Isabel Balla (1898-1980) — Novelista y poeta judío-húngara-argentina /Hungarian Argentine Jewish Novelist and Poet — ¡Vuelve a casa, Mabel!/ “Come home, Mabel!” — Cuento/Short-story

Isabel Balla

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Isabel Balla nació en Budapest, Hungría, en 1898. Su primer volumen de poesía, publicado en Hungría, irradiaba un sentimiento de amor y alegría de vivir. Ella y su esposo sobrevivieron al Holocausto que siguió en su país, pero muchos de los miembros de su familia fueron víctimas de la catástrofe, y esta tragedia alteró drásticamente el tono de su escritura. En 1954 se mudó con su esposo a Argentina, donde habían enviado a sus dos hijos. Allí se sumergió en numerosas actividades literarias y culturales y publicó obras tanto en español como en húngaro. Su poesía y artículos críticos aparecieron en Canadá e Israel, además de Argentina. In 1989, apareció her testimonial Avenida Jószef 79. She died in 1980.

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Isabel Balla was born in Budapest, Hungary, in 1898. Her first volume of poetry, published in Hungary, radiated a sense of love and joie de vivre. She and her husband survived the ensuing Holocaust in their country, but many of her family members were victims of the catastrophe, and this tragedy drastically altered the tone of her writing. In 1954 she moved with her husband to Argentina, where their two children had been sent. There she immersed herself in many literary and cultural activities and published works both in Spanish and Hungarian. Her poetry and critical articles appeared in Canada and Israel, as well as Argentina. In 1989 appeared her testimonial novel Avenida Jószef 79. She died in 1980.

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Cuento de:/Story from: Isabel Balla. Aaron, el flautista. Buenos Aires: Editorial Milá, 1992, 23-28.

“¡Vuelve a casa, Mabel!”

Querida Mabel:

         El tubo de ventilación de la chimenea está tapado, el humo invade la habitación y el aire se toma irrespirable. Si abro la ventana, entran las emanaciones de la fábrica acompañadas con el estruendo de las nuevas máquinas, Todo es desagradable pero ¡no has más remedio! Debo acostumbrarme y, además ¡estar contento! Vivo en un departamento, inmediato a la fábrica, que me corresponde por mi jubilación y ¡sobre todo! No pago alquiler.

         Me extraña que puedas permanecer tanto tiempo lejos y que la conciencia no te obligue a regresar a casa. Nadie te niega el derecho a dedicarte a la pintura, pero dejar la familia para buscar nuevos horizontes en un país lejano es una locura!

         Podrías pintar aquí. En Londres no todos los días hay niebla y, muchas veces, en las primeras horas de la tarde, se asoma el sol. Pienso que malgastas tu tiempo, y el dinero pues, que yo sepa, no has vendido no un solo cuadro.

         Jeff me roba en las cuentas de los gastos. ¡Sí, ya lo sé!, pero no pretenderías que me ocupe también de las compras. Me basta y sobra con el trabajo de la casa, no olvides que sufro de lumbago—todas las noches me pongo una bolsa de agua caliente.

         Tu hija me escribe muy raras veces. Cuando se digna hacerlo, alude sin disimulo que le gustaría recibir regalos. Tu hijo es tan irresponsable como siempre. ¿A quién saldrá?

         No me convence el argumento con el que pretendes justificar que te sacrificaste por la familia durante treinta años; que educaste a nuestros hijos y ahora quiere vivir tu propia vida; que tiene talento; que siempre quisiste pintar y nunca pudiste hacerlo. ¿Cómo puedes hablar así? ¿Cómo se te ocurrió abandonarme por un lumbago, con Jeff y los quehaceres de la casa? Me resigno: ¡pinta! Pero aquí, a pesar de que detesto el caballete manchado. ¿No ves que se rompe la simetría y trastorna el orden del living?

         Estoy asombrado. Encontré dos cuadros tuyos. Esas manchas que flotan, ¿Son pájaros? ¿Son pico y pluma? No hay precisión ni disciplina, todo es borroso e ininteligible. Muy tuyo. Pero no importa, pinta si quieres.

         Te declaro una vez más que no te doy el divorcio. Vuelve a casa, Mabel.

                                                                                          Jonathan

Querida Mabel:

         Ya sabes que “mamá” “mamita” y otras expresiones pueriles por es estilo están pasadas de mi. Te llamo por tu nombre, que no es feo.

         Nos va regular. Aquí llueve continuamente. Me vuelve loca con estos dos chicos malcriados que al estar encerrados en casa se ponen insoportables. Por supuesto, cuando el tiempo está bueno surgen otras dificultades. Las entradas de Henry son más bien modestas, no nos alcanza para pagar una niñera. ¡Vuelve a casa, Mabel! A la nuestra a París. Sé que papá te llama desde Londres, pero él no te necesita.

Jeff no ayuda, en tanto que yo tengo que arreglármelas sola, con dos niños que son uno demonios sin poder salir con Henry cuando la sirviente tiene franco. ¡Hay que quedarse en casa y aburrirse! Henry no hace más que aludir, no muy veladamente por cierto a ti; ¡otras abuelas son abnegadas y ayudan a criar a los nietos! Si debo ser sincera creo que no le falta razón. No tendrías que haber abandonado a tu hija por la manía de pintar.

         Ven, te esperamos. Te encontrarás bien con nosotros. Dormirás en el cuarto de los niños, y a la noche, cuando ellos descansan y nosotros salimos, podrás pintar. A propósito, ¿vendiste ya algún cuadro? ¿No te aburres sola todo el día, a orillas del mar? ¿Tienes compañía?

         Podrías aprovechar la mañana en la plaza con los chicos tejiendo pulóveres para ellos. Me ahorrarás un montón de dinero. Podrías, si quieres, ayudar en la cocina, cocinas bien cuando quieres. Nadie te va a obligar a acompañarnos a reuniones de gente joven si no tienes ganas o estás cansada. Otras madres tampoco salen con sus hijas casadas. Es lo normal, al fin y al cabo pertenecemos a generaciones diferentes. Pero con las cosas de la casa y con los hijos nos van a nos vamos a entender muy bien. Si quieres, podrás comer con los chicos. No será gran sacrificio,  se trata solo un par de años, mientras mis dos demonios van a la escuela.

         Henry te manda muchos saludos. Los niños siempre preguntan por ti. Un gran beso. Te lo pido otra vez, Mabel, cuanto antes!

                                                                                                                                                                 Carola.

   Nota: ¿Podrás traerme algunas corbatas italianas de seda, de colores vivos y con dibujos de moda?

Querida Mabel:

Conoces el clima de Escocia, y sabes que sufro de reuma. La casa siempre azotada, invierno y verano, por el viento que viene del mar. Mi salud ha empeorado y Mili está cada vez más sorda y vieja, aunque no tanto en verdad como yo. Pienso que sería mejor que volvieras al lado de tu anciana madre. Yo acompañé a la mía durante sus últimos años de vida y espero que hagas lo mismo tú, Mabel. Sabes muy bien que no puedo recurrir a mi nuera.

         Nadie ve con buenos ojos que hayas decidido vivir en Italia por tiempo indeterminado. Das motivo a murmuraciones y creen que estás al borde del divorcio. Ya sabes que me opongo categóricamente; perderías tu posición social. Los escoceses somos rígidos en este punto. Tu esposo sostiene la opinión correcta –la de la burguesía bien pensante-obligatoria por todos nosotros.

Tu abuela pintaba, pero sin dejar su casa, sin ostentación y con sentido práctico. Decoraba abanicos y bomboneras con dibujos de flores, árboles y animales. Podrías imitarla. Prometo no molestarte. Te entretendrías y podrías luego venderlos. Por cierto nos vendría muy bien, pues el dinero no nos sobra. Durante las tardes tibias podríamos tomar el té en el jardín, tejer… Ya casi no veo los puntos, ¡y tú tienes tanta habilidad! Un saco de lana bien abrigado, ¿no resulta hermosa la idea?

         Aquí hay personas interesantes con quienes compartir inquietudes, el viejo maestro, mis dos amigas, la profesora de dibujo. Es una mujer joven quien tal vez te pueda enseñar algo.

         Espero que estés bien. Avísame cuando llegas.

                                                                                                                                            Tu afectuosa madre

Nota:  Trae lana para tejer.

Mamá,

         Estoy en Los Ángeles con Deby. Estamos invitados a un paseo en el yate de Lorraine. Nos sentimos maravillosamente, sólo nos falta dinero. Deby pronto va a cumplir años y no tengo ni para comprarle un regalo. ¿Por qué no me mandas uno de tus cuadros, con un marco vistoso, para obsequiárselo?

         ¿Sabes que pensé, mamá? Que podrías venir a vivir aquí en Los Ángeles. El hotel, desde el que te escribo está buscando recepcionista. Eres la primera persona indicada para el puesto pues hablas varios idiomas y eres amable. Te aseguro que ganaría mucho con las propinas. Papá no tiene que saberlo. No la entendería, es una pieza de museo.

Es comprensible que no quieres volver a aquella cuenta, yo también estoy contenta de haberlo dejado, a pesar de que tener serios problemas económicos. Papá es tacaño, lo sabes mejor que yo, no me manda ni un centavo. En cambio, tú eres generosa, mamá. Si vinieras, Deby y yo tendríamos menos preocupaciones materiales. Incluso, podríamos vivir contigo en el hotel. No tendrías que dejar de pintar pues los días francos, a la orilla del mar- que tanto te gusta-trabajarías intensamente y no resulta improbable que entre los huéspedes consiguieras algunas compradores de tus obras.

         Sería tan lindo estar juntos, tener nuevamente un hogar. Todo volverá a estar en orden.

         Hasta que tú decidas, envíame un poco de dinero. Tu hijo que te extraña.

                                                                                                                                                     Edy

Nota: Inventé una variante con doble sacudida de rodillas para el twist, que está haciendo furor. Todo el mundo me aplaude en el bar. Vas a estar orgullosa de tu hijo.

         Sigo esperándola, Mabel:

         Toda mi vida ha sido una espera. Ya es tiempo de que se cuenta de que se debe a sí misma y a mí.

         No nos permitieron casarnos. ¡yo era un pintor pobre! Tuve que resignarme a que se casara a otro. Ahora que tus hijos son grandes, ¿Qué espera para venir a mi lado? Me prometió que cuando hubiera cumplido su misión, viviría tu propia vida. Pues, llegó el momento de consagrarse a tu talento y seguir su su propio camino, que conduce a mí.

         Viviríamos en esta aldea de pescadores a la orilla del fiorido. En ninguna parte del mundo se puede ver un panorama gris como aquí. El agua del fiordo, el cielo, el aire, el horizonte, el amanecer, el ocaso, son de un hermoso color gris que tiene mil matices lilas, azules y rosados. Quisiera captar todas las vibraciones y variedades de este increíble gris.

         Su estuviera conmigo, Mabel, estoy seguro de que sabría acertar con los tonos exactos de la luz del sol en el

paisaje frío y los matices secretos de este panorama atractivo y desconcertante. Si viene y se siena junto a mí, me devolverá el entusiasmo de la juventud. Mi pelo y mi barba son blancas, pero mi corazón es joven, porque la está esperando, Mabel.

         Deseo que sea mía del todo. Soy celoso hasta la pintura. No quisiera compartirla ni con sus cuadros. Pero podrá pintar mientras yo doy una vuelta por la aldea, Cuando vuelva, se sentará a mi lado y entonces por fin captaré los matices ocultos del gris que ahora se me escapan.

         ¿Verdad que no me dejara esperar más? ¡Su lugar está aquí!

         ¡Venga cuanto antes, Mabel!

                                                                                                                                              Norberto

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“Come home, Mabel!”

Dear Mabel.

The chimney’s ventilation pipe is clogged, the smoke invades the bedroom and makes the air unbreathable. If I open the window, the odors from the factory come in, which is accompanied by the racket from the new machines which is fitting for my retirement, and above all!  I don’t pay rent. Everything is unpleasant, but there is no choice. I have to get used to it, and beyond that, be content. I live in an apartment, right next to the factory, which is suitable my retirement, and above all, I don’t pay rent .

         It puzzles me that you can stay far away for so long, and that your conscience doesn’t oblige you to return home. No one denies you your right to dedicate yourself to painting, but to leave your family to seek new horizons in a distant country seems like madness!

         You can paint here. In London, the fog doesn’t come in every single day, and often in the early hours of the evening the sun shows itself. I think that you are wasting your time and money, since, as far as I know you haven’t sold a single picture.

Jeff uses expense records to steal from me. Yes, you know that already! But you wouldn’t expect that I also take on the shopping. The housework is enough for me, don’t forget that I suffer from lumbago—every night I put on a hot water bottle.

         Your daughter hardly ever writes me. When she deigns to do so, she alludes, without trying to hide it, that she would like me to send her presents. You daughter is as irresponsible as always. Who will she become?

         The argument that with which you try to justify yourself, that you sacrificed yourself for thirty years, that you educated our children, and that now you want to live your own life; that you have talent; that you always wanted to paint and you never could do it. How can you speak that way? How did it occur to you to abandon me with lumbago, with Jeff and the chores in the house? I give up: paint! Despite the fact that I detest the stains on the easel. Don’t you see that you break the symmetry and upset the order of the living room?

I am amazed. I found two of your paintings. Those stains that float, are they birds? Are they beak and feathers? There is no precision or discipline, everything is blurred and unintelligible. Very much yours. But it doesn’t matter, paint if you want.

         I declare once again that I will not give you a divorce. Come home, Mabel

                                                                                                                                                          Jonathan

Dear Mabel:

         You already know that “mama,” “dear mother” and other childish expressions like those are passé for me. I call you by your name, which isn’t unpleasant.

         We’re getting along reasonably well. Here it rains continually. I go crazy with these two spoiled boys who being kept in the house become unbearable. Of course, when the weather is good, other problems occur. Henry’s earnings are quite modest, they are not enough to pay a nanny. Come home, Mabel! To our place in Paris. I know that Papa calls you from London, but he doesn’t need you.

         Jeff doesn’t help , so that I have to arrange for things myself with tow boys who are devils without being able to go out with Henry when the maid has her day off. We have to stay at home and get bored! Henry, doesn’t do more than allude,, to you not very veiled way, certainly other grandmothers are selfless and help in bringing up their grandchildren! If I have to be sincere, I believe that you are not unreasonable. You wouldn’t have had to abandon your daughter for the mania for painting,

         Come, we’re waiting for you. You will find it good to be with us. You will sleep in the boy’s room, and at night when they rest and we go out, you could paint. By the way, have you sold a painting yet? Don’t you get bored, alone all day, at the sea shore? Do you have people to keep you company?

You could take advantage of the mornings in the plaza with the boys, knitting pullovers for them. You will save me a lot of money. You could, if you want to, help in the kitchen; you cook very well, when you want to. Nobody will oblige you to accompany us to parties with young people if you don’t want to or are tired. Other mothers don’t go out with their married daughters either. It’s normal, and, after all, we belong to different generations. But with the house and with the children we will understand each other very well. If you wish, you can eat with the children, it won’t be a great sacrifice, we’re only talking about a couple of years, while my demons go to school.

         Henry sends his regards. The kids always ask for you. A huge kiss. I ask you once again, Mabel, as soon as possible.

                                                                                                                                                            Carola

         Note: Could you bring me some Italian silk ties, with bright colors and stylish drawings.

Dear Mabel,

         You know the climate of Scotland, and you know that I suffer from rheumatism. The house always lashed, winter and summer, by the wind that comes from the sea. My health has gotten worse and Mili is more and more deaf and old, although truthfully not as bad as I am. I think that it would be better that you return to the side of your old mother. I accompanied mine during the last years of her life, and I hope you will do the same thing, Mabel. You know well that I can’t go to my daughter-in-law.

         No one views it well that you have decided to live in Italy for an indeterminate time. You give reason for gossip, and they believe that you are about to get a divorce. You know that I oppose it categorically; you would lose your social position. We Scots are rigid on this point. Your husband upholds the correct position—that of the sanctimonious bourgeoisie—obligatory for us.

Your grandmother painted, but without leaving her house, without ostentation and with practical sense. She decorated fans and candy boxes with pictures of flowers, trees and animals. You could follow her. I promise not to bother you. You will entertain yourself and you can then sell them. Certainly, it would help us a lot, as we don’t have enough money. During the warm afternoons, you could have tea in the garden, knit. . . I almost can’t see the stitches. And you have such an ability! A very warm woolen jacket, doesn’t the idea appeal to you?

         There are interesting people here with whom you can share inquisitiveness, the old teacher, my two friends, the drawing teacher. She is a young woman, who perhaps could teach you something.

I hope you are well. Let me know when you arrive.

                                                                                                                                  Your affectionate mother

Note: Bring wool for knitting.

Mama,

          I am in Los Angeles with Deby. We have been invited to an outing on Lorraine’s yacht. We feel marvelous, but we don’t have any money. Deby’s birthday is coming soon, and I don’t even have enough to buy her a gift. Why don’t you send me one of your paintings, with an attractive frame, to give to her? 

          You know what I was thinking, mama? That you would come to live here in Los Angeles. The hotel, from which I am writing you is looking for a receptionist. You are the first choice for the job, as you speak several languages and you are polite. I assure you that you would earn a lot from the tips. Papa doesn’t have to know about it. He wouldn’t understand it. He’s a museum piece.

          It’s understandable that you don’t want to return to that old story, I am also pleased to have left him, despite having serious economic problems, Papa is a cheapskate, you know that better than I, He doesn’t send me a cent. On the other hand, you are generous, mama. If you come, Deby and I would have fewer material worries. We even could live with you  in the hotel. You wouldn’t have to stop painting, since on your days off, at the seashore-that you like so much-you would work intensely, and it’s not unlikely that among the guests you find some buyers for your works. It would be so nice to be together, to have a home again. Everything will be in order again.

         Until you decide, send me a little money. Your daughter misses you.

                                                                                                                                               Edy

Note: I invented a new variation of the twist, with a double shake of the hips, that has created a furor. Everyone in the bar applauds me. You are going to be proud of your daughter

I continue waiting for you, Mabel:

         All of my life has been a wait.  It’s now time to say that which is owed to you yourself and to me.

         They didn’t permit us to get married. I was a poor painter! I had to resign myself to the fact that you would marry another.  Now that your children are grown, why wait to come to my side? You promised me that when you had completed your mission, you would live your own life. Well, the moment has arrived for you to dedicate yourself to your talent and follow your own path, which leads to me.

         We would live at the shore of a fiord. In nowhere in the world can you see a panorama of gray as here. The water of the fiord, the sky, the air, the horizon, the dawn, the sunset are of a beautiful color gray that has a thousand shades of lilacs, blues and pinks. You would wish to capture the vibrations and varieties of this incredible gray.

         If you were with me, Mabel, I’m sure that you would know how to get right the exact tones of the sunlight in the cold landscape and the secret shades of this attractive and disconcerting panorama. If you come and sit by my side, you will return to me the enthusiasm of my youth. My hair and beard are white, but my heart is young because I’m waiting for you, Mabel.

         I desire that you be completely mine. I’m jealous, even of you painting. I don’t want to share even you even with your pictures. But you could paint while I take a walk around the village. When I return, you will sit at my side and then, finally, I will capture the hidden shades of gray that now escape me.

         Truly, you won’t make me wait longer? You place is here!  

         Come immediately, Mabel! 

                             

Translated by Stephen A. Sadow

                                                                                                               

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