Perla Schwartz (1956-2019) Poeta judío-mexicana/Mexican Jewish Poet — “Percibes cómo se desdibujan las fronteras”/”You See How the Borders Blur” — Poemas interiores y exteriores/Interior and Exterior Poems

 

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Perla Schwartz

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Perla Schwartz Poeta y ensayistanació en la Ciudad de México en 1956. Falleció en 2019. Estudió Periodismo en la Escuela Carlos Septién García. Fue profesora de la Universidad de la Comunicación y de la Escuela Carlos Septién García; reportera del INBA; analista del programa de televisión “Para Gente Grande”. Colaboró ​​para Casa del Tiempo, El Heraldo Cultural, El Sol de México, El Universal, Excélsior, La Jornada Semanal, Novedades, Plural, Reforma y Revista de la Universidad de México.

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Perla Schwartz Poet and essayist. was born in Mexico City in 1956. She died in 2019. She studied Journalism at the Carlos Septién García School. She was a professor at the University of Communication and the Carlos Septién García School; INBA reporter; Analyst for the television program “Para Gente Grande”. He collaborated for Casa del Tiempo, El Heraldo Cultural, El Sol de México, El Universal, Excelsior, La Jornada Semanal, Novedades, Plural, Reforma and Revista de la Universidad de México.

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Holocausto del alma

Los cuerpos acribillados

los traspasa

un amasijo de humo evanescente:

Arde el Holocausto del Alma.

Cristales esparcidos

arropados por cenizas,

noche-duelo,

noche que duele

2 de octubre de 1968:

Noche que no se resigna

a terminar.

Noche de sangre circundada

por un reloj sin manecillas.

Grafiti del sacrificio humano.

Un Dios iracundo

Tlatelolco:

grito contenido… grito soterrado…

que estalla y se estrella

contra el paredón urbano.

Arde el Holocausto del Alma;

impunidad total

y totalizadora

vaivén de ruidos y voces,

corona de fuego

que permanece tatuada

entre los pliegues del corazón.

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Holocaust of the Soul

The riddled bodies

are pierced by

a disarray of evanescent smoke:

The fire of the Holocaust of the Soul.

Scattered crystals

trapped by ashes,

night-grief

grieving nights

October 2, 1968:

Night that won’t resign itself

to ending.

Night of  blood encircled

by a clock without hands.

Grafitti of human sacrifice.

An angry God

Tlatelolco:

Suppressed shout . . .  buried shout

that bursts and crashes

against the urban wall.

The fire of the Holocaust of the Soul.

Total impunity

totting up

the sway of clamor and voices,

crown of fire

that persists tattooed

on the folds of the heart.

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Dialéctica de la lluvia

I

Se despliega

un grafiti de agua

traza un telón;

las sombras

adquieren

el matiz de lo difuso.

La lluvia y sus contornos

no dejan resquicio alguno

para las impurezas.

Sabiamente

se alivian

esas turbulencias

que obstruyen el ser.

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Dialectic of Rain

I

Graffiti of water

dispersing

traces a curtain;

the shadows

take on

a hint of the diffuse

the rain and its contours

forbid any crevices

for impurity

Wisely

they relieve

those upheavals

that obstruct being.

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II

La implacable furia de las nubes

exhala su rabia impetuosa

el pentagrama del tiempo

pierde

su centro.

La furia implacable de las nubes.

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II

The implacable fury of clouds

breaathes out its impetuous rage

the pentagram of time

loses

its center.

The implacable fury of clouds

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III

Observas

el devenir de la lluvia,

buscas capturar

su dialéctica secreta.

En la ventana de tu habitación,

las gotas

dibujan filigranas.

El agua desmelena

a tu portentosa tristeza.

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III

You observe

the future of rain

you seek to capture

its secret dialectic

In the window of your room

the drops

draw filigrees

The water ruffles

your wonderful sadness.

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IV

Buceas

entre las aristas del lenguaje,

te compenetras

con sus partículas acuosas,

te dejas invadir

por su música-sonámbula.

Resurge

esa Dama Oceánica

capaz de navegar gozosa

entre

los arrecifes de su inconsciente.

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IV

You dive

among the shoals of language

you become

one with watery particles,

You let yourself be invaded

by its sleepwalker-music.

This Oceanic Lady

re-emerges

able to navigate happily

among

the reefs of your unconscious.

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V

Percibes

cómo se desdibujan

las fronteras

entre las nubes y el cielo.

La lluvia aleja

a los espectros,

restaura

el equilibrio.

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V

You discern

how frontiers

blur

between clouds and the sky.

Rain distances

the ghosts,

restores

equilibrium.

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VI

Revisas el amplio catálogo

de erratas de la vida;

la lluvia, pese a tu melancolía innata,

te transporta

a un estatus paradisiaco

de redención.

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VI

You look over the substantial catalogue

of life’s mistakes;

the rain, in spite of its innate melancholy,

transports you

to a blissful state

of redemption.

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VII

El agua de lluvia

desarraiga

al polvo.

La lluvia

en incesante movimiento;

otredad de una naturaleza indómita

que no se doblega

ante los designios de la quietud.

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VII

The water of rain

eliminates

dust.

The rain

in its incessant movement;

otherness of an unconquerable nature

that will not yield

to the designs of stillness.

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VIII

La lluvia-desgarradura

a través de sus nubes errantes,

configura

la partitura del horizonte.

El caos deja

de amenazar,

se instaura

un apsesis del mundo

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VIII

The heartrending-rain

through its errant clouds,

configures

the sheet music of the horizon.

Chaos stops

threatening,

It establishes

an apsesis of the world.

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Designios

A veces

es imposible

articular una sonrisa,

días en que el caos preside a las horas,

horas en que una se siente

como una lila marchita próxima

a desgajarse,

momentos en que la nostalgia irrumpe

con mayor ímpetu que de costumbre.

Entonces

es mejor hallar refugio

en la órbita de un espíritu insumiso.

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Plans

At times

it is impossible

to articulate a smile,

days when chaos presides over the hours,

hours in which you feel

like a dried-up lily

about to be dropped,

moments in which nostalgia interrupts

with more force than usual.

Then

it’s better to find refuge

in the orbit of a rebellious spirit.

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Irse de casa

Irse de casa

dejar atrás

una pesadilla,

desprenderse de la sombra dantesca,

desempolvar libros, papeles

memorias

y una cierta luz comienza

a poblar al ser.

Irse de casa

para derrocar

la inercia…

y acceder a deambular

por un derrotero

donde aún permanece

intacta

la pasión por la vida.

Irse de casa

para ya no estar sepulta

entre ruinas y fantasmas

liberar, liberar

esa materia del lenguaje

que al arder…

permite narrar

incluso

esos aconteceres

agrupados en

 

la dialéctica de la impaciencia.

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Leaving Home

Leaving home

leaving behind

a nightmare,

detaching from the Dantesque shadow,

dusting off books, papers,

memories

and a certain light begins

to inhabit being.

Leaving home

to do away with

inertia

where s passion for life

till remains

sintact     .

Leaving home

to be buried

among ruins and ghosts

to liberate, liberate

this matter of language

that on burning

allows the narration

even of

those events

grouped in

 

the dialectic of impatience.

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Manuel Kantor (1911-1983) Artista y judío-argentino/Argentine Jewish Artist — De Bahía, Brasil al barrio La Boca en Buenos Aires/From Bahia in Brazil to the Boca neighborhood in Buenos Aires

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Autorretrato del pintor
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Manuel Kantor

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 Manuel Kantor (1911- 1983), o “Menke”, ex jugador de voleibol que brilló en la Selección argentina y fue medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Seúl ’88. Nació en Buenos Aires en 1911, vivió también en Rîo de Janeiro y en Bahía, en Brasil, y murió en Jerusalén, en 1983. Fue un gran pintor, dibujante, retratista, caricaturista político y muralista que además hizo de sus viajes un estilo de vida nómade que contrastaba con su aspecto de dandy. El judaísmo siempre estuvo presente en la vida de Kantor, desde la ortodoxia de sus padres de origen ruso, quienes llegaron al país en 1906. Hizo el boceto para la composición del friso del mural de Tobías el Lechero, un relato popular de Scholem Aleijem, reconocido autor de la literatura idish. También hizo pinturas sobre Tel Aviv y Eilat, paisajes en el que el artista solía inspirarse durante su estadía en Israel.

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Manuel Kantor (1911- 1983), or “Menke”, a former volleyball player who shone in the Argentine National Team and won a bronze medal at the Seoul Olympics ’88. He was born in Buenos Aires in 1911, he also lived in Rio de Janeiro and Bahia, in Brazil, and died in Jerusalem, in 1983. He was a great painter, draftsman, portraitist, political cartoonist and muralist who also made his travels a style of nomadic life that contrasted with his dandy appearance. Judaism was always present in the life of Kantor, from the orthodoxy of his parents of Russian origin, who came to the country in 1906. He did a sketch for the composition of the frieze on the mural of Tobías el Lechero, a popular account of Scholem Aleichem, renowned author of Yiddish literature. He also did paintings about Tel Aviv and Eilat, landscapes that inspired the artist during his stay in Israel.

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Pinturas de Bahía,Brasil/Paintings of Bahia, Brazil

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Un lago en Brasil/A Lake in Brazil

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Pinturas de La Boca, una vecindad en Buenos Aires/Paintings of La Boca in Buenos Aires

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Caricaturas de los Nazis/Caricatures of the Nazis

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Libros de Manuel Kantor/Books by Manuel Kantor

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Mina Weil — Novelista y cuentista judío-italiana-argentina-israelí/Italian Argentine Israeli Novelist and Short-story Writer — “El último día”/”The Last Day” — fragmentos de la novela sobre la salida desde la Italia fascista/excerpts from the novel about an escape from Fascist Italy

MinaWeil
Mina Weil

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Mina Weil nació en Montefalcone, Italia en 1926. En 1936 a causa de la persecución fascista contra los judíos, su familia emigró a la Argentina. Con el esposo Alfredo, vivió un tiempo en Nueva York y en Londres. En Buenos Aires, nacieron sus cuatro hijos, plantó varios árboles y, ya en Israel donde se radicó a fines de 1989, escribió cuentos y esta novela. Fue la presidente de la Asociación Israelí de Escritores en Lengua Castellana, órgano representativo ante la Federación de Escritores de Israel.

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Mina Weil was born in Montefalcone, Italy in 1926. In 1936, due to Fascist persecution against the Jews, her family emigrated to Argentina. With husband Alfredo, she lived for a time in New York and London. In Buenos Aires, where her four children were born, she planted several trees and, then in Israel where she settled in late 1989, she wrote stories and this novel. She was the president of the Israeli Association of Writers in the Spanish Language, part of the Federation of Writers of Israel. _______________________________________________________________

De:/From:  Mina Weil. El último día. Buenos Aires: Acervo Cultural Editores. 1999.

Kindle

La nueva edición directamente del editorial

 

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         El último día       

Fatídico fue para los judíos de Italia el año 1938. La demencia hitleriana atravesó los Alpes. Sin encontrar obstáculo, anidó en el delirante del fascismo, dando publicamente a luz una Italia racista.

La judería italiana fue, a través de la palabra escrita, vapuleada, burlada, arrastrado, en el barro de la ignominia. La agresiones impresas se tornaron diarias.

Estábamos atrapados, zarandeados dentro de una burbuja que rodaba hacia destino ignota, se agrandaban y podía estallar en cualquier momento.

***

Esperábamos ansiosamente noticias de papá. Por razones obvias iba a escribir a casa de Norma. La carta llegó. Con su letra menuda y redonda papá había llenado varias hojas. Por unos días cambió el color de nuestra vida y se suavizó un poco el entrecejo de mamá,

“Buenos Aires es bellísima”, escribía. “Se respiraba libertad hasta por los poros. La gente es amable y aparentemente hay abundancia. En cualquier restaurante un pobre recibe, sin siquiera pedirlo, un plato grande de sopa y pan fresco. El pan es exquisito. Hay abundancia de trigo. Argentina es el granjero del mundo”. .

***

Ya no faltaba mucho tiempo. Teníamos fecha de partida. 12 de diciembre con vapor “Oceania”.

Mamá astutamente, hizo correr el rumor de que salíamos desde el puerto de Génova. El puerto era otro. Lo sabíamos solamente ella y yo.

Los días huyeron y robaron mi último octubre italiano.

***

Había estado guardado, durante años, en un estante del lavadero. Mamá sacó con mucho cuidado la funda empolvada de la pequeña y resquebrajada valija de cartón, reprimió un estornudo, y muy lentamente levantó la tapa.

Un talit con penetrante olor a lana vieja, gastado y amarillento.

Un Sidur de hojas tan delgadas que se hacían polvo al tocarlas.

Un Majzor un tanto en mejor estado.

El libro Der Judenstaat de Theodor Herzl y un enorme cantidad de folletos sionistas.

Un resto de vela de Havdalá envuelto en un pañuelo que alguna vez fue blanco.

Una gorra de gabardina gris con el forro deshecho.

–Es aquí donde guardó tu padre su sueño jaluziano.

Fue colocando cada cosa tal cual la había encontrado. Lo hizo con delicadeza con que se toca un flor que se va perdiendo sus pétalos.

–Espera aquí. Enseguida vuelvo—me dijo.

A los pocos minutos volvió con dos candelabros de plata que usábamos en Shabat y papel de diario.

Se arrodilló, arrugó un poco el papel. Envolvió cada candelabro con una hoja.

Eran las primeras páginas de las ediciones de la mañana de los diarios del 2 y del 3 de septiembre.

–No se darán cuenta que son los diarios que salieron con el decreta de las leyes raciales. ¡Hay que guardarlos! Será tu misión, Anna, mostrarles algún día a tus hijos Les contará—Sus ojos cálidos y acuosos se clavaron en los míos para grabar el mensaje.

–No se si tendremos la capacidad de perdonar. ¡Olvidar jamás!—pronunció este jamás con los dientes apretados y los puños cerrados.

Ersillia tenía razón cuando dijo: “Chiquita pero con la fuerza de un gigante”.

La bisagra chirrió. Cerró la valija. El clic de la cerradura oxidada guardó con el sueño de mi papá, también nuestra historia.

La envolvió en una toalla de lino blanca, como se viste un Séfer Torá. La colocó sobre la pila de sábanas y mantas—Aquí hay lugar para tu violín–dijo.

La tarea de empacar seguía. No había tiempo ni para lágrimas, ni para lamentos

***

Temido pero también ansiado, llegó el día. Bajamos las seis persianas del departamento. Seis ojos cerrados que no nos verían partir.

Recorrimos los amplios cuartos desiertos y fríos. Acariciamos sus paredes. Aspiramos por última vez su aire, para no olvidar el aroma. “Olerá a encierro si no lo habitan pronto”, pensé.

Ya íbamos a bajar cuando mamá de pronto, se golpeó la frente con una mano y exclamó: — ¡La Mezuza! ¡Casi la olvidamos!—Sacó de su cartera una pequeña lima de uñas. Forcejeando un poco logró sacar los dos clavitos. Fue un desgarro que sentimos en los más profundo. La mezuzá dejó su marca en la puerta de entrada. Será la señal que grite: “ Sépanse que aquí vivió un judío”.

Bajamos la escalera. Despacio, muy despacio, palpando la tersura de la vieja madera del pasamanos.

Las piernas parecen no responder a la orden de marcha.

La cuerda que nos ata se estira. . .no se rompe todavía.

Una tijera invisible logra finalmente cortarla.

Los pies parecen ahora más livianos. . .libres.

Una última mirada hacia atrás. La casa no se mueve, soy yo la que se aleja.

La ciudad se esfuma. Ya es recuerdo de mañana.

Estamos en el camino de montaña. Abajo está el mar. Trieste a la vista

***

Antes de subir a bordo, tuvimos que pasar por Aduana. Verificaron cuanto dinero llevábamos.

A mamá le hicieron pasar a una habitación que parecía un consultorio médico, y cerraron la puerta.

Me encontré sola, desamparada, frente a una mujerona de guardapolvo blanco, que sin decir una palabra, desabrochó mi abrigo. Me lo sacó con brusquedad.

Yo estaba asustadísima. Metió las manos en todos los bolsillos. Me hizo sacar los zapatos. Los revisó muy de cerca con sus ojos miopes. Me palpó por todos lados. No sé qué buscaba. Nada encontró. Me hizo abrir la boca y sacar la lengua. Se la saqué con fuerza y de buena gana.

–No me duele la garganta—le dije secamente.

–¿Tienes novio?

–No tengo—le contesté. No quise, pero me puse colorada.

–Está bien. . .cuando salga tu mamá, puedes irte.

Apretó mi brazo. Me detuvo—Un momento, señorita—dijo con su tono militar—no revisé tu carterita. ¿Qué hay aquí?  A ver. . . iba diciendo en voz alta lo que sacaba:  Pañuelo…lápiz, un libro de tapa roja. . . _–Lo abrió y preguntó con cierta ironía–: ¿Es chino?–¡No! Contesté enojada—es hebreo. Es mi Libro de Oraciones. ¡No lo toque!  ¡Démelo!—Me lo devolvió.

–Supongo que está bien –dijo, torció la boca. Dio media vuelta. Fue a controlar a otra jovencita, seguramente tan asustada como yo.

Mamá salió abotonando su vestido. Estaba lívida. Apretaba fuertemente los labios. Señal de que nunca contará.

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The Last Day

For the Jews of Italy, 1938 was a fateful year. The Hitlerian madness crossed the Alps. Without encountering any obstacle, it nested the deliria of Fascism, publicly giving birth to a racist Italy.

Through the written word, The Jews of Italy were, beaten up, made fun of, dragged through the mud of disgrace. The printed aggressions became daily events.

We were trapped, shaken within a bubble that rolled toward an unknown destiny, increased in size and could explode at any moment.

***

We anxiously awaited news about Papa. For obvious reasons, he was going to write to Norma’s house. The letter arrived. With his small and round handwriting, Papa had filled several pages. For a few days, the color of our lives changed and Mama’s brow softened.

“Buenos Aires is extremely beautiful”, he wrote. “You can smell freedom even through your pores. The people are friendly and apparently there is abundance. In every restaurant, a poor man, even without asking, is given a large bowl of soup and fresh bread. The bread is exquisite. There is an abundance of wheat. Argentina is the world’s farm. . .”

***

       There wasn’t much time. We had a departure date. December 12 with the steamship Oceania.

Astutely, Mama started the rumor that we were leaving from the port of Genova. The real port was different. Only she and I knew.

For years, it had been kept on a shelf of the sink. With great care, Mama took out the dust covered case of the small and cracked cardboard case, held back a sneeze, and slowly raised the cover.

A talit with a penetrating smell of old wool, worn out and yellowed

A Sidur with pages so thin that they turn to dust when touched.

A Machzor in a bit better condition.

A book Der Judenstaat by Theodor Herzl and an enormous quantity of Zionist pamphlets.

The remainder if a Havdalah candle wrapped in a handkerchief that once was white.

A gray gaberdine cap with its lining torn.

“Here he kept his Zionist pioneer dreams alive.”

She was placing each thing just as she had found it. She did it with the delicacy with which you touch a flower that is losing its petals.

“Wait her. I’ll be right back,” she told me.

A few minutes later, she returned with two candelabras that we used on Shabat and pieces of newspaper.

She kneeled down, crumpled a bit of paper. She wrapped each candelabra with a sheet.

They were the first pages of the morning editions of the newspapers for the second and third of September.

“They won’t notice that they are the newspapers that came out with the decree of the racial laws. We have to keep them! It will be your mission, Anna, to show them to your children. You will tell them your story—He warm and watery eyes fixed on mine to imprint the message.”

“I don’t know if we will have the capacity to forgive. To forget, never!—she pronounced this never with her teeth clenched and her fists held tightly.

Ersilla was right when she said: “ A little on but with the strength of a giant.”

The hinge squeaked. She closed the case. The click from the rusted lock kept not only my father’s dream, but also our history.

She wrapped it in a white linen towel, as you dress a Sefer Torah. She placed it on a pile of sheets and blankets—There is room here for your violin—she said. The chore of packing continued. There was no time for tears of laments.

Feared but also longed-for, the day arrived. We lowered the six blinds of the apartment. Six eyes close that would not see us leave.

We went through the ample rooms, now deserted and cold. We caressed the walls. We breathed in for the last time its air, so not to forget its aroma. “It will smell closed up, if they don’t soon live here.” I thought.

We were already going down, when, suddenly, Mama, hit her head with a hand and exclaimed: –The Mezuzah! We almost forgot it!—She took from her handbag a small nail file. By struggling a bit, she was able to remove the two little nails. It was a pain that we felt most profoundly. The mezuzah left its mark on the entry door. It will be the sign that yells out: “Know that a Jew lived her.”

We descended the stairs. Slowly, very slowly, touching the smoothness of the old wood of the handrails.

The legs seem not to respond to the order to march.

The cord that ties us, stretches. . . it doesn’t break yet.

An invisible scissors finally cut it,

The feet seemed lighter now. . .free.

A last look back. The house doesn’t move. I’m the one who leaves.

The city fades away,

We are on the mountain road. The sea is below. Trieste can be seen.

***

Before embarking, we had to go through Customs. The checked on how much money we were carrying.

They made Mama go to a room that looked like a doctor’s office, and they closed the door.

I found myself alone, defenseless, in front of a large woman wearing a white smock, who without saying a word, unfastened my coat. She quickly took it away from me.

I was very scared. She put her hands in every pocket. She made me take off my shoes. She checked them over very carefully with her nearsighted eyes. She touched me everywhere. I don’t know what she was looking for. She didn’t find anything. She made me open my mouth and stick out my tongue. I stuck it out forcefully and willingly.

“I don’t have a sore throat. I said to her dryly.”

“Do you have a boyfriend?”

“No, I don’t.” I didn’t want to, but I blushed.

“Okay, when your mother comes out, you can leave.” She squeezed my arm. She stopped me. “One moment, Miss,” she said with her military tone of voice, “I didn’t check your little handbag. What do we have here? Let’s see.” She repeated out loud each thing she took out: handkerchief, pencil, a book with a red cover. . .” She opened it and asked with a certain irony: “Is it Chinese? “No!” I answered angrily, “It’s Hebrew. It’s my Prayer Book. Don’t touch it! Give it to me!” She returned it to me.

“I suppose it’s alright,” she said. She twisted her mouth. She turned around. She went over to check another little girl, surely as frightened as I.

Mama came out, buttoning her dress. She was livid. She squeezed her lips together. Signal that she would never tell what had happened.

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Translated by Stephen A. Sadow

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Saúl Yurkievich (1931-2005) — Poeta judío-argentino-frances/ Argentine French Jewish Poet — “Ruido de fondo”/”Background Noise” Poesía Avante-Garde/Avant-Garde Poetry

 

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Saúl Yurkievcih

Saúl Yurkievich fue un poeta y crítico literario argentino. Nació en 1931 de una familia de inmigrantes judíos en La Plata, donde se educó y comenzó su carrera académica. En la década de 1950 se unió al movimiento de vanguardia en Buenos Aires. La carrera de Yurkievich comenzó como erudito y crítico de la literatura latinoamericana. Su primer trabajo publicado, Valoración de Vallejo (1958), lo convirtió en uno de los eruditos más rigurosos de la poesía de Vallejo y de la literatura latinoamericana en general. Tres años después, Yurkievich publicó su primera colección de poesía Volanda Linde Lumbre (1961). La mayor parte del trabajo de Yurkievich fue escrito en Francia, donde vivió desde 1968 trabajando como profesor de literatura latinoamericana en la Universidad de París VIII (Vincennes). En París mantuvo una fuerte amistad y vínculos literarios con escritores como Julio Cortázar, quien más tarde lo nombró su ejecutor literario. Yurkievich impartió cursos y seminarios sobre literatura latinoamericana en varias universidades estadounidenses, incluidas Harvard, Chicago, Columbia, Johns Hopkins, UCLA, Maryland y Pittsburgh.  Autor de una notable producción poética basada en el experimentalismo de la década de 1960, Yurkievich es conocido sobre todo por su vasta, lúcida y esclarecedora obra crítica, que lo convirtió en uno de los críticos literarios más conocidos del mundo de habla hispana.

Adaptado de: http://dla.library.upenn.edu/

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Saúl Yurkievich was an Argentine poet and literary critic. He was born in 1931 in a Jewish immigrant family in La Plata, where he was educated and began his academic career. In the 1950s he joined the avant-garde movement in Buenos Aires. Yurkievich career started as a scholar and critic of Latin American literature. His first published work, Valoración de Vallejo (1958), made him one of the most rigorous scholars of Vallejo’s poetry, and of Latin American literature in general. Three years later, Yurkievich published his first poetry collection Volanda Linde Lumbre (1961). Most of Yurkievich’s work was written in France, where he lived since 1968 working as professor of Latin American literature at the Université de Paris VIII (Vincennes). In Paris he maintained strong friendship and literary ties with writers such as Julio Cortázar, who later named him his literary executor. Yurkievich taught courses and seminars on Latin American literature in several American universities including Harvard, Chicago, Columbia, Johns Hopkins, UCLA, Maryland, and Pittsburgh. Author of a remarkable poetic production rooted in the experimentalism of the 1960s, Yurkievich is mostly renowned for his vast, lucid, and elucidating critical oeuvre, which turned him in one of the best known literary critics in the Spanish-speaking world.

Adapted from: http://dla.library.upenn.edu/


“Según Saúl Yurkievich, en poesía cada cosa cuenta, especialmente en su tipo de poesía, donde cada poema crea su propia forma, donde no tenemos un marco poético familiar. Cada aspecto visual y auditivo es parte de un diseño consciente: la disposición de las palabras en la página, la cadencia, el ritmo, el ritmo. . .calidades que asociamos con la música “.                                                                                   Cola Franzen, Traductora literaria

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“According to Saúl Yurkievich, in poetry everything counts, especially in his type of poetry, where every poem creates its own form, where we do not have a familiar poetic framework. Every visual and aural aspect is part of a conscious design: the arrangement of the words on the page, the cadence, the rhythm, the pace. . .qualities we associate with music.”                                                                                    Cola Franzen, Literary Translator

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De:/From: Saúl Yukievich. Background Noise/Ruido de fondo. trans. Cola Franzen. North Haven, CT,: Catbird Press, 2003.

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“Estamos y no estamos”

no estamos de visita

no paseamos

contemplando el espectáculo

por los simétricos senderos

de un jardín con estatuas

estamos en la caja

no hay tal

tampoco ha caja

en continente cambia

sin cesar

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“We are and We are Not”

we are not on a visit

we are not strolling

along symmetrical pathways

of a garden with statues

contemplating the scene

we are in a box

there is no such thing

there is also no box

the continent changes

ceaselessly

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“Tumbos y retumbos”

cuentas saco tantas

de todo lo perdido

y de mi mezcolanza

quito y agrego

como si el pasado

además de crecer

se pudiese remendar

negocio de cálculo

como si mi futuro

se dejas convencer

no hay abracadabras que valgan

ni llaves maestras

ni mecánica de precisión

para este flujo

que caracola

vaya a saber por dónde y hasta cuándo

que da vueltas carnero

en los trapecios

 

paren tus tumbos y retumbos

pequeño acróbata

ya has hecho de payaso y domador

los relectores iluminan

lo alto de la carpa

redoblan los tambores

viene el salto mortal

cuidado

no te caigas

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“Tumbles and Rumbles”

so many accounts I count up

of all my losses

and all my muddles

subtracting and adding

as if the past

in addition to increasing

were able to correct

as if my present were

a matter of calculation

as if my future

would let itself be proved

there are abracadabras that work

no master keys

no precision instruments

for this flux

that zigzags

who knows how far and how long

that keeps cutting cappers

on the trapeze

 

stop your tumbles and rumbles

little acrobat

you’ve already played clown and lion tamer

spotlights illuminate

the top of the tent

drums roll

here comes the somersault

be careful

don’t fall

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“Ruido de fondo”  —

fragmento de un poema largo

Tiniebla   turbia    turba    turbulencia

ruido de fondo

aborrasca el arrebozo

de vozarrones insensatos

no voz    ronquera    áfona    afonda

gritería    chilla    el ululato   brama

sombra de enjambres  nubarrada

nubarrones             sin contorno     sin confín

masa de densifica

furor fusor                                subebaja

 

masa que rarifica

entrevero de meteoros

ras con ras metralla

rebumba         el rebujo reburuja        burbujeo

descarga                       desgaja       descuajo

metrorragia          tórrida

en el maremagno

rincones        repartimientos      reparos

repetitivos                     repica

tanto cuanto           tanto cuanto

compás                     síncopa

tasa   meta   marca  marco

borne  borde mito coto

tenue sincronía

contra el gran barullo

contra la turbonada

tiempo orbital

eclipses      elipses   orbes

acompasan

los relojeros

reglan su según y su conforme

mundo péndola

polo           cristal       planeta

rara        cresta                   quieta  oasis  de mesura

en la desmesura

puntos suspensivos              esporas

en el marasmo

detenimientos                      tildes

en el revolvimiento

en la total errancia

el desorden precede el orden

y sólo aquello es real

gran número

lo interminable precede a la limitación

y sólo aquello es real

a la batiente

batiburro         farrago    frangola del fondo

bate batuca

(agítese antes de usar)                          batifondo

sin ley     sin firma         sin forma

sin batuta      turba

turba vociferante

en el comienzo de la tempestad

rotura

la diseminación viral

caja negra         opacidad

del desperdigamento

 

indiferenciable      agregación              rejunte miríadas         profusas

conglomenderándose

desbaratándose

la probabilidad infinita del desorden

(10 páginas más de texto)

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“Background Noise”

excerpt from a long poem

tenebrous   turbid   turmoil   turbulence

background noise

swarming storms

of senseless boomings

no voice    rasps        astounds        founders

outcry    shrieks          clamor         howls

shadow of beclouded  clusters

storm clouds      without contours     without confines

mass that densifies

fusing fervor                                 seesaw

mass that rarifies

mishmash of meteors

scoriae side by side

booms    bundles bundle up     bubbling

discharges                    detaches           dissolves

torrid                metrorrhagias

in the commotion

retreats               rations                remarks

replicas                    repeat

as long as                as along as

tempo                            syncope

rate  aim      mark   mold

cusp borne myth bound

tenuous synchrony

against the great uproar

against the thunder squall

orbital time

eclipses   elipses   orbs

the clockmakers

regulate their just so and their exactly

pendulum world

pole            crystal     planet

rare       crest                still  oasis          of quiet

in the disquiet

suspension points               spores

in the morass

stops                                    jots

in the upheaval

in the whole errancy

disorder precedes order

and only that is real

great number                                            cloud number

the innumerable precedes limitation

and only that is real

at the threshold

hodgepodge     farrago     background fracas

raucus ruckus

(shake well before using)                                  bedlam

lawless       nameless           shapeless

without baton   tumult

vociferous tumult

in the beginning is the tempest

rupture

viral dissemination

black box    opacity

of dispersion

undifferentiated              aggregate          join

profuse                 myriads conglomerating

squandering

infinite probability of disorder

(10 more pages of text)

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“Verbal”

mi verbo es mundo

mi verbo es mi mundo

mi verbo no es todo mi mundo

mi verbo no es todo el mundo

todos los verbos no son todo el mundo

el mundo es mi verbo más los verbos

más todo lo que nos mi verbo ni mis verbos

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“Verbal”

my word is world

my world is my world

my word is no all my world

my word is not all the world

all the words are not all the world

the world is my word plus the words

plus all plus all that is not my word or the words

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Translations by Cola Franzen

 

 

 

Enrique Amster — Novelista judío-argentino/Argentine Jewish Novelist” — “Marcela y Judith” — una novela de amor e identidad en Israel y Argentina/A Novel of Love and Identity in Israel and Argentina — fragmento/excerpt

 

Ralesky
Enrique Amster

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Enrique Amster nació en la provincia de Entre Ríos y reside en la Capital desde los nueve años de edad. Estudió construcciones en una escuela industrial y luego arquitectura en la Universidad de Buenos Aires. En tanto desarrollaba su actividad profesional diseñando inmuebles para vivienda, realizó estudios de postgrado en planificación física y regional. Participó en equipos interdisciplinarios públicos y privados, formulando diversas propuestas de ordenamiento urbano especialmente en sectores de tránsito y transporte. Su vocación literaria se fue manifestando de a poco entre otros intentos expresivos: el dibujo y la pintura. Es a partir de la práctica en seminarios de periodismo y en talleres literarios, que la escritura fue elegida finalmente como el medio idóneo que le permitiera decodificar los mensajes ocultos en su mundo interior. Ha publicado narrativa en antologías y una novela, Marcela y Judith, 1999 Retumbar de trenes, 1999.

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Enrique Amster was born in the province of Entre Ríos and has lived in the Buenos Aires since he was nine years old. He studied construction at an industrial school and then architecture at the University of Buenos Aires. While developing his professional skills, designing real estate for housing, he completed postgraduate studies in physical and regional planning. He participated in public and private interdisciplinary teams, formulating various proposals for urban planning, especially in the transit and transport sectors. His literary vocation was gradually developed, while attempting other expressive areas: drawing and painting. From practice in journalism, seminars and literary workshops, he finally chose writing as the ideal medium that would allow him to decode the hidden messages in his inner world. He has published a narrative in anthologies and a novel, two novels Marcela and Judith, in 1999 and Retumbar de trenes. 1999.

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“Marcela y Judith”

fragmento de la novela

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¿José Luis?

No negaré que muchas veces tuve la tentación de llamarlo, buscarlo, saber algo de él, escribirle, pero nunca lo hice: no pude. En el diario le destinaba, cada tanto, páginas enteras. Reconocía todo lo que había influido en mí, provocando los cambios que vendrían después; le adjudicaba haber desencadenado un severo auto-cuestionamiento de la identidad, lo cual me permitió descubrir en mí un sentido de pertenencia a la cultura argentina que ignoraba poseer.

Y por encima de todo eso, ha sido José Luis quien me ayudó a correr los velos de una sensualidad oculta detrás de mandatos y preceptos programados, organizados desde mi nacimiento o, quizá, antes. Pensaba en José Luis e imaginaba que ya se había desvinculado afectivamente de mí.  Que todo había pasado. Que este “episodio” que vivimos fue definitiva y como yo lo sentí por aquel entonces, eso mismo, un episodio, u a pasión fugaz, producto de la excitación de mi partida. Se habrá mudado—pensaba—y vivirá con una pareja ya no en el desvencijado estudio de la calle Montevideo sino en alguno otro sitio de la ciudad: San Telmo o el Abasto o Balvanera.

Ya hacia tiempo que, en la Argentina, Carvallo había asumido como ministro de Economía y, en el puesto de canciller, Menem había nombrado a Di Tella. A estos cambios correspondía una serie de medidas enmarcadas, todas dentro de un ordenamiento que se conoció bajo la denominación de convertibilidad. Fui enterándome de los cambios que se producían a través de los diarios especializados que volví a consultar en forma periódica: estabilización y creciente inversión en las actividades económicas aunque con aumento de desocupación, consecuencia del ajuste fiscal, la privatizaciones y, en general, el achicamiento del estado.

Más allá de mi desconfianza y escepticismo hacia el peronismo y en especial hacia Menem, las medidas me parecían auspiciosas; no dejaba de asombrarme que se pudieran implementar en la democracia. Hubiera corrido, de ser posible, a comentar, debatir todos estos cambios con José Luis; le exigiría cómo justificaba que un gobierno justicialista llevara adelante una transformación tan profunda, y además mediante instrumentos de inequívoco liberal.

El distanciamiento físico de Marcos fue dándose en forma natural. Sin embargo, no tenía (Marcos tampoco) el coraje suficiente de dormir en camas separadas. Por otra parte, los viajes de Marcos eran bastante continuados. De una u otra forma, todo contribuía a que el deseo fuera apagándose por completo. En algún momento supuse que Marcos podía llegar a tener relaciones con otra mujer y esto—que en otros tiempos no era capaz de imaginar siquiera—me parecía razonable, comprensible. Y otra vez, como ya me había sucedido dos años atrás, me fui deponiendo de a una nueva despedida. Era como si debiera inexorablemente y, por mi condición de judía, experimentar el padecimiento de exilio y la errancia. Y para colmo, en mi caso, llevando a cuestas la culpa y además la duda provocada por el interrogante que había crecido en forma obsesiva dentro de mí: ¿cuál será en realidad, y por fin,  mi tierra prometida?

Me despedí de Massada y de Safed. Saludé a Tiberíades, y recorrí, una vez más la ruta perimetral al Mar de Galilea. Lloré largamente junto al Muro Sagrado en Jerusalén, y me dejó llevar por mis pasos a la ciudadela de David y Mea Sharim y los museos. Vagué días enteros por los serpenteantes callejuelas de Yaffo, de Haifa, de Akko. . .

Fuimos ajustando los detalles del viaje en función del reingreso de Laura a sus clases en su colegio secundario. Mi padre, Elías y Rosa—la hermana de Marcos—habrían de ocuparse de todo lo necesario para nuestra reinserción en Buenos Aires.

A todo esto, y en tanto yo me sumergía en mi nuevo proyecto de retorno, Marcos se afirmaba cada vez más en sus actividades. Fue nombrado delegado político del kibutz ante la central con su sede en Tel Aviv. Claudia, asimismo, militaba en grupos juveniles y le asignaban tareas de responsabilidad cada vez mayores. Proyectaba, también, ingresar a la universidad para estudiar alguna de las carreras de ciencias sociales.                                 El 21 de diciembre de 1991 sería la fecha en que Laura y yo partiríamos desde el aeropuerto Ben Gurion hacia Buenos Aires. Habíamos dispuesto una fecha antes del fin de año, de común acuerdo con Marcos, para evitar la celebración forzada e inevitablemente dolorosa. Por motivos parecidos rechacé toda propuesta de despidida por parte de los amigos del kibutz.

No todos, por cierto, aprobaban mi determinación: algunos pocos ensayaban actividades comprensivas. Las charlas que tuve en esos días me retrotraían a las que solíamos tener en los grupos de estudio de la Hebraica.

Allí se enfatizaba la idea de que el sionismo merece una entrega total y nos coloca por encima de intereses individuales. Y yo estaba actuando a la inversa: claudicaba, desertaba, “descendía”. . . Lo único que tenía que oponer era el duro conflicto por el que atravesaba y que enfermada a Laura y me pose a las puertas de que me sucediera lo mismo. ¿Sería eso, acaso, a la causa sionista? ¿Había que pagar un precio tan alto?

Por supuesto que no iba a encontrar respuestas a esos interrogantes. Además, sabía—por aquella voltereta jasídica—que “las respuestas certeras clausuran la posibilidad de seguir formulando nuevas preguntas”. Era consciente que estaba desechando la idea nuclear del sionismo pero, de ninguna manera, desertaba mi condición de judía.

–Aquí, y por más que hay conflictos con nuestros vecinos, nunca te van a gritar: ¡judía de mierda! – argumentaban algunas.

Y también eso era cierto. Pero tampoco esa sola razón, a moda de respuesta o justificación, clausuraba nuevas preguntas:  ¿Deben los judíos, en un mundo que marcha velozmente hacia la globalización, persistir en el modelo tradicional del ghetto?  ¿Deben encerrarse en sus recintos por temor a perder la identidad?

Yo había participado en mil debates sobre estos temas. La ecuación sionismo y/o judaísmo fue desde mi niñez, un problema siempre a resolver en el futuro. Mi formación estuvo orientada hacia el rechazo de las ideas aperturistas quizá como lógica prolongación de las ideas cimentadas en los duros tiempos previos al establecimiento del estado judío.

Mi diario, en cierto aspecto, no es otra cosa que un itinerario de transgresiones y rebeldías. Al releerlo suelo preguntarme:  ¿cuál de las Marcelas escribió ese diario? Pero, sin embargo, en medio de dudas e interrogantes, algo estaba gestando e iba teniendo carácter de permanente. Y se trababa de ciertos aspectos de mi identidad cuyo perfil ya no podría prescindir—estaba comprobado—de las nutrientes argentinas.

Todos mis antepasados familiares se vieron obligados—no pudieron elegir—a cortar abruptamente sus raíces. Ya habían cruzado y recruzado el Atlántico, abandonando culturas, lenguajes, llenándose de nostalgias con cada partida. Fueron dejando paisajes, idiomas y canciones de Europa o el Oriente, para interrumpir en el campo entrerriano o en el conventillo urbano de Once o de Barracas, y después hacer, otra vez, sus valijas y volver a cruzar el mar, resignando nuevas culturas, nuevos afectos, en procura de esa, tan supuesta, tan deseada, tierra prometida. Porque desde el nacimiento mismo de ese pueblo se viene asignando la consigna, “El año que viene en Jerusalén. . .”

Y cada mudanza implicaba una penosa amputación como un cuerpo que va dejando jirones a su paso.

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“Marcela y Judith”

an excerpt from the novel

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José Luis?

I won’t deny that I have often had the temptation to call him, search for him, know something about him, write him, but I never did it: I couldn’t. Every so often, I devoted entire pages of my diary to him. I recognized how much he had influenced me, provoking the changes that would come later on; I conceded to him that he had unleashed a severe self-questioning of my identity, which, permitted me a sense of belonging to Argentinean culture that I didn’t know that I possessed.

And on top of all that, it has been José Luis who helped me take off those veils of a sensuality hidden under mandates and precepts, programmed since my birth, or perhaps, before. I thought about José Luis, and I imagined that he had already left behind his feelings for me. That everything had ended. That this “episode” that we lived was definitive, and just as I felt at that time, that’s it, an episode or a fleeting passion, product of the excitement of my leaving. He would have moved—I thought—and would be living with a partner, no longer in that beat-up studio on Montevideo Street, but in another place in the city: San Telmo or El Abasto or Balvane

It had been some time since, in Argentina, Carvallo had become Economics Minister and, as Secretary of State, Menem had named Di Tella. To these changes, corresponded a series of specific changes, all within a system that was known by the name convertibility. I was keeping up to date through specialized newspapers that I once again consulted periodically: stabilization and growing investment in economic activities, although with an increase in unemployment, the consequence of the fiscal adjustments, privatization and, in general, the shrinking of the state.

Despite my lack of confidence and skepticism toward Peronism and especially toward Menem, the measures seemed auspicious to me: it didn’t cease amazing me that they could be implemented by a democracy. I would have run, if it were possible, to comment, debate all these changes with José Luis: I would insist that he justify how a Justicialist government could carry out a such a profound transformation, and more so, by using unequivocally liberal instruments.

The physical distancing from Marcos was happening in a natural way. Nevertheless, I didn’t have enough courage (neither did Marcos) to sleep in separate beds. Besides, Marcos’ trips were quite constant. In one or another manner, everything contributed to desire disappearing completely. At one point, I supposed that Marcos could have gone as far as having relations with another woman and this—that in other times I wasn’t even capable of imagining—seemed to me to be reasonable, understandable. And another time, as had happened to me two years earlier, I was getting ready for a new goodbye. It was if I inexorably must and, for my condition as a Jew, experience the suffering of exile and wandering. And on top of that, in my case, carrying with me the guilt and also the doubt provoked by the questioning provoked by the questioning that had grown in me in an obsessive way: which will be in reality, and finally, my promised land?

We were arranging the details of the trip with regard to Laura return to her classes in her high school. My father, Elías and Rosa—Marcos’ sister—would have to take care of everything necessary for our reinsertion into Buenos Aires.

With all this, and as I submerged myself in my new project of return, Marcos involved himself more and more in his activities. He was named political delegate of the kibbutz to the central committee with its headquarters in Tel Aviv. Claudia, likewise, was active in youth groups and they assigned her tasks with more and more responsibility. She planned, also, to enroll in the university to study one of the majors in social sciences.

December 21, 1991 would be the date in which Laura and I would leave from Ben Gurion Airport for Buenos Aires. We had chosen a date before the first of the year, in agreement with Marcos, to avoid the forces and inevitably painful celebration. For similar reasons, I refused any proposal of a goodbye from the kibbutz friends.

Not everyone, of course, approved my choice: a few tried extensive activity. The chats that I had in those days brought me back to those that we used to have in the study groups of la Hebraica. There, they emphasized that  idea that Zionism required a complete commitment and we put ourselves above our individual interests. And I was acting in the reverse direction: I was throwing in the towel, deserting, “descending”. . . The only thing that I had to oppose was the harsh conflict that passed through and sickened Laura and put me at the point that the same thing could happen to me. Would it be that, perhaps, the Zionist cause? Did the price have to be so high?

Of course, I wasn’t going to find answers to those unanswered questions. Moreover, I knew that—by that Hassidic mindbender—that the sure answer to close off the possibility to continue formulating new questions.” I was conscient that I was throwing out the nuclear idea of Zionism, but, in no way, deserting my identification as a Jew.

“Here, and except that there are conflicts with out neighbors, they will never yell at you: “Shitty Jew!”

And that was true too. But not that reason alone, as an answer or a justification, closed off new questions. Should the Jews, in a world that was moving very fast toward globalization, persist in the traditional model of the ghetto? Should they lock themselves up in their enclosures for fear of losing their identity?

I had participated in a thousand debates about these topics. The equation: Zionism and/or Judaism was there since my childhood, a problem to always be answered in the future. My formation was oriented toward the rejection of progressive ideas, perhaps as a logical prolongation of ideas based in the tough times before the establishment of the Jewish State.

My diary, in a certain way, is nothing but an itinerary of transgressions and rebellions. On re-reading it, I continue to ask myself: which of the Marcelas write that diary? But, however, in the midst of doubts and questions, something was gestating and taking on a permanent character. And it dealt with certain aspects of my identity, whose profile could no longer be gone without—it was proven—by Argentinean nutrients.

All my family ancestors saw themselves obliged—they couldn’t choose—to abruptly cut their roots. They had crossed and re-crossed the Atlantic, abandoning languages, cultures, filling themselves with nostalgia at every leaving. They were leaving behind landscapes, languages and songs of Europe and the Orient, to end up in the plains of Entre Ríos or a tenement in Once of Barracas, and after making up, once more their suitcases and cross the ocean again, giving up new cultures, new feelings, in search of that, so alleged, so desired, promised land. Because since the very birth of that country, they came singing the chant: “Next Year in Jerusalem. . .”

And every move implied a painful amputation as with a body that with leave pieces behind.

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También por/Also by Enrique Amster

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