foot. Suddenly, his wrinkled brow transforms into a frown of ostensible vexation. He raised his eyes and, absorbed, letting go a grimace that he couldn’t fake: “This boy is alive.”

After the expectable original excitement, he explains to the incredulous and suspicious who are present that the inert young man was in a cataleptic state, that he could do something for him, although  he makes it clear that in such a risky matter, especially for a sick boy of only eighteen years old, there could be a permanent impairment. In those dramatic moments, there is no choice, it is life or death. The doctor is authorized to do what is necessary, even at the expense of the immigrant from Smyrna be left with some sort of handicap.

Muis, skinny and clumsy, strongly squeezes the interlaced bones of his hands, as if he were praying, and sighs: “!Ke el Dió te avilumbre!”(4), words unintelligible for the doctor who goes around the bed and observes with curiosity those eyelids that he judges dull, although the young face conserves a halo of mystery. He places his thumb on the socket of one of his eyes and waits a moment and then presses hard. Alejandro, the dead one, lets out a visceral scream, a sound almost beyond the grave that makes everyone shiver. He sits up in the bed as if pushed by a spring. His seated body, intensely agitated, his eyes suddenly open, emerge as round and brilliant as two silver moons and they perforate the dark space. Immediately, the surprise explodes like a strong wind that, like a rare mixture of stupor and joy, invades the room.

  – ¿Amán… Amán… Kualo es esto?”(5), Jacobo exclaims, dumbfounded.

Around the thwarted “death bed,” sighs and pathetic laughing, accompanied by outbursts of joy, instinctive movements that resemble a dance of beings perplexed by the Sefaradí Jew(6) returned to life. His coffin will have to still wait some long forty-five years to lodge him.

Alejandro will later tell that he had fallen paralyzed inside an deep stupor, and that he heard, as if at a distance, the voices and the crying, but it was absolutely impossible to move or give a signal. During that “suspended time” diffuse images passed through his mind, of his “chikez,”(7) humble but happy, running about the narrow streets of the Jewish section. Working, from the time he was very small as a shoe shine boy to help his family. Each brother did his part, but he was the oldest, it was his responsibility to “pave the way”. He remembers every detail of the painful goodbye from his family… His lips dry from nerves. Leaving home for the first time, from his colors, his tastes, his ties, to seek a new horizon for himself and the rest. But if anything broke his spirit, it was, saying goodbye to his mother before leaving for the ship that would bring him to America, he sat on the floor of the dark little house of Karatash(8). He rested his head in his mother’s lap, who, knowing the gravity of the moment, began to sing softly fragments romanzas, ballads of Sefarad(9), the same that she sang for him and for his little brothers to rock them so that they would sleep serenely. “Nani, nani, nani… nani kere il hiyo…”(10). Alejandro puts off his departure, he doesn’t want to leave, but his mother will insist “Debes irte hiyico, aquí nada mos queda. ¿O Keres ir a la gerra? Vate kirido bojor. Nos adjuntaremos en Aryentina. ¡Agora tú, luego mozotros!”(11).

  “All of this happened to me because of  the “meoio”(12), he will  tell when he recovers. He will mention the severe pain in his forehead, and how, suddenly, he saw himself seated on the bed, surrounded by a fistful of people who looked at him as if he were a ghost. This event, caused by the death of his mother in his native Turkey, was to continue as a bit sinister and of great impact on his family for three generations. In consequence, the the man from Smyrna every time he raised his cup to toast will exclaim in Hebrew lejaim (good health, to life!) That Friday, he was born again. “¡Mazal bueno tendrás!”(13), a Sefaradí old woman and neighbor predicted for him.

Alejandro will form a family and he will work without rest. From Smyrna were arriving to Buenos Aires all his relatives Many years later, days before his second and definitive death, distraught, he commented to one of his daughters: I don’t do anything but see everywhere the face of my mother who calls me. He will insist of those apparitions, prescient that something will happen to him. His daughter scolded him like a child and asked him not think nonsense. The next week, a sunny afternoon in October, Alejandro dies, at sixty-three years old. Buenos Aires continued its vertiginous rhythm, as would be expected in a great city. In one of its neighborhoods Villa Crespo (Sephardic territory) for seven days they will light candles and will read  the Kaddish(14). Alejandro had an intense life, so much so that he died twice. Not his wife, nor his daughters nor his grandchildren were able to completely fill that abysmal emptiness that he never ceased to feel for the separation and failure to reunite with woman who gave him life.

The stories are woven at times sweet, sometimes cruel. We are never complete owners of our existence. A traditional lullaby comes from time immemorial and is renewed in every generation. .  “Nani, nani, nani… nani kere il hiyo… hiyo de la madre… chico se haga grande…! ¡Ay… durmite mi alma…!” (15). May Alejandro and his mother rest in peace. Amen.

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Notas:

1) Dankavé: An individual who bewilders others with his words or by repeating them. That God not bring us that! (A refrain intended to chase away evil omens.)

2) What a black and dark hour! A difficult moment. (A time loaded with negativity.)

3) The young man has no family here. Who will counsel him?

4) That God shed light on you, brighten your life!

5) What’s this? A question that expresses surprise, amazement. 

6) A Sephardic Jew, whose language is djudezmo (also known as Ladino.)

7) Childhood..

8) Jewish quarter in Smyrna.

9) Hebrew name for Spain.

10)  Beginning of a lullaby. Nani, nani… (Noni, Noni, loves the child. . .)

11) “You must leave my dear son, Or, do you want to go to war Go dear”bojor” (nickname given to the oldest son)  here nothing is left for us. We will reunite in Argentina. Now you, then us!

12) “All this passed through my mind. (Meoio, mind).

13) You will have good luck! Mazal: luck.

14) Pray to honor the dead.

15).”Nani. . .loves the child. . .the little one grows. . .Ay! sleep my soul. . .!

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* This story is based on true events.

* Published in “Los Muestros” Nº 62. March, 2006. Brussels. Bélgium..

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Translated by Stephen A. Sadow

 

Gloria Gervitz — Poeta judío-mexicano/ Jewish Mexican Poet — Ganadora del Premio Pablo Neruda/Winner of the Pablo Neruda Prize — “Migraciones”/ “Migrations” — fragmento del poema experimental/excerpt from the experimental poem

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Gloria Gervitz nació en la Ciudad de México en 1943. Primero publicó Shaharit, la primera parte de Migraciones en 1979. Luego escribió Fragmento de Ventana (1986), Yiskor (1987), Pythia (1993), Treno (2003) y Septiembre (2003), y en 2002, una serie de ediciones de Migraciones, cada una con nuevas secciones. Ella continúa haciendo revisiones y alteraciones al texto. Ha traducido poetas como Clarice Lispector, Samuel Beckett y Anna Akhmatova. Su trabajo ha sido traducido al francés, hebreo, italiano, japonés, portugués, ruso y alemán. En 2019, Gervitz recibió el muy prestigioso Premio Iberoamericano Pablo Neruda de la Sociedad Cervantes.

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Gloria Gervitz was born in Mexico City in 1943. She first published Shaharit,  the first part of Migraciones in 1979. She then wrote Fragmento de Ventana (1986), Yiskor (1987), Pythia (1993), Treno (2003) and Septiembre (2003), and in 2002, a series of editions of Migraciones, each incorporating new sections. She continues to make revisions. and alterations to the text. She has translated poets such as Clarice Lispector, Samuel Beckett and Anna Akhmatova. Her work has been translated into French, Hebrew, Italian, Japanese, Portuguese, Russian and German. In 2019, Gervitz was awarded the very prestigious Premio Iberoamericana Pablo Neruda from the Cervantes Society.

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Esta selección viene de Gloria Gervitz. Migrations/Migraciones. Traducido por Mark Shafer. San Diego: Junction Press, 2004.

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This section comes from Gloria Gervitz. Migrations/Migraciones. Translated by Mark Shafer. San Diego: Junction Press, 2004

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“Septiembre”/”September”

fragmento/excerpt

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